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Centro de Información de Micronutrientes

Calcio


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El calcio es el mineral más común en el cuerpo humano. Alrededor del 99% del calcio en el cuerpo se encuentra en huesos y dientes, mientras que el otro 1% se encuentra en la sangre y tejidos blandos. Los niveles de calcio en la sangre y en el líquido que rodea las células (fluido extracelular) deben mantenerse en un rango de concentración muy estrecho para el funcionamiento fisiológico normal. Las funciones fisiológicas del calcio son tan importantes para la sobrevivencia, que el cuerpo desmineralizará hueso para mantener niveles de calcio sanguíneo normales cuando la ingesta de calcio sea insuficiente. Por esta razón, el calcio dietético suficiente es un factor crítico en la mantención de un esqueleto sano (1).

Función

Estructura

El calcio es un elemento estructural fundamental en huesos y dientes. El componente mineral del hueso consiste principalmente de cristales de hidroxiapatita [Ca10(PO4)6(OH)2], los que contienen grandes cantidades de calcio y fosfato (2). El hueso es un tejido dinámico que se remodela a lo largo de la vida. Las células óseas llamadas osteoclastos comienzan el proceso de remodelación disolviendo o reabsorbiendo hueso. Luego las células formadoras de hueso denominadas osteoblastos sintetizan hueso nuevo para reemplazar el hueso que fue reabsorbido. Durante el crecimiento normal, la formación de hueso excede la reabsorción ósea. La osteoporosis podría ocurrir cuando la reabsorción ósea excede crónicamente la formación (1).

Señalización celular

El calcio juega un papel en la mediación de la constricción y relajación de los vasos sanguíneos (vasoconstricción y vasodilatación), la transmisión del impuso nervioso, la contracción muscular y la secreción de hormonas como la insulina (3). Las células excitables, como las musculares y las nerviosas, contienen canales de calcio voltaje-dependientes en sus membranas celulares que permiten cambios rápidos en las concentraciones de calcio. Por ejemplo, cuando una fibra muscular recibe un impulso nervioso que la estimula a contraerse, los canales de calcio en la membrana celular se abren para permitir el paso de algunos iones de calcio al interior de la célula muscular. Estos iones de calcio se unen a proteínas activadoras dentro de la célula, las que liberan un torrente de iones de calcio desde vesículas de almacenaje al interior de la célula. La unión del calcio a la proteína troponina-c, inicia una serie de pasos que conducen a la contracción del músculo. La unión del calcio a la proteína calmodulina, activa enzimas que degradan el glicógeno en el músculo para aportar energía a la contracción muscular (1).

Cofactor para enzimas y proteínas

El calcio es necesario para estabilizar a un conjunto de proteínas y enzimas, optimizando su actividad. La unión de iones de calcio es necesaria para la activación de siete factores de la coagulación "dependientes de vitamina K" en la cascada de la coagulación (véase vitamina K). El término, "cascada de la coagulación," hace referencia a una serie de eventos dependientes uno del otro, que detienen el sangrado a través de la formación de un coágulo (4).

Regulación de niveles de calcio

Las concentraciones de calcio en la sangre y en el líquido que rodea las células son controladas estrechamente para preservar la función fisiológica normal (diagrama). Cuando el calcio sanguíneo disminuye (e.g., en el caso de una ingesta de calcio insuficiente), las proteínas sensadoras de calcio en las glándulas paratiroideas envían señales que resultan en la secreción de la hormona paratoroidea (PTH) (5). La PTH estimula en los riñones la conversión de vitamina D a su forma activa, calcitriol. El calcitriol incrementa la absorción de calcio desde el intestino delgado. Junto a la PTH, el calcitriol estimula la liberación de calcio desde los huesos al activar osteoclastos (células de reabsorción ósea) y disminuye la excreción urinaria de calcio al incrementar su reabsorción en los riñones. Cuando el calcio sanguíneo se eleva sobre los niveles normales, la glándula paratiroídea deja de secretar PTH y los riñones comienzan a excretar en la orina cualquier exceso de calcio. Aunque este complejo sistema permite un rápido y estrecho control de los niveles de calcio sanguíneos, lo hace a expensas del esqueleto (1).

Deficiencia

Un bajo nivel de calcio sanguíneo usualmente implica una función paratiroidea anormal y éste rara vez se debe a una baja ingesta de calcio dietético, ya que el esqueleto aporta una gran reserva de calcio para mantener niveles sanguíneos normales. Otras causas de niveles de calcio sanguíneo anormalmente bajos incluyen falla renal crónica, deficiencia de vitamina D, y niveles bajos de magnesio sanguíneo, los que principalmente ocurren en casos de alcoholismo severo. La deficiencia de magnesio ocasiona una disminución de la sensibilidad de los osteoclastos a la PTH. Una baja ingesta de calcio crónica en individuos en crecimiento podría impedir la obtención de un nivel máximo óptimo de masa ósea. Una vez que se alcanza el máximo de masa ósea, la ingesta insuficiente podría contribuir a la pérdida ósea acelerada y en última instancia al desarrollo de osteoporosis (véase Prevención de Enfermedades) (1).

Interacción de nutrientes

Vitamina D

La vitamina D es necesaria para la absorción optima del calcio (véase Función o Vitamina D). Varios otros nutrientes (y no-nutrientes) influencian la retención de calcio por el cuerpo y podrían afectar el estado nutricional del calcio.

Sodio

La ingesta elevada de sodio resulta en pérdida incrementada de calcio en la orina, posiblemente debido a la competencia entre el sodio y el calcio por la reabsorción en el riñón o por un efecto del sodio sobre la secreción de la hormona paratiroidea (PTH). Se ha encontrado que cada incremento de 2.3-gramos de sodio (6 gramos de sal; sal de NaCl) excretado por el riñón en la orina, extrae de 24 a 40 miligramos (mg) de calcio. Debido a que las pérdidas urinarias representan aproximadamente la mitad de la diferencia en la retención de calcio entre los individuos, el sodio dietético tiene un gran potencial para influir en la pérdida ósea. En mujeres adultas, se proyecta que por cada gramo extra de sodio consumido al día se producirá una tasa adicional de pérdida ósea del 1% al año, si toda la pérdida de calcio proviene del esqueleto. Aunque los estudios en animales han demostrado que la pérdida ósea es mucho mayor con altas ingestas de sal, no se han realizado estudios clínicos controlados para confirmar la relación entre la ingesta de sal y la pérdida de hueso en humanos (1, 6). Sin embargo, un estudio de 2 años en mujeres post menopáusicas encontró que la excreción urinaria de sodio incrementada (un indicador de ingesta de sodio incrementada) estaba asociada con densidad mineral ósea (DMO) disminuida en la cadera (7). Adicionalmente, un estudio longitudinal en 40 mujeres post menopáusicas encontró que la adherencia a una dieta baja en sodio (2 gramos/día) por seis meses se asociaba con reducciones significativas en la excreción de sodio, en la excreción de calcio, y del propéptido aminoterminal del colágeno tipo I, un biomarcador de reabsorción ósea. No obstante, estas asociaciones sólo se observaron en mujeres con excreciones urinarias de sodios basales, iguales o mayores a 3.4 gramos/día (i.e., el promedio de ingesta de sodio para la población adulta de los EE.UU.) (8). Las diferencias raciales sobre los efectos del sodio dietético sobre el sodio urinario, y la excreción y retención de calcio, han sido reportadas en niñas adolescentes. Las niñas blancas excretan el sodio extra de una dieta alta en sal, mientras que las niñas negras dieron un balance de sodio positivo, el que resultó en una pérdida urinaria de calcio reducida en comparación a las niñas blancas (9).

Proteina

A medida que incrementa la ingesta de proteínas, la excreción urinaria de calcio también incrementa. La ingesta de calcio recomendada para la población de los EE.UU. es más alta que la de poblaciones de naciones menos industrializadas debido a que la ingesta de proteínas en los EE.UU. es generalmente más alta. La IRN de proteínas es de 46 gramos/día para mujeres adultas y de 56 gramos/día para hombres adultos; sin embargo, la ingesta promedio de proteínas en los EE.UU. tiende a ser más alta (65-70 gramos/día en mujeres adultas y 90-110 gramos al día en hombres adultos) (3). Recientemente, no se demostró que la economía total del calcio sea afectada por las proteínas de la dieta, en parte debido a los cambios compensatorios en la absorción del calcio (10). Se han asociado las ingesta insuficientes de proteínas con pobre retazaeración de fracturas osteoporóticas y se ha encontrado que los valores de albúmina sérica (un indicador del estado nutricional de las proteínas) se relacionan inversamente con el riesgo de fractura de cadera (3).

Fósforo

El fósforo, el que típicamente encontramos en alimentos ricos en proteínas, tiende a disminuir la excreción de calcio en la orina. Sin embargo, los alimentos ricos en fósforo tienden también a incrementar el contenido de calcio de las secreciones digestivas, resultando en una pérdida incrementada de calcio en las heces. Por lo tanto, el fósforo no compensa la pérdida neta de calcio asociada con la ingesta incrementada de proteínas (1). La ingesta aumentada de fósforo a partir de gaseosas y aditivos alimenticios ha causado preotazaación entre algunos investigadores respecto a las implicaciones para la salud ósea. Se ha encontrado que las dietas altas en fósforo y bajas en calcio incrementan la secreción de hormona paratiroidea (PTH), al igual que las dietas bajas en calcio (3, 6). Mientras que los efectos de las altas ingestas de fósforo sobre el balance del calcio y la salud ósea son actualmente poco claros, la sustitución de leche u otras fuentes de calcio dietético por grandes cantidades de gaseosas es causal de preotazaación con respecto a la salud ósea en adolescentes y adultos.

Cafeína

excreción de calcio urinario por un periodo de 24 horas en mujeres premenopáusicas en comparación a un placebo (11). Aunque un estudio basado en la observación encontró pérdida ósea incrementada en mujeres postmenopáusicas que consumieron menos de 744 mg de calcio al día y reportaron beber de 2 a 3 tazas de café a diario (12), un estudio más reciente que midió la ingesta de cafeína no encontró asociación entre la ingesta de cafeína y la pérdida de hueso en mujeres postmenopáusicas (13). En general, una taza de 8 onzas de café disminuye la retención de calcio sólo de 2 a 3 mg (1).

La Ingesta Recomendada de Nutrientes (IRN)

Recomendaciones actualizadas para la ingesta de calcio basadas en la optimización de la salud ósea fueron analizadas por la Junta de Nutrición y Alimentos del Instituto de Medicina en el 2010. La IRN para el calcio se muestra en la tabla siguiente según etapa de la vida y género.

Ingesta Recomendada de Nutrientes (IRN) para Calcio

Etapa de la Vida  Edad  Hombres
(mg/día) 
Mujeres
(mg/día) 
Infantes  0-6 meses 200 (IA 200 (IA) 
Infantes  6-12 meses  260 (IA)  260 (IA) 
Niños  1-3 años  700  700 
Niños 4-8 años  1,000  1,000 
Niños  9-13 años  1,300  1,300 
Adolescentes  14-18 años  1,300  1,300 
Adultos  19-50 años  1,000  1,000 
Adultos  51-70 años  1,000  1,200 
Adultos  71 años y más  1,200  1,200 
Embarazo  14-18 años 1,300 
Embarazo  19-50 años 1,000 
Amamantamientog  14-18 años 1,300 
Amamantamiento  19-50 años 1,000

 

Prevención de Enfermedades

Cáncer colorrectal

El cáncer colorrectal es el cáncer gastrointestinal más común y la segunda causa principal de muertes por cáncer en los EE.UU. El cáncer colorrectal es causado por una combinación de factores genéticos y ambientales, pero el grado en que estos dos tipos de factores influyen en el riesgo de cáncer de colon en las personas varía ampliamente. En individuos con poliposis adenomatosa familiar, se cree que la causa del cáncer es casi completamente genética, mientras que los factores dietéticos parecen influenciar el riesgo de otros tipos de cáncer de colon. Los estudios en animales respaldan fuertemente un rol protector del calcio en la prevención de cánceres intestinales (14). En humanos, los ensayos clínicos controlados han encontrado disminuciones modestas en la recurrencia de adenomas colorrectales (pólipos precancerosos) con la suplementación con calcio de 1,200-2,000 mg/día (15, 16), y un estudio reciente encontró que el efecto protector se extendía hasta cinco años después de terminada la intervención (17). Un análisis agrupado de diez estudios de cohorte prospectivo, que incluyó a 534,536 hombres y mujeres, encontró que aquellos en el quintil más alto de la ingesta de calcio (desde los alimentos) tenía un riesgo de cáncer colorrectal un 14% más bajo en comparación con aquellos en el quintil más bajo; la ingesta dietética de calcio varió de 674 a 1,051 mg/día en las diez cohortes (18). En este análisis agrupado, los individuos en el quintil más alto de ingesta total de calcio (desde alimentos y suplementos) tuvieron un riesgo de cáncer colorrectal un 22% más bajo. La ingesta diaria de calcio total en los estudios examinados varió de 732 a 1,087 mg. Sin embargo, la mayoría de los estudios prospectivos grandes, individualmente, reportaron que las ingestas de calcio incrementadas sólo se asocian débilmente con un riesgo disminuido de cáncer colorrectal. Estas asociaciones débiles podrían explicarse por la presencia de grupos dentro de la población que difieren en su respuesta al calcio. Por ejemplo, hay cierta evidencia de que los individuos con niveles circulantes aumentados de factor de crecimiento tipo insulina 1 (IGF-1), están en riesgo incrementado de cáncer colorrectal, y una ingesta de calcio aumentada podría beneficiar a este subgrupo más que a otros. Un estudio de caso y control de 511 hombres encontró que una ingesta de calcio incrementada se asociaba más fuertemente con un riesgo disminuido de cáncer colorrectal en hombres con niveles circulantes de IGF-1 más altos (19). Antes de sacar conclusiones, es necesaria más investigación para esclarecer si subgrupos específicos en la población general tienen requerimientos de calcio diferentes con respecto a la disminución del riesgo de cáncer colorrectal.

Osteoporosis

La osteoporosis es un trastorno esqueletal en el que se compromete la fuerza ósea, dando como resultado un riesgo de fractura incrementado. Sufrir una fractura de cadera es una de las consecuencias más serias de la osteoporosis. Casi un tercio de los que sufren fracturas osteoporóticas de cadera ingresan a casas de reposo al año siguiente de la fractura, y una de cada cinco personas muere dentro del año de sufrido una fractura osteoporótica de cadera. Aunque la osteoporosis se diagnostica más comúnmente en mujeres blancas postmenopáusicas, las mujeres de otros grupos raciales y edades, hombres, y niños podrían desarrollar también osteoporosis (20).

La osteoporosis es un trastorno multifactorial, y la nutrición es solamente uno de los factores contribuyentes a su desarrollo y progresión (2). Otros factores que incrementan el riesgo de desarrollar osteoporosis incluyen, pero sin limitarse, a la edad avanzada, el género femenino, la deficiencia de estrógeno, fumar, las enfermedades metabólicas (e.g., hipertiroidismo), y el uso de ciertos medicamentos (e.g., corticoesteroides y anticonvulsivantes). La predisposición a fractura osteoporótica se relaciona con el nivel máximo de masa ósea y con la tasa de pérdida ósea luego de haber alcanzado nivel máximo de masa ósea. Luego de alcanzada la altura adulta, el esqueleto continúa acumulando hueso hasta la tercera década de la vida. Los factores genéticos ejercen una fuerte influencia sobre el nivel máximo de masa ósea, pero los factores del estilo de vida también pueden jugar un papel significativo. Las estrategias para reducir el riesgo de fractura osteoporótica incluyen la obtención del nivel máximo de masa ósea y la reducción de la pérdida ósea con la edad. Aunque consistentemente se considera al calcio como el nutriente más importante para la obtención del nivel máximo de masa ósea y prevenir la osteoporosis, también es necesaria la ingesta adecuada de vitamina D para la óptima absorción del calcio (20).

El ejercicio físico es otro factor del estilo de vida beneficioso en la prevención de osteoporosis y fractura osteorporótica. Hay evidencia que sugiere que la actividad física a temprana edad contribuye a la obtención de niveles máximos de masa ósea más altos. El ejercicio en presencia de ingestas adecuadas de calcio y vitamina D probablemente tiene un efecto modesto en la disminución de la tasa de pérdida ósea con la edad. Una compilación de ensayos de calcio publicados, indicó que el efecto esqueletal beneficioso de la actividad física incrementada se alcanzaba sólo a ingestas de calcio superiores a 1,000 mg/día (21). El ejercicio de alto impacto y el ejercicio de resistencia (pesas) son probablemente los más beneficiosos para prevenir la pérdida ósea. Los ejercicios de menor impacto como caminar, nadar, y el ciclismo, tienen efectos beneficiosos sobre otros aspectos de la salud y la función, pero sus efectos sobre la pérdida ósea son mínimos. Sin embargo, el ejercicio a edad avanzada, incluso después de los 90 años de edad, todavía puede incrementar la fuerza y reducir la probabilidad de una caída, otro factor de riesgo importante de la fractura de cadera (20). Usualmente el calcio suplementario por sí solo no puede restaurar el hueso perdido en individuos con osteoporosis. No obstante, el tratamiento óptimo para la osteoporosis con cualquier terapia medicamentosa requiere también de una ingesta adecuada de calcio (1,200 mg/día) y de vitamina D (600 UI/día) (2, 20). Para mayor información acerca de la osteoporosis, visite el sitio web de la Fundación Nacional de Osteoporosis.

Cálculos renales

Aproximadamente el 12% de la población de los EE.UU. tendrá en algún momento cálculos renales. La mayoría de los cálculos renales están formados de oxalato de calcio o de fosfato de calcio. Aunque su causa es usualmente desconocida, el calcio urinario anormalmente elevado (hipercalciuria) incrementa el riesgo de desarrollar cálculos renales. Incrementar el calcio dietético incrementa levemente el calcio urinario, y el aumento es más pronunciado en aquellos con hipercalciuria. Sin embargo, se sabe que otros factores dietéticos como el sodio y las proteínas incrementan el calcio urinario (22, 23). Un estudio prospectivo grande que siguió a hombres por un periodo de 12 años encontró que la incidencia de cálculos renales sintomáticos era un 44% más baja en los hombres en el quintil (1/5) más alto de ingesta de calcio, promediando 1,326 mg/día, en comparación a los hombres en el quintil más bajo de ingesta de calcio, promediando 516 mg/día (24). Se observaron resultados similares en un estudio prospectivo grande de mujeres seguidas por 12 años (25). Un análisis de seguimiento de 14 años del estudio en hombres reportó que la ingesta de calcio estaba relacionada con un riesgo más bajo de cálculos renales en aquellos con menos de 60 años de edad, pero no en hombres mayores a 60 años (26). Además, un estudio prospectivo en una cohorte de 96,245 mujeres más jóvenes, entre 27 y 44 años de edad, encontró que las ingestas más altas de calcio dietético se asociaban con un riesgo más bajo de cálculos renales (27). Los autores de estos dos estudios sugieren que el calcio dietético incrementado podría inhibir la absorción del oxalato dietético y reducir el oxalato urinario, un factor de riesgo para cálculos de oxalato de calcio. El respaldo para esta idea proviene de un estudio en el que las personas ingirieron oxalato con y sin calcio suplementario (28). La administración de 200 mg de calcio elemental junto con oxalato, redujo significativamente tanto la absorción como la excreción de oxalato.

Aunque a los formadores de cálculos de calcio se les ha aconsejado en el pasado restringir la ingesta de calcio, un estudio de corte transversal de 282 pacientes con cálculos de oxalato de calcio, encontró que la sal de la dieta, medida a través de la excreción de sodio urinario, era el factor dietético más fuertemente asociado con la excreción urinaria de calcio (29). Un estudio de 85 pacientes formadores de cálculos de calcio encontró que aquellos con baja densidad mineral ósea, eran significativamente más propensos a tener ingestas altas de sal y alta excreción de sodio urinario, llevando a los autores a sugerir que la ingesta reducida de sal debería recomendarse a los pacientes formadores de cálculos de calcio (30). Los hallazgos de que los pacientes formadores de cálculos de calcio con ingestas de calcio más bajas son más propensos a tener una densidad mineral ósea disminuida, pone también en duda el uso terapéutico de la restricción de calcio dietético. En la actualidad, el único cambio dietético demostrado efectivo en la reducción de la recurrencia de cálculos renales es el aumento en la ingesta de fluidos. Sin embargo, un ensayo reciente, aleatorizado, de doble ciego y controlado con placebo en 36,282 mujeres postmenopáusicas, reportó que una combinación de calcio (1,000 mg/día) y vitamina D (400 UI/día) suplementarios se asoció con un riesgo significativamente incrementado de cálculos renales. Más ensayos controlados son necesarios para determinar si el calcio suplementario influye en el desarrollo de cálculos renales (31).

Hipertensión inducida por embarazo (preeclampsia)

La hipertensión inducida por embarazo (HIE) ocurre en el 10% de los embarazos y es un riesgo de salud importante para las mujeres embarazadas y su descendencia. La HIE es un término que incluye la hipertensión gestacional, la preeclampsia y la eclampsia. La hipertensión gestacional se define como una presión sanguínea anormalmente alta que usualmente se desarrolla después de la 20a semana de embarazo. Además de la hipertensión gestacional, la preeclampsia incluye el desarrollo de edema (hinchazón severa) y proteinuria (proteínas en la orina). La preeclampsia puede progresar a eclampsia (también denominada toxemia) en donde pueden producirse convulsiones potencialmente mortales y coma (32). Aunque la causa de la HIE no se comprende completamente, el metabolismo del calcio parece estar involucrado. Los factores de riesgo para la HIE incluyen primer embarazo, gestaciones múltiples (e.g., mellizos o trillizos), presión sanguínea alta crónica, diabetes, y algunas enfermedades autoinmunes. La información proveniente de estudios epidemiológicos sugiere una relación inversa entre la ingesta de calcio y la incidencia de HIE, pero los resultados de investigación experimental sobre la suplementación con calcio y la HIE han sido menos claros. Una revisión sistemática de estudios aleatorizados controlados con placebo encontró que la suplementación con calcio redujo la incidencia de presión sanguínea alta en mujeres embarazadas en riesgo de HIE, así como en mujeres embarazadas con baja ingesta de calcio dietético. Sin embargo, en mujeres en bajo riesgo de HIE y con una ingesta de calcio adecuada el beneficio de la suplementación con calcio se consideró pequeño y con poca probabilidad de ser clínicamente significativo (33). Un ensayo clínico multi-centro grande de Calcio para la Prevención de Preeclampsia (CPPE) en más de 4,500 mujeres embarazadas, no encontró ningún efecto sobre la HIE con 2,000 mg de calcio suplementario. Sin embargo, Las mujeres en el grupo placebo tuvieron una ingesta promedio de 980 mg/día, mientras que aquellas en el grupo con suplementación tuvieron una ingesta promedio de 2,300 mg/día (34). Para la población general, alcanzar las actuales recomendaciones para la ingesta de calcio durante el embarazo puede ayudar a prevenir la HIE. Para determinar si las mujeres en alto riesgo de HIE se beneficiarían de una suplementación con calcio por sobre las recomendaciones vigentes es necesaria más investigación.

Toxicidad por plomo

Lo niños expuestos crónicamente al plomo, incluso en pequeñas cantidades, son más propensos a sufrir de problemas de aprendizaje, problemas conductuales, y a tener bajo CI. Se puede producir crecimiento y desarrollo neurológico anormales en los infantes de mujeres expuestas al plomo durante el embarazo. En adultos, la toxicidad por plomo puede resultar en daño renal y presión sanguínea alta. Aunque en EE.UU. se ha descontinuado el uso de pinturas y gasolinas con plomo, la toxicidad por plomo continúa siendo un problema de salud significativo, especialmente en niños que viven en áreas urbanas. Un estudio en más de 300 niños en un vecindario urbano encontró que el 49% de los niños entre 1 y 8 años de edad tenían niveles de plomo sanguíneo sobre las pautas actuales, indicando exposición excesiva al plomo. En este estudio, solo el 59% de los niños entre 1 y 3 años y el 41% de los niños entre 4 y 8 años tenían ingestas de calcio que alcanzaban los niveles recomendados (35). La ingesta adecuada de calcio podría ser un protector en contra de la toxicidad por plomo en al menos dos formas. Se sabe que la ingesta dietética de calcio aumentada, disminuye la absorción gastrointestinal del plomo. Una vez que el plomo entra en el cuerpo tiende a acumularse en el esqueleto, donde puede permanecer por más de 20 años. La ingesta de calcio adecuada también previene de la exposición al plomo liberado desde el esqueleto durante la desmineralización ósea. Un estudio reciente de niveles de plomo sanguíneo durante el embarazo, encontró que las mujeres con ingestas de calcio insuficientes durante la segunda mitad del embarazo eran más propensas a tener niveles elevados de plomo sanguíneo, probablemente relacionado al incremento de la desmineralización ósea y con la liberación a la sangre del plomo acumulado (36). El plomo en la sangre de una mujer embarazada es fácilmente transportado a través de la placenta resultando en exposición del feto al plomo en un momento en que el sistema nervioso en desarrollo es altamente vulnerable. Además, en las mujeres postmenopáusicas, se ha asociado a la ingesta incrementada de calcio con niveles disminuidos de plomo sanguíneo. Otros factores conocidos por disminuir la desmineralización ósea, incluyendo la terapia de reemplazo de estrógeno y la actividad física, también se asocian inversamente con los niveles de plomo en la sangre (37).

Tratamiento de Enfermedades

Presión sanguínea alta (hipertensión)

La relación entre la ingesta de calcio y la presión sanguínea ha sido investigada extensamente en las últimas dos décadas. Un análisis de 23 estudios basados en la observación de gran tamaño, encontró una reducción en la presión sanguínea sistólica de 0.34 milímetros de mercurio (mm Hg) por cada 100 mg de calcio consumidos al día y una reducción en la presión sanguínea diastólica de 0.15 mm Hg por cada 100 mg de calcio (38). Una revisión sistemática grande de 42 ensayos controlados y aleatorizados que examinaban el efecto de la suplementación con calcio sobre la presión sanguínea en comparación a un placebo, encontró una reducción promedio de 1.44 mm Hg en la presión sanguínea sistólica y una reducción de 0.84 mm de Hg en la presión sanguínea disatólica (39). La suplementación con calcio en estos ensayos controlados y aleatorizados varió de 500 a 2,000 mg/día, siendo de 1,000 a 1,500 mg/día la dosis más común. En el estudio DASH (Acercamientos Dietéticos para Detener la Hipertensión, en español), 549 personas fueron asignadas aleatoriamente a una de tres dietas por ocho semanas: (1) una dieta control baja en frutas, vegetales, y productos lácteos; (2) una dieta rica en frutas (~5 porciones/día) y vegetales (~3 porciones/día); y (3) una dieta combinada rica tanto en frutas y vegetales como en productos lácteos bajos en grasa (~3 porciones/día) (40). La dieta combinada representó un incremento cercano a 800 mg de calcio/día por sobre las dietas de control y la rica en frutas/vegetales, por un total cercano a 1,200 mg de calcio/día. La dieta combinada redujo 5.5 mm Hg la presión sanguínea sistólica y 3.0 mm Hg la presión sanguínea diastólica más que la dieta control, mientras que la dieta de frutas/vegetales redujo 2.8 mm Hg la presión sanguínea sistólica y 1.1 mm Hg la presión sanguínea diastólica más que la dieta control. Entre los participantes diagnosticados con hipertensión la dieta combinada redujo la presión sanguínea sistólica en 11.4 mm Hg y la presión sanguínea diastólica en 5.5 mg Hg más que la dieta control, mientras que la reducción para la dieta de frutas/vegetales fue de 7.2 mm Hg sistólica y 2.8 mm Hg diastólica comparada con la de la dieta control (41). Esta investigación indica que la ingesta de calcio al nivel recomendado (1,000-1,200 mg/día) puede ser de ayuda en la prevención y el tratamiento de la hipertensión moderada (42). Más información acerca de la dieta DASH se encuentra disponible en el Instituto Nacional de Medicina (INM).

Síndrome premenstrual (SPM)

SPM hace referencia a un conjunto de síntomas, incluyendo pero no limitándose, a la fatiga, irritabilidad, mal humor/depresión, retención de líquidos, y sensibilidad mamaria, que comienza al poco tiempo luego de la ovulación (mitad de ciclo) y termina con el comienzo de la menstruación (el periodo menstrual) (43). Las ingestas bajas de calcio dietético se han asociado al SPM en varios estudios, y se ha demostrado que el calcio suplementario disminuye la severidad de los síntomas (44). En un ensayo clínico aleatorizado, de doble ciego y controlado con placebo de 466 mujeres, se asoció al calcio suplementario (1,200 mg/día) durante tres ciclos menstruales con una reducción del 48% en el puntaje total de los síntomas, comparado con una reducción del 30% observada en el grupo placebo (45). Se reportaron efectos positivos similares en dos estudios cruzados de doble ciego controlados con placebo, que administraron diariamente 1,000 mg de calcio (46, 47). Un estudio de caso y control en mujeres participantes en el Estudio de Salud de las Enfermeras II, encontró que aquellas que consumían la mayoría del calcio (media de 1,283 mg/día) desde los alimentos tenían un riesgo de desarrollar SPM un 30% más bajo comparadas con aquellas con la ingesta de calcio más baja (media de 529 mg/día desde los alimentos) (48). Sin embargo, la ingesta de calcio desde los suplementos no tuvo efecto sobre el SPM en este estudio. Para determinar si un aumento en la ingesta de calcio dietético o el consumo de suplementos de calcio tiene beneficios terapéuticos en el tratamiento y prevención del SPM, se necesitan ensayos clínicos a gran escala.

Fuentes

Fuentes alimenticias

Las ingestas de calcio promedio en los EE.UU. están muy por debajo de la IRN para todos los grupos de edad y género, especialmente en mujeres. Se estima que sólo cerca del 25% de los niños y el 10% de las niñas entre 9 y 17 años alcanza las recomendaciones. Los productos lácteos proveen el 75% del calcio en la dieta americana. Sin embargo, es normalmente durante el periodo más crítico para el desarrollo del máximo de masa ósea que los adolescentes tienden a reemplazar la leche con bebidas gaseosas (1, 3). Los productos lácteos representan fuentes ricas y absorbibles de calcio, pero ciertos vegetales y granos también aportan calcio. No obstante, la biodisponibilidad del calcio debe tomarse en consideración. Mientras que las plantas ricas en calcio en la familia de la col rizada (brócoli, repollo chino, repollo, mostaza, hojas de nabo) contienen calcio que es tan biodisponible como el de la leche, se ha encontrado que algunos componentes de la comida inhiben la absorción del calcio. El ácido oxálico, también conocido como oxalato, es el inhibidor más potente de la absorción del calcio y se encuentra en altas concentraciones en la espinaca y el ruibarbo, y un tanto en el camote y los frijoles secos. El ácido fítico es un inhibidor menos potente de la absorción del calcio que el oxalato. Las levaduras poseen una enzima (fitasa) que degrada el ácido fítico en los granos durante la fermentación, disminuyendo el contenido de ácido fítico del pan y otros alimentos fermentados. Sólo las fuentes concentradas de fitato, como el salvado de trigo o los frijoles secos, reducen sustancialmente la absorción de calcio (1). La tabla siguiente enlista una serie de alimentos ricos en calcio, junto a su contenido de calcio y el número de porciones necesarias para igualar el calcio absorbible de un vaso de leche (49). Para mayor información sobre el contenido de nutrientes de los alimentos, busque la base de datos de composición de los alimentos de la USDA.

 

Alimento  Porción  Calcio (mg)  Porciones necesarias para igualar el calcio absorbible en 8 oz de leche 
Leche 8 onzas 300 1.0
Yogurt 8 onzas 300 1.0
Queso cheddar 1.5 onzas  303 1.0
Frijoles pintos 1/2 taza, cocido 45 8.1
Frijoles rojos 1/2 taza, cocido 41 9.7
Frijoles blancos 1/2 taza, cocido 113 3.9
Tofu, con calcio 1/2 taza 258 1.2
Repollo chino 1/2 taza, cocido 79 2.3
Col rizada 1/2 taza, cocido 61 3.2
Brócoli 1/2 taza, cocido 35 4.5
Espinaca 1/2 taza, cocido 115 16.3
Ruibarbo 1/2 taza, cocido 174 9.5
Ponche de frutas con citrato malato de calcio 8 onzas 300 0.62

 

Suplementos

La mayoría de los expertos recomienda obtener tanto calcio como sea posible desde los alimentos, debido a que el calcio de los alimentos se acompaña de otros nutrientes importantes que ayudan al cuerpo en la utilización del calcio. Sin embargo, los suplementos de calcio pueden ser necesarios para aquellos que tienen dificultad para consumir suficiente calcio desde los alimentos. Ninguna tableta multivitamínica/mineral contiene el 100% del valor diario (VD) recomendado para el calcio, ya que es demasiado voluminoso y la píldora resultante sería demasiado grande para ser tragada. El "Etiquetado nutricional," ahora obligatorio en todos los suplementos a la venta en los EE.UU., muestra el contenido de calcio como calcio elemental. Las preparaciones de calcio usadas como suplementos incluyen carbonato de calcio, lactato de calcio, gluconato de calcio, citrato de calcio, y citrato malato de calcio. Para determinar cual preparación de calcio es la de su suplemento, tendrá que revisar la lista de ingredientes. Generalmente el carbonato de calcio es el suplemento de calcio más económico. Para maximizar la absorción, no tome más de 500 mg de calcio elemental de una sola vez. La mayoría de los suplementos de calcio debieran tomarse con las comidas, aunque el citrato de calcio y el citrato malato de calcio se pueden tomar en cualquier momento (50).

Plomo en suplementos de calcio

Varios años atrás aumentó la preocupación respecto a los niveles de plomo en los suplementos de calcio obtenidos de fuentes naturales (concha de ostra, harina de hueso, dolomita). En 1993, los investigadores encontraron cantidades medibles de plomo en la mayoría de las 70 preparaciones diferentes que examinaron (51). Desde entonces, los productores han hecho un esfuerzo para reducir la cantidad de plomo en los suplementos de calcio a menos de 0.5 microgramos (mcg) por cada 1,000 mg de calcio elemental. El límite federal es de 7.5 mcg/1,000 mg de calcio elemental. Debido a que el plomo está tan extendido y es de larga duración, nadie puede garantizar suplementos o alimentos libres de plomo. Un estudio reciente encontró plomo medible en ocho de 21 suplementos, en cantidades que promediaban entre 1 y 2 mcg/1,000 mg de calcio elemental (52). El calcio inhibe la absorción intestinal de plomo, y una ingesta adecuada de calcio es un protector en contra de la toxicidad por plomo, por lo que cantidades trazas de plomo en la suplementación con calcio puede presentar menos riesgo de una exposición excesiva al plomo que un consumo de calcio insuficiente. Mientras que la mayoría de las fuentes de calcio hoy en día son relativamente seguras, busque suplementos etiquetados como "libres de plomo" y evite grandes dosis de calcio suplementario (más de 1,500 mg/día).

Seguridad

Toxicidad

El calcio sanguíneo anormalmente elevado (hipercalcemia) como resultado del sobreconsumo de calcio sólo se ha documentado desde suplementos de calcio y nunca desde los alimentos. La hipercalcemia leve puede presentarse sin síntomas o puede ocasionar pérdida de apetito, náuseas, vómitos, constipación, dolor abdominal, sequedad bucal, sed, y micción frecuente. Una hipercalcemia más severa puede causar confusión, delirio, coma, y si no es tratada, la muerte. La hipercalcemia sólo se ha reportado con el consumo de grandes cantidades de suplementos de calcio usualmente en combinación con antiácidos, en particular cuando las úlceras pépticas eran tratadas con grandes cantidades de leche, carbonato de calcio (antiácido), y bicarbonato de sodio (álcali absorbible) (1). Esta condición se denominó síndrome alcalino lácteo y se ha reportado con niveles de suplementos de calcio de 1.5 a 16.5 gramos/día por dos días hasta 30 años. Desde que el tratamiento para la úlcera péptica cambió, la incidencia de este síndrome ha disminuido considerablemente (3).

Aunque el riesgo de formar cálculos renales es elevado en individuos con calcio urinario anormalmente elevado (hipercalciuria), esta condición no se relaciona usualmente con la ingesta de calcio, sino con la excreción aumentada de calcio por los riñones. En general, se ha asociado a la ingesta de calcio elevada con un riesgo disminuido de cálculos renales. Sin embargo, en un estudio prospectivo de gran tamaño, el riesgo de sufrir cálculos renales en mujeres que consumían calcio suplementario, era un 20% más alto que en las que no consumían suplementos (25). Este efecto puede estar relacionado al hecho de que los suplementos de calcio se pueden consumir sin alimentos, eliminando su efecto benéfico de disminuir la absorción intestinal de oxalato de calcio.

En el 2010, la Junta de Nutrición y Alimentos del Instituto de Medicina actualizó el nivel máximo de ingesta tolerable (NM) para el calcio. A continuación se muestra el NM según grupo etareo.

Nivel Máximo de Ingesta Tolerable (NM) de Calcio

Grupo etáreo   NM (mg/día)
Infantes 0-6 meses 1,000
Infantes 6-12 meses 1,500
Niños 1-8 años 2,500
Niños 9-13 años 3,000
Adolescentes 14-18 años 3,000
Adultos 19-50 años 2,500
Adultos 51 años y más 2,000

¿Las ingestas altas de calcio incrementan el riesgo de cáncer de próstata?

Estudios epidemiológicos recientes han aumentado la preocupación de que las ingestas de calcio elevadas estén asociadas con un riesgo incrementado de cáncer de próstata. Un gran estudio de cohorte prospectivo en los EE.UU. siguió a más de 50,000 hombres profesionales de la salud por ocho años, y encontró que los hombres cuya ingesta de calcio era de 2,000 mg/día o más, tenían un riesgo de desarrollar cáncer de próstata avanzado tres veces más alto que el de los hombres cuyas ingestas de calcio eran menores a 500 mg/día, y un riesgo de desarrollar cáncer de próstata metastásico que era más de cuatro veces mayor (53). Se observaron resultados similares en un estudio de caso y control en Suecia, el que comparó el consumo de calcio de 526 hombres diagnosticados con cáncer de próstata con el de 536 controles (54). Ninguno de los dos estudios encontró que la ingesta de calcio estuviera asociada con el riesgo incrementado de cáncer de próstata total ni con el de cáncer de próstata no avanzado. Más recientemente, otro estudio prospectivo de los médicos de los EE.UU. encontró que la ingesta incrementada de calcio desde productos lácteos se asociaba con un riesgo incrementado de cáncer de próstata (55). Aunque este estudio no examinó el uso de suplementos, cada incremento de 500 mg/día en la ingesta de calcio desde alimentos lácteos se asoció con un incremento del 16% en el riesgo de cáncer de próstata (avanzado y no avanzado, combinado). Más recientemente, un estudio prospectivo en una cohorte de 29,133 fumadores hombres, seguidos por 17 años, encontró que el consumo alto de calcio (>1,000 mg/día) se asoció con un riesgo incrementado de cáncer de próstata (56). Los mecanismos fisiológicos que subyacen bajo la relación entre la ingesta de calcio y el cáncer de próstata aún no están claros. Los niveles elevados de calcio dietético pueden llevar a niveles circulantes disminuidos de calcitriol, la forma activa de la vitamina D. En estudios experimentales conducidos en líneas celulares de cáncer de próstata y en modelos animales, se encontró que el calcitriol tenía efectos protectores. Sin embargo, los hallazgos de estudios conducidos en humanos sobre niveles de calcitriol en el plasma y el riesgo de cáncer de próstata han sido mucho menos consistentes.

No todos los estudios epidemiológicos han demostrado una asociación entre la ingesta de calcio y el cáncer de próstata. Una revisión reportó que siete de 14 estudios de caso y control y cinco de nueve estudios de cohorte prospectivo, encontraron asociaciones positivas estadísticamente significativas entre el cáncer de próstata y algunas medidas del consumo de productos lácteos. De aquellos estudios que examinaron la ingesta de calcio, tres de seis estudios de caso y control y dos de cuatro estudios de cohorte, reportaron asociaciones estadísticamente significativas entre el cáncer de próstata y la ingesta de calcio (57). No obstante, un estudio Serbio de caso y control encontró que la ingesta de calcio incrementada se asoció con un riesgo disminuido de cáncer de próstata (58). En un meta-análisis de seis estudios prospectivos, Gao et al. reportaron que los hombres con las ingestas de calcio diarias más altas tenían un riesgo incrementado en un 39% de desarrollar cáncer de próstata en comparación con aquellos con ingestas más bajas; los hombres con ingestas más altas de productos lácteos tenían un riesgo de cáncer de próstata un 11% más alto que aquellos con las ingestas más bajas de productos lácteos (59). Sin embargo, sólo la mitad de los distintos estudios incluidos en éste meta-análisis reportaron una asociación entre las ingestas más altas de calcio y el cáncer de próstata. Más recientemente, un estudio prospectivo en 14,642 hombres participantes en el Estudio de Cohorte Colaborativo de Melbourne encontró que la ingesta de calcio no se asociaba con el riesgo de cáncer de próstata (60). Gao et al. repitieron su meta-análisis (59) para incluir a este último estudio. Encontraron que aquellos con ingestas de calcio más altas tenían un riesgo de cáncer de próstata incrementado en un 32%; no obstante, el meta-análisis de los siete estudios reveló que la ingesta de lácteos ya no se asociaba con un riesgo significativamente aumentado de cáncer de próstata (60). La falta de consenso entre los estudios sugiere interacciones complejas entre los factores de riesgo del cáncer de próstata y también puede reflejar las dificultades asociadas con la evaluación de la ingesta de calcio en seres humanos. Hasta que se aclare la relación entre el calcio y el cáncer de próstata, es razonable que los hombres consuman un total de 1,000 a 1,200 mg/día de calcio (combinando dieta y suplementos), lo recomendado por la Junta de Nutrición y Alimentos del Instituto de Medicina (véase IRN).

Interacción con drogas

Tomar suplementos de calcio en combinación con diuréticos tiazídicos (e.g., hidroclorotiazida) incrementa el riesgo de padecer hipercalcemia debido al incremento de la reabsorción de calcio en los riñones. Las dosis altas de calcio suplementario podrían incrementar la probabilidad de ritmos cardíacos anormales en personas que consumen digitalis (digoxina) para la falla cardíaca (61). Cuando el calcio se administra intravenosamente, puede disminuir la eficacia de los bloqueadores de canales de calcio (62). No obstante, el calcio dietético y el suplementario no parecen afectar la acción de los bloqueadores de canales de calcio (63). El calcio puede disminuir la absorción de la tetraciclina, de los antibióticos de la clase de las quinilonas, de los bifosfonatos y levotiroxina; por lo tanto, se aconseja separar las dosis de estos medicamentos de los alimentos ricos en calcio y de los suplementos por dos horas. El uso de bloqueadores H2 (e.g., cimetidina) y de inhibidores de la bomba de protones (e.g., omeprazole) puede disminuir la absorción de carbonato de calcio y de fosfato de calcio (50, 64).

Interacciones calcio-nutrientes

La presencia de calcio disminuye la absorción de hierro desde fuentes no hemo (i.e., la mayoría de los suplementos y fuentes alimenticias además de la carne). Sin embargo, no se ha encontrado que la suplementación con calcio por hasta 12 semanas cambie el estado nutricional del hierro, probablemente debido al incremento compensatorio en la absorción de hierro. Los individuos que toman suplementos de hierro deberían tomarlos con dos horas de separación de suplementos o alimentos ricos en calcio para maximizar la absorción de hierro. En ratas, las ingestas altas de calcio han producido deficiencias relativas de magnesio, pero no se encontró que la ingesta de calcio afectara la retención de magnesio en humanos (1). Aunque una serie de estudios no encontró que las ingestas de calcio elevadas afecten la absorción de zinc o el estado nutricional del zinc, un estudio en diez hombres y mujeres indicó que 600 mg de calcio consumidos con una comida, disminuyeron en un 50% la absorción de zinc desde esa comida (65).

Investigaciones Recientes

Calcio y pérdida de peso

Las dietas con mayor densidad de calcio (calcio por proteínas totales) se han asociado con una incidencia reducida de sobrepeso u obesidad en algunos estudios. Estos estudios no fueron diseñados para examinar el efecto del calcio sobre la obesidad o la grasa corporal, y su significado no estaba claro hasta que estudios recientes en cultivos celulares y modelos animales indicaron que las bajas ingestas de calcio podrían resultar en cambios hormonales y metabólicos que incrementen la tendencia de los adipositos a acumular grasa (66). En un estudio de ejercicios de dos años, las ingestas más altas de calcio dietético se asociaron con pérdida de peso aún si los participantes estaban en el grupo de ejercicio o en el grupo control (67). Un estudio de suplementación con calcio controlado con placebo, encontró una pérdida de peso significativamente mayor en mujeres ancianas suplementadas con 1,200 mg de calcio/día comparadas con el grupo control (68). Más recientemente, una intervención de 1 año con productos lácteos (1,000 a 1,400 mg de calcio/día) en mujeres jóvenes sanas no alteró el peso corporal o la masa grasa en comparación con el grupo control (<800 mg de calcio/día) (69); sin embargo, se observó una leve reducción en la masa grasa corporal en el grupo alto en lácteos (1,300 a 1,400 mg de calcio/día) en el seguimiento de los 6 meses (70). Se necesita de estudios de alimentación controlada donde las calorías se mantengan fijas para cuantificar el efecto probablemente pequeño del calcio, si es que existe, sobre la grasa corporal y el peso corporal. Dichos estudios se encuentran actualmente en curso.

Recomendación del Instituto Linus Pauling

El Instituto Linus Pauling respalda la Ingesta Recomendada de Nutrientes (IRN) establecidos por la Junta de Nutrición y Alimentos del Instituto de Medicina. Seguir estas recomendaciones debería aportar suficiente calcio para promover la salud esqueletal y también puede disminuir los riesgos de algunas enfermedades crónicas.

Niños y adolescentes (9-18 años)

Para promover la obtención del nivel máximo de masa ósea, los niños y adolescentes deberían consumir un total (dieta mas suplementos) de 1,300 mg/día de calcio.

Adultos (mujeres entre 19-50 años, hombres entre 19-70 años)

Luego de que se ha alcanzado la altura adulta, el esqueleto continúa acumulando hueso hasta la tercera década de la vida cuando se alcanza el nivel máximo de masa ósea. Para promover la obtención del nivel máximo de masa ósea y para minimizar la pérdida ósea con la edad, las mujeres adultas (50 años de edad y menores) y los hombres adultos (70 años de edad y menores) debieran consumir un total (dieta más suplementos) de 1,000 mg/día de calcio.

Mujeres de mayor edad (51 años y más)

Para minimizar la pérdida ósea, las mujeres postmenopáusicas deberían consumir un total (dieta más suplementos) de 1,200 mg/día de calcio. Tomar un suplemento multivitamínico/mineral que contenga al menos 10 mcg (400 UI)/día de vitamina D ayudará a asegurar la absorción adecuada del calcio (véase Vitamina D).

Hombres de mayor edad (71 años y más)

Para minimizar la pérdida ósea, las hombres ancianos debieran consumir un total (dieta más suplementos) de 1,200 mg/día de calcio. Tomar un suplemento multivitamínico/mineral que contenga al menos 10 mcg (400 UI)/día de vitamina D ayudará a asegurar la absorción adecuada del calcio (véase Vitamina D).

Mujeres embarazadas y en amamantamiento

Las adolescentes embarazadas y en amamantamiento (bajo 19 años de edad) debieran consumir un total de 1,300 mg/día de calcio, mientras que las adultas embarazadas y en amamantamiento (19 años de edad y mayores) debieran consumir un total de 1,000 mg/día de calcio.

Referencias


Escrito en Abril de 2003 por:
Jane Higdon, Ph.D.
Instituto Linus Pauling de la Universidad Estatal de Oregon

Actualizado en Octubre de 2007 por:
Victoria J. Drake, Ph.D.
Instituto Linus Pauling de la Universidad Estatal de Oregon

Revisado en Octubre de 2007 por:
Connie M. Weaver, Ph.D.
Distinguished Professor and Head of Foods and Nutrition
Universidad de Purdue

¿Las ingestas altas de calcio incrementan el riesgo de cáncer de próstata?
Revisado en Junio de 2007 por:
June Chan, Sc.D.
Profesor Adjunto
Departamentos de Epidemiología y Bioestadística y Urología
Universidad de California, San Francisco

Traducido al Español en 2012 por:
Guillermo Sandoval, Facultad de Odontologia, Universidad de Chile;
Revisado y editado en Diciembre 2012 por:
Andrew F.G. Quest, Ph.D. y Lisette Leyton, Ph.D.,
Profesores Titulares del Instituto de Ciencias Biomédicas,
Facultad de Medicina, Universidad de Chile,
en el marco del proyecto Anillo #ACT1111, grupo NEMESIS.

La traducción de el MIC del Inglés al Español fue asegurado, en parte, por una subvención de Bayer Consumer Care AG, Basel, Switzerland.

Última actualización 11/30/10  Derechos de autoría 2001-2014  Instituto Linus Pauling


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