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Centro de Información de Micronutrientes

Vitamina C


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La vitamina C es una vitamina hidrosoluble, también conocida como ácido ascórbico. A diferencia de la mayoría de los mamíferos y otros animales, los seres humanos no poseen la habilidad para sintetizar su propia vitamina C. Por lo tanto, deben obtener la vitamina C a través de su dieta.

Función

La vitamina C es necesaria para la síntesis de colágeno, un importante componente estructural de los vasos sanguíneos, tendones, ligamentos y huesos. La vitamina C también juega un papel importante en la síntesis del neurotransmisor norepinefrina. Los neurotransmisores son fundamentales para la función cerebral y se sabe que afectan el estado de ánimo. Además, la vitamina C es necesaria para la síntesis de carnitina, una molécula pequeña que es esencial para el transporte de las grasas hacia el interior de organelos celulares denominados mitocondrias, donde las grasas se convierten en energía (1). Las investigaciones también sugieren que la vitamina C está involucrada en el metabolismo del colesterol hacia ácidos biliares, lo que podría repercutir sobre los niveles de colesterol sanguíneo y la incidencia de cálculos biliares (2).

La vitamina C es además, un antioxidante altamente efectivo. Incluso en pequeñas cantidades, la vitamina C puede proteger a moléculas indispensables en el cuerpo como proteínas, lípidos (grasas), carbohidratos, y ácidos nucleicos (ADN y ARN) del daño por radicales libres y especies reactivas del oxígeno que se pueden generar durante el metabolismo normal, así como también, a través de la exposición a toxinas y agentes contaminantes (por ejemplo, humo del cigarrillo). La vitamina C podría ser capaz de regenerar otros antioxidantes como la vitamina E (1). Un estudio reciente de fumadores de cigarrillos encontró que la vitamina C regeneró a la vitamina E a partir de su forma oxidada (3).

Deficiencia

Escorbuto

Durante muchos siglos se ha denominado a la deficiencia severa de vitamina C como escorbuto, una enfermedad potencialmente mortal. Para finales del 1700 la armada Británica ya estaba al tanto de que el escorbuto podía curarse comiendo naranjas o limones, aún cuando la vitamina C no fuese aislada hasta los inicios de 1930. Los síntomas del escorbuto se manifiestan con sangramientos y moretones provocados muy fácilmente, pérdida de dientes y cabello y dolor e hinchazón de articulaciones. Estos síntomas parecen estar relacionados al debilitamiento de los vasos sanguíneos, del tejido conectivo y de los huesos, todos ellos contienen colágeno. Los primeros síntomas del escorbuto, como la fatiga, podrían ser el resultado de niveles disminuidos de carnitina, la que es imprescindible para obtener energía de la grasa, o de la síntesis disminuida del neurotransmisor norepinefrina (véase Función). El escorbuto es raro en países desarrollados debido a que se puede prevenir con hasta 10 mg de vitamina C diariamente (4). Sin embargo, han ocurrido casos en niños y ancianos con dietas muy restrictivas (5, 6).

La Ingesta Recomendada de Nutrientes (IRN)

En los EE.UU., la IRN para vitamina C se aumento en el año 2000 a partir de la recomendación previa de 60 mg diarios para hombres y mujeres. La IRN se continúa basando principalmente en la prevención de una enfermedad por deficiencia, más que en la prevención de enfermedades crónicas o en la promoción de una salud óptima. La ingesta recomendada para fumadores es 35 mg/día más alta que para los no fumadores, debido a que los fumadores están bajo un estrés oxidativo incrementado por las toxinas del humo del cigarrillo y generalmente tienen niveles sanguíneos más bajos de vitamina C (7).

Ingesta Recomendada de Nutrientes (IRN) para Vitamina C
Etapa de la Vida Edad Hombres (mg/día) Mujeres (mg/día)
Infantes 0-6 meses 40 (IA) 40 (IA)
Infantes 7-12 meses 50 (IA) 50 (IA)
Niños 1-3 años 15 15
Niños 4-8 años 25 25
Niños 9-13 años 45 45
Adolescentes 14-18 años 75 65
Adultos 19 años y más 90 75
Fumadores 19 años y más 125 110
Embarazo 18 años y menos - 80
Embarazo 19 años y más - 85
Amamantamiento 18 años y menos - 115
Amamantamiento 19 años y más - 120

 

Prevención de Enfermedades

La cantidad de vitamina C requerida para prevenir una enfermedad crónica parece ser más que la necesaria para la prevención del escorbuto. Mucha de la información respecto de la vitamina C y la prevención de enfermedades crónicas está basada en estudios prospectivos, en los que la ingesta de vitamina C se evalúa en un gran número de personas que son seguidas a través del tiempo para determinar si desarrollan o no enfermedades crónicas específicas.

Enfermedades cardiovasculares

Enfermedad coronaria

Hasta hace poco, los resultados de la mayoría de los estudios prospectivos señalaban que las ingestas bajas o deficientes de vitamina C se asociaban con un riesgo aumentado de enfermedades cardiovasculares, y que las ingestas recomendada moderadas de alrededor de 100 mg/día eran suficientes para la máxima reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares entre hombres y mujeres no fumadores (1). Un meta-análisis reciente de 14 estudios de cohorte concluyó que la ingesta recomendada de vitamina C, pero no de vitamina C suplementaria, se asociaba inversamente con el riesgo de enfermedad coronaria (EC) (8). De este modo, algunos estudios no encontraron reducciones significativas del riesgo de EC entre los usuarios de suplementos de vitamina C en poblaciones bien nutridas (9-11). Una excepción notable fue el Estudio de Seguimiento Epidemiológico de la Primera Encuesta Nacional de Salud y Examen Nutricional (ENSEN I) (12). Este estudio encontró que el riesgo de muerte por una enfermedad cardiovascular fue un 42% más bajo en hombres y un 25% más bajo en mujeres que consumieron más de 50 mg/día de vitamina C en la dieta y que tomaron regularmente suplementos de vitamina C, lo que corresponde a una ingesta de vitamina C total cercana a 300 mg/día (13). Los resultados del Estudio de Salud de las Enfermeras (ESE), basado en el seguimiento de más de 85.000 mujeres sobre los 16 años, también señalaron que las ingestas más altas de vitamina C podrían ser cardioprotectoras (14). En este estudio, las ingesta de más de 359 mg/día de vitamina C de la dieta más suplementos o del uso de suplementos por sí solos, se asociaron con una reducción del 27% al 28% en el riesgo de EC. Sin embargo, en las mujeres que no tomaron suplementos de vitamina C, la ingesta de vitamina C dietética no se asoció significativamente con el riesgo de EC. Por lo tanto, ni el Estudio de Seguimiento Epidemiológico de la ENSEN I (12, 13) ni el ESE (14) corroboran las conclusiones del meta-análisis anterior (8). En otro estudio combinado de nueve estudios de cohorte prospectivos, que incluyen a más de 290.000 adultos libres de EC al inicio de los estudios y seguidos por un promedio de 10 años, encontró que aquellos que tomaron más de 700 mg/día de vitamina C suplementaria tenían un riesgo de EC un 25% más bajo que aquellos que no tomaron suplementos de vitamina C (15). Adicionalmente, un ensayo aleatorizado de doble ciego y controlado con placebo en más de 14.000 hombres mayores participantes del Estudio de Salud de los Médicos II encontró que la suplementación con vitamina C (500 mg/día) por un promedio de ocho años no tenía un efecto significativo sobre los principales eventos cardiovasculares, infarto total del miocardio, o mortalidad cardiovascular (16). Sin embargo, este estudio tuvo varias limitaciones (17); vea la respuesta del Instituto Linus Pauling a este estudio. La información de estudios farmacocinéticos de la vitamina C en los Institutos Nacionales de Medicina señaló que el plasma y las células circulantes—y por lo tanto, presumiblemente, de la reserva corporal total—en individuos jóvenes sanos se saturó completamente con vitamina C en una dosis cercana a los 400 mg/día (18). Por consiguiente, los resultados del análisis combinado de los estudios de cohorte prospectivo así como en los grandes estudios prospectivos individuales, como el Estudio de Seguimiento Epidemiológico de la ENSEN I (12, 13) y el ESE (14), junto con la información farmacocinética de la vitamina C en humanos (18), indican que la reducción máxima del riesgo de EC podría necesitar de ingestas de vitamina C de 400 mg/día o más (19).

Accidente cerebrovascular

Respecto a la vitamina C y a las enfermedades cerebrovasculares, un estudio prospectivo que siguió a más de 2.000 residentes de una comunidad rural Japonesa, por 20 años, encontró que el riesgo de accidente cerebrovascular en aquellos con niveles más altos de vitamina C en el suero era un 29% más bajo que en aquellos con niveles séricos más bajos de vitamina C (20). Además, el riesgo de accidente cerebrovascular en los que consumían verduras de 6 a 7 de los días la semana era un 54% más bajo que en los que consumían verduras de 0 a 2 de los días de la semana. En esta población, los niveles séricos de vitamina C fueron altamente correlacionados con la ingesta de frutas y verduras. Por lo tanto, como en muchos estudios de la ingesta de vitamina C y el riesgo de enfermedades crónicas, es difícil separar los efectos de la vitamina C sobre el riesgo de enfermedad cardiovascular de los efectos de otros componentes de las frutas y verduras, enfatizando los beneficios de una dieta rica en frutas y verduras en la reducción del riesgo de accidentes cerebrovasculares. Por lo tanto, los niveles de vitamina del plasma podrían ser un buen biomarcador para la ingesta de frutas o verduras y para otros factores del estilo de vida que contribuyen a un riesgo accidente cerebrovascular reducido. Un estudio prospectivo de 10 años reciente en 20.649 adultos encontró que los ubicados en el cuartil más alto de las concentraciones de vitamina C plasmática tenían un riesgo de accidente cerebrovascular un 42% más bajo en comparación con los del cuartil más bajo (21). Un ensayo aleatorizado, de doble ciego y controlado con placebo en más de 14.000 hombres ancianos participando en el Estudio de Salud de los Médicos II encontró que la suplementación con vitamina C (500 mg/día) por un promedio de ocho años no tenía un efecto significativo sobre la muerte por accidente cerebrovascular, accidente cerebrovascular isquémico o accidente cerebrovascular hemorrágico (16). Sin embargo, este estudio tuvo numerosas limitaciones que hacen difícil el obtener conclusiones para la población general (17); véase la respuesta del Instituto Linus Pauling a este estudio.

Cáncer

Una gran cantidad de estudios han demostrado que un incremento en el consumo de frutas y verduras frescas se asocia con un riesgo reducido para la mayoría de los tipos de cáncer (22). Dichos estudios fueron las bases para las guías alimenticias aprobadas por el Departamento de Agricultura de los EE.UU. y el Instituto Nacional del Cáncer, que recomiendan al menos 5 porciones de frutas y verduras al día. Las organizaciones gubernamentales de los EE.UU. actualmente recomiendan comer a diario una gran variedad de frutas y verduras; la cantidad de porciones recomendadas depende de la ingesta calórica total, la que se rige por la edad, género, composición corporal, y nivel de actividad física (23). Una serie de estudios de caso y control han investigado el papel de la vitamina C en la prevención del cáncer. La mayoría ha demostrado que ingestas más altas de vitamina C están asociadas con una incidencia disminuida de cánceres de boca, garganta y cuerdas vocales, esófago, estómago, colon-recto y pulmón. Debido a que la posibilidad de un sesgo es mayor en estudios de caso y control, se les da más importancia a los estudios de cohorte prospectivo cuando se evalúa el efecto de la ingesta de un nutriente sobre una enfermedad. En general, los estudios prospectivos en los que los grupos con la ingesta más baja consumieron más de 86 mg/día de vitamina C a diario no han encontrado diferencias en el riesgo de cáncer, mientras que los estudios que encontraron reducciones significativas del riesgo de cáncer las encontraron en personas que consumían diariamente al menos 80 a 110 mg de vitamina C (1).

Un estudio prospectivo que siguió a 870 hombres por un periodo de 25 años encontró que los que consumían más de 83 mg de vitamina C a diario tenían una sorprendente reducción, del 64% en cáncer pulmonar comparados con aquellos que consumían menos de 63 mg por día (24). Sin embargo, un análisis combinado de ocho estudios prospectivos concluyó que la vitamina C dietética no estaba relacionada con el cáncer de pulmón cuando se revisó el análisis en busca de otros factores dietéticos (25). Aunque la mayoría de los estudios prospectivos grandes no observaron una asociación entre el cáncer de mama y la ingesta de vitamina C, dos estudios encontraron que la ingesta de vitamina C dietética se asociaba inversamente con el riesgo de cáncer mamario en ciertos subgrupos. En el Estudio de Salud de las Enfermeras, las mujeres premenopáusicas con un historial familiar de cáncer mamario que consumieron un promedio de 205 mg/día de vitamina C de los alimentos tenían un riesgo de cáncer de mama un 63% más bajo que las que consumieron un promedio de 70 mg/día (26). En la cohorte de Mamografías Sueca, las mujeres con sobrepeso que consumieron un promedio de 110 mg/día de vitamina C tenían un riesgo de cáncer mamario un 39% más bajo comparado con las mujeres con sobrepeso que consumieron un promedio de 31 mg/día (27). Una serie de estudios observacionales ha encontrado que una mayor ingesta recomendada de vitamina C se asocia con un riesgo disminuido de cáncer estomacal, y que los experimentos de laboratorio indican que la vitamina C inhibe la formación de compuestos carcinógenos en el estómago (28, 29). Se sabe que la infección con la bacteria Helicobacter pylori (H. pylori) aumenta el riesgo de cáncer al estómago y al parecer también disminuye el contenido de vitamina C de las secreciones estomacales. Aunque dos estudios intervencionales no encontraron una disminución en la ocurrencia de cáncer estomacal con la suplementación con vitamina C (7), investigaciones más recientes sugieren que la suplementación con vitamina C podría ser un aporte beneficioso en la terapia de erradicación estándar de la H. pylori en la reducción del riesgo de cáncer gástrico (30, 31). Otro ensayo clínico de intervención, un ensayo clínico aleatorizado, de doble ciego y controlado con placebo en más de 14.000 hombres mayores participando en el Estudio de Salud de los Médicos (ESM) II, informó que la suplementación con vitamina C por un promedio de 8 años no tenía un efecto significativo sobre el total del cáncer o sobre los cánceres de ubicación específica, incluyendo al cáncer colorectal, pulmonar, prostático (32). Sin embargo, el ESM II tenía varias limitaciones; véase la respuesta del Instituto Linus Pauling al ESM II.

Cataratas

Las cataratas son la principal causa de deterioro visual en todo el mundo. Se estima que en los EE.UU. los gastos asociados a las cataratas exceden los $3 billones anuales (33). Las cataratas ocurren con mayor frecuencia y se vuelven más severas a medida que las persona envejecen. Se han asociado a los niveles disminuidos de vitamina C en el cristalino (la lente) del ojo con un incremento en la severidad de las cataratas en humanos. Algunos estudios, aunque no todos, han observado que una ingesta incrementada de vitamina C dietética (34, 35) y niveles sanguíneos de vitamina C aumentados (36, 37) se encuentran asociados con un riesgo disminuido de cataratas. En general, los estudios que han encontrado una relación sugieren que la ingesta de vitamina C podría tener que ser superior a 300 mg/día por una cierta cantidad de años antes de que se pueda detectar un efecto protector (1). Un ensayo clínico de intervención controlada de 7 años en 4.629 hombres y mujeres encontró que un suplemento antioxidante diario que contenía 500 mg de vitamina C, 400 IU de vitamina E, y 15 mg de beta-caroteno no tenía efecto sobre el desarrollo y la progresión de las cataratas relacionadas con la edad en comparación con un placebo (38). Por lo tanto, la relación entre la ingesta de vitamina C y el desarrollo de cataratas necesita más claridad antes de que puedan hacerse recomendaciones específicas.

Gota

La gota, una enfermedad que aflige a más del 1% de los adultos de los EE.UU., se caracteriza por niveles sanguíneos anormalmente altos de ácido úrico (urato) (39). Los cristales de urato podrían formarse en las articulaciones, ocasionando dolor e inflamación, así como también en los riñones y las vías urinarias, provocando cálculos renales. La tendencia a producir niveles elevados de ácido úrico sanguíneo y a sufrir de gota, son con frecuencia hereditarias; sin embargo, una modificación en la dieta y en el estilo de vida podría ser beneficiosa tanto en la prevención como en el tratamiento de la gota (40). En un estudio observacional que incluyó a 1.387 hombres, las ingestas más altas de vitamina C se asociaron con niveles más bajos de ácido úrico en el suero (41). Más recientemente, un estudio prospectivo que siguió a una cohorte de 46.994 hombres por 20 años, encontró que la ingesta diaria total de vitamina C se asociaba inversamente con el riesgo de gota, asociando las ingestas más altas con mayores reducciones del riesgo (42). Los resultados de este estudio también sugieren que la vitamina C suplementaria podría ser beneficiosa en la prevención de la gota (42). Curiosamente, un ensayo clínico aleatorizado, de doble ciego y controlado con placebo en 184 adultos no fumadores, informó que la suplementación con vitamina C (500 mg/día) por dos meses disminuyó las concentraciones séricas de ácido úrico en comparación al placebo (43).

Toxicidad del plomo

Aunque en los EE.UU. se ha suspendido la utilización de pinturas y gasolina con plomo, la toxicidad del plomo continúa siendo un problema de salud importante, especialmente en niños que viven en zonas urbanas. Se ha visto crecimiento y desarrollo anormal en infantes de mujeres expuestas al plomo durante el embarazo, mientras que los niños que están expuestos al plomo de manera crónica son más propensos a sufrir de problemas de aprendizaje y de comportamiento y a tener un bajo CI. En adultos, la toxicidad del plomo podría derivar en daño renal, presión arterial alta y anemia. En un estudio de 747 hombres mayores, los niveles de plomo en la sangre eran significativamente más altos en aquellos que consignaron una ingesta recomendada de vitamina C total que promediaba menos de 109 mg/día en comparación con aquellos que reportaron ingestas de vitamina C más altas (44). Un estudio mucho más grande en 19.578 personas, incluyendo a 4.214 niños de seis a 16 años de edad, encontró que niveles séricos más altos de vitamina C estaban asociados con niveles significativamente más bajos de plomo en la sangre (45). Una encuesta nacional en los EE.UU. de más de 10.000 adultos, encontró que los niveles de plomo sanguíneo se asociaban inversamente con los niveles de vitamina C en el suero (46). Un ensayo clínico de intervención que examinó los efectos de la suplementación con vitamina C sobre los niveles de plomo en la sangre en 75 hombres adultos fumadores, encontró que 1,000 mg/día de vitamina C daba como resultado niveles de plomo en la sangre significativamente más bajos tras un periodo de tratamiento de cuatro semanas en comparación con un placebo (47). Una dosis más baja de 200 mg/día no alteró significativamente los niveles de plomo sanguíneo, a pesar del descubrimiento de que los niveles de vitamina C en el suero no eran diferentes a los del grupo que tomó 1,000 mg/día. Se desconoce el mecanismo de la relación entre la ingesta de vitamina C y los niveles de plomo en la sangre, aunque se ha postulado que la vitamina C podría inhibir la absorción intestinal o intensificar la excreción urinaria del plomo.

Papel en la inmunidad

La vitamina C influye sobre varios componentes del sistema inmune humano; por ejemplo, se ha demostrado que la vitamina C estimula tanto la producción (48, 52) como la función (53, 54) de los leucocitos (glóbulos blancos), especialmente de los neutrófilos, linfocitos, y fagocitos. Una cantidad específica de funciones estimuladas por la vitamina C incluye a la motilidad celular (54), la quimiotaxis (53, 54) y la fagocitosis (53). Los neutrófilos, que atacan a los virus y bacterias del exterior, parecen ser el tipo celular primario estimulado por la vitamina C, aunque los linfocitos y otros fagocitos también son influenciados (55). Por otro lado, varios estudios han demostrado que la vitamina C suplementaria aumenta los niveles séricos de anticuerpos (56, 57) y de proteínas del complemento C1q (58-60) en conejillos de indias, los que como los humanos no pueden sintetizar vitamina C y por consiguiente dependen de la vitamina C en la dieta. Sin embargo, algunos estudios no han informado de cambios benéficos en la producción o en la función de los leucocitos con el tratamiento de vitamina C (61-64). La vitamina C podría también proteger la integridad de las células inmunes. Los neutrófilos, los fagocitos mononucleares y los linfocitos acumulan vitamina C hasta altas concentraciones, lo que puede proteger a estos tipos celulares del daño oxidativo (52, 65, 66). En respuesta a los microorganismos invasores, los leucocitos fagocíticos liberan toxinas no específicas, tales como radicales superóxido, ácido hipocloroso (blanqueador), y peroxinitrito; estas especies reactivas del oxígeno matan a los patógenos y, en el proceso, pueden dañar a los mismos leucocitos (67). Se ha demostrado que la vitamina C, a través de sus funciones antioxidantes, protege a los leucocitos de dichos efectos de autooxidación (68). Los leucocitos fagocíticos también producen y liberan citoquinas, incluyendo interferones, los que tienen actividad antiviral (69). Se ha demostrado que la vitamina C incrementa los niveles de interferón in vitro (70).

Entre el público en general se considera ampliamente que la vitamina C estimula la función del sistema inmune, y, en consecuencia, podría proteger contra infecciones virales y quizás contra otras enfermedades. Mientras algunos estudios sugieren la plausibilidad biológica de la vitamina C como un potenciador inmune, los estudios en humanos publicados hasta la fecha son contradictorios. Serían necesarios mas ensayos clínicos controlados con poder estadístico apropiado para determinar si la vitamina C suplementaria estimula el sistema inmune.

Tratamiento de Enfermedades

Enfermedades cardiovasculares

Vasodilatación

La capacidad de los vasos sanguíneos para relajarse o dilatarse (vasodilatación) se encuentra comprometida en individuos con aterosclerosis. El daño al músculo cardiaco causado por un ataque al corazón y el daño cerebral provocado por un accidente cerebrovascular se relacionan, en parte, con la capacidad de los vasos sanguíneos para dilatarse lo suficiente y permitir el flujo sanguíneo a las áreas afectadas. El dolor de la angina de pecho también se relaciona con una dilatación insuficiente de las arterias coronarias. Se ha identificado a la vasodilatación deteriorada como un factor de riesgo independiente de enfermedades cardiovasculares (71). Muchos estudios aleatorizados de doble ciego y controlados con placebo, han demostrado que el tratamiento con vitamina C consistentemente resulta en una mejora de la vasodilatación en individuos con enfermedad coronaria así como también en aquellos con angina de pecho, insuficiencia cardiaca congestiva, diabetes, colesterol alto e hipertensión arterial (1, 72-74). La mejora en la vasodilatación se ha visto con dosis orales diarias de 500 mg de vitamina C (72).

Hipertensión

Los individuos con presión sanguínea elevada (hipertensión) se encuentran en un riesgo aumentado de desarrollar enfermedades cardiovasculares. Varios, aunque no todos los estudios, han demostrado el efecto de la suplementación con vitamina C en la disminución de la presión sanguínea (75). Un estudio pequeño en individuos con hipertensión encontró que la suplementación con 500 mg/día de vitamina C por seis semanas disminuyó ligeramente la presión sanguínea sistólica (reducción de 1.8 mm Hg) comparada con un placebo (76). Otro estudio en individuos con presión sanguínea elevada encontró que la suplementación diaria con 500 mg de vitamina C derivó en una caída de la presión sanguínea sistólica en un promedio del 9% luego de cuatro semanas (77). Debiera destacarse que los participantes que estaban tomando medicamentos antihipertensivos continuaron tomándolos a lo largo de las 4 semanas de estudio. Debido a que los hallazgos en relación a la vitamina C y la presión sanguínea no han sido aún replicados en estudios más grandes, es importante que los individuos con presión sanguínea significativamente elevada continúen su terapia actual (medicamentos, cambios en el estilo de vida, etc.) en consulta con su médico.

Cáncer

Estudios realizados en las décadas de 1970 y 1980 por Linus Pauling, Ewan Cameron, y compañía, postularon que grandes dosis de vitamina C (10 gramos/día por vía intravenosa por 10 días seguidos por al menos 10 gramos/día por vía oral de forma indefinida) eran beneficiosas al aumentar el tiempo de sobrevida y mejorar la calidad de vida de los pacientes con cáncer terminal (78). Sin embargo, dos estudios aleatorizados y controlados con placebo desarrollados en la Clínica Mayo no encontró diferencias en los resultados entre los pacientes con cáncer terminal que recibían 10 gramos/día de vitamina C o placebo (79, 80). Hubieron diferencias metodológicas significativas entre los estudios de la Clínica Mayo y los de Pauling, y, recientemente, investigadores del INS propusieron que la vía de administración (intravenosa versus oral) podría haber sido la causa de los resultados discrepantes. La administración intravenosa (IV) puede dar como resultado niveles sanguíneos de vitamina C mucho más altos que la administración oral, y que los niveles de vitamina C que son tóxicos para las células cancerígenas en cultivo sólo se pueden alcanzar en humanos con la administración intravenosa de vitamina C, pero no con la administración oral (81). El Dr. Mark Levine y sus colegas en el INS investigaron el mecanismo anticancerígeno responsable tras la vitamina C e informaron que este involucra la producción de peróxido de hidrógeno, el que es selectivamente tóxico para las células cancerígenas (82-84). De esta forma, parece razonable reconsiderar la utilización de altas dosis de vitamina C como una terapia adjunta contra el cáncer.

Actualmente no hay resultados provenientes de ensayos clínicos controlados que señalen que la vitamina C afectara negativamente la sobrevivencia de los pacientes con cáncer. Recientemente, dos ensayos clínicos en fase I en pacientes con cáncer avanzado encontró que la administración intravenosa de vitamina C en dosis de hasta 1.5 g por Kg. de peso corporal era bien tolerado y seguro en pacientes previamente evaluados (85, 86); otros ensayos en fase I se encuentran en desarrollo (87). Además, ensayos clínicos en fase II están actualmente evaluando la eficacia de la vitamina C en el tratamiento del cáncer (87). Algunos reportes de casos han postulado que la vitamina C intravenosa podría ayudar en el tratamiento del cáncer (88, 89). Sin embargo, no debería utilizarse la vitamina C en lugar de alguna terapia que haya demostrado ser efectiva en el tratamiento de algún tipo particular de cáncer, por ejemplo, quimioterapia o radioterapia. Si una persona con cáncer decide tomar suplementos vitamínicos, es importante que el clínico que coordina su tratamiento esté al tanto del tipo y dosis de cada suplemento. Mientras la investigación está en marcha para determinar si la combinación de vitaminas antioxidantes podría ser beneficiosa como una terapia adjunta a la terapia convencional contra el cáncer, aún no son posibles conclusiones definitivas (90). Para más información acerca de la vitamina C intravenosa y el cáncer, vea el Boletín de Investigación de Primavera/Verano del 2006 del Instituto Linus Pauling.

En una presentación en un encuentro de la Sociedad Americana de Cáncer, un científico postuló que la vitamina C suplementaria podría estimular el crecimiento de las células cancerígenas o protegerlas de los radicales libres que destruyen células producidos por la radiación y algunas formas de quimioterapia. Un artículo publicado en la edición de Primavera/Verano del 2000 del boletín del Instituto Linus Pauling, ¿Es perjudicial la vitamina C para los pacientes con cáncer?, aporta una visión adicional sobre este tema.

Para información acerca del uso clínico de dosis intravenosas elevadas de vitamina C como una terapia adjunta en el tratamiento del cáncer, visite el Sitio web del Programa de Medicina Integrada del Centro Médico de la Universidad de Kansas.

Diabetes mellitus

Las enfermedades cardiovasculares (enfermedades cardiacas y accidentes cerebrovasculares) son la principal causa de muerte en individuos con diabetes. La evidencia de que la diabetes es una condición de estrés oxidativo incrementado llevó a la hipótesis de que ingestas más altas de nutrientes antioxidantes podrían ayudar a disminuir el riesgo de enfermedades cardiovasculares en personas diabéticas. En respaldo a esta teoría, un estudio en 85.000 mujeres a lo largo de 16 años, donde el 2% eran diabéticas, se detectó que el uso de un suplemento de vitamina C (400 mg/día o más) se asociaba con reducciones significativas del riesgo de enfermedad coronaria fatal o no fatal en el total de la cohorte así como también en aquellas con diabetes (14). En comparación, un estudio de 15 años en mujeres postmenopáusicas encontró que las mujeres diabéticas que consignaron tomar al menos 300 mg/día de vitamina C de suplementos cuando el estudio comenzó, se encontraban en un riesgo significativamente más alto de morir de una enfermedad coronaria y de un accidente cerebrovascular que aquellas que no tomaron suplementos de vitamina C (91). El uso de suplementos de vitamina C no se asoció con un incremento significativo en la mortalidad por enfermedades cardiovasculares en el total de la cohorte. Aunque un grupo de estudios observacionales ha encontrado que las ingesta recomendada más altas de vitamina C se asocian con un riesgo más bajo de enfermedades cardiovasculares, ensayos clínicos controlados y aleatorizados no han encontrado que la suplementación antioxidante que incluyó vitamina C reduzca el riesgo de enfermedad cardiovascular en diabéticos u otros individuos de alto riesgo (92, 93).

Es posible que diferencias genéticas puedan influir en el efecto de la suplementación con vitamina C sobre las enfermedades cardiovasculares. Cuando los resultados de uno de los ensayos controlados y aleatorizados se reanalizaron en base al genotipo de haptoglobina, la terapia antioxidante (1,000 mg/día de vitamina C + 800 UI/día de vitamina E) se asoció con una mejora de la estudio_basado_en_la_observacionaterosclerosis">aterosclerosis coronaria en mujeres diabéticas con dos copias del gen haptoglobina 1, pero empeorando la aterosclerosis coronaria en aquellas con dos copias del gen haptoglobina 2 (94). La importancia de estos hallazgos no queda del todo clara, pero sugieren que podría existir una subpoblación de personas con diabetes que se beneficiará de la terapia antioxidante, mientras que otras podrían no beneficiarse o incluso podrían ser perjudicadas.

Resfrío común

El trabajo de Linus Pauling estimuló el interés público en la utilización de dosis elevadas (mayores a 1 gramo/día, algunas veces también llamadas "mega-dosis") de vitamina C para prevenir el resfrío común (95). En los últimos 30 años, numerosos ensayos clínicos controlados con placebo han examinado el efecto de la suplementación con vitamina C sobre la prevención y el tratamiento de los resfríos. Un meta-análisis de 30 ensayos de prevención controlados con placebo encontró que la suplementación con vitamina C en dosis de hasta 2 gramos/día no disminuyó la incidencia de los resfríos (96). Sin embargo, en un subgrupo de corredores de maratón, esquiadores, y soldados entrenando en el ártico, las dosis entre 250 mg/día a 1 mg/día disminuyeron la incidencia de los resfríos en un 50%. En general, el uso preventivo de la suplementación con vitamina C redujo la duración de los resfríos un 8% en adultos y un 14% en niños. La mayoría de los ensayos de prevención utilizó una dosis de 1 gramo/día. Cuando el tratamiento comenzó con la aparición de los síntomas, la suplementación con vitamina C no acortó la duración de los resfríos en siete ensayos controlados con placebo con dosis entre 1 a 4 gramos gramos/día. Adicionalmente, los mismos autores completaron un meta-análisis de los 15 ensayos que evaluaron el efecto de la vitamina C sobre la severidad del resfrío; en este análisis, no se encontró evidencia consistente de que la vitamina C fuera beneficiosa aliviando los síntomas del resfrío. De esta manera, la conclusión general de este meta-análisis fue que la vitamina C es ineficaz como un profiláctico contra el resfrío común, pero que en individuos bajo estrés, como los expuestos a ejercicio físico arduo o climas fríos, podrían experimentar algún beneficio terapéutico (96). Más recientemente, un estudio aleatorizado de doble ciego (pero no controlado con placebo) informó que aquellos que tomaron 500 mg/día de vitamina C suplementaria tenían un riesgo un 66% más bajo de contraer tres o más resfríos en un periodo de 5 años comparados con aquellos que tomaron 50 mg/día de vitamina C suplementaria (97). Los autores de estos estudios no encontraron ninguna diferencia significativa entre los dos grupos al analizar la información respecto a la severidad o duración del resfrío. Sin embargo, las dosis utilizadas en estos estudios eran más pequeñas que la que se usaron en la mayoría de los estudios anteriores.

Algunos autores han afirmado que los estudios incluido al meta-análisis anteriormente mencionado (96), utilizaron dosis diarias de vitamina C que serían demasiado bajas como para observar un beneficio terapéutico (98, 99). Adicionalmente, los resultados de un estudio farmacocinético reciente indican que dividiendo la dosis diaria y administrándola varias veces en el día, de tal modo que aumente la frecuencia de la dosis, mantendría los niveles plasmáticos de ascorbato de mejor forma (81). Ensayos clínicos controlados, a gran escala, que utilicen dosis farmacológicas de vitamina C son necesarios para determinar si dosis más altas de vitamina C tienen o no algún valor terapéutico en la prevención o el tratamiento del resfrío común. Para una discusión más detallada sobre la vitamina C y el resfrío común, vea el Boletín de Investigación de Primavera/Verano del 2006 del Instituto Linus Pauling.

Fuentes

Fuentes alimenticias

Como se muestra en la tabla a continuación, diferentes frutas y verduras varían en su contenido de vitamina C (100), pero 5 porciones (2½ tazas) de frutas y verduras deberían promediar cerca de 200 mg de vitamina C. Si desea revisar el contenido de nutrientes de los alimentos, busque en la base de datos de composición de los alimentos del USDA.

Alimento Porción Vitamina C (mg)
Jugo de naranja ¾ taza (6 onzas) 62-93
Jugo de pomelo rosado ¾ taza (6 onzas) 62-70
Naranja 1 mediano 70
Pomelo rosado ½ mediano 38
Frutillas 1 taza, enteras 85
Tomate 1 mediano 16
Pimiento rojo dulce ½ taza, crudo y picado 95
Brócoli ½ taza, cocido 51
Papa 1 mediano, al horno 17

 

Suplementos

La vitamina C (ácido L-ascórbico) se encuentra disponible en muchas formas, pero hay poca evidencia científica de que cualquiera de sus formas sea mejor absorbida o más efectiva que las otras. La mayoría de las investigaciones clínicas y experimentales utilizan ácido ascórbico o ascorbato de sodio.

Vitamina C natural vs. sintética

El ácido L-ascórbico natural y el sintético son químicamente idénticos y no hay diferencias conocidas en su actividad biológica o su biodisponibilidad (101).

Ascorbatos minerales

Las sales minerales del ácido ascórbico se encuentran tamponadas y, por lo tanto, son menos acídicas que el ácido ascórbico. Algunas personas las consideran menos irritantes para el tracto gastrointestinal que al ácido ascórbico. El ascorbato de sodio y el ascorbato de calcio son las formas más comunes, aunque existe una serie de otros ascorbatos minerales. El ascorbato de sodio generalmente aporta 111 mg de sodio (889 mg de ácido ascórbico) por cada 1,000 mg de ascorbato de sodio y el ascorbato de calcio puro provee 90-110 mg de calcio (890-910 mg de ácido ascórbico) por cada 1,000 mg de ascorbato de calcio.

Vitamina C y bioflavonoides

Los bioflavonoides son una clase de pigmentos vegetales hidrosolubles que con frecuencia se encuentran en frutas y vegetales ricos en vitamina C, especialmente en frutas cítricas. Existe poca evidencia de que los bioflavonoides en la mayoría de las preparaciones comerciales aumenten la biodisponibilidad o la eficacia de la vitamina C (102). Estudios en células de cultivo señalan que un grupo de bioflavonoides inhibe el transporte de la vitamina C hacia el interior de las células (103-105), y que la suplementación de ratas con quercetina y vitamina C disminuyó la absorción intestinal de vitamina C (103). Se necesita de más investigación para determinar la importancia de estos hallazgos en humanos.

Ascorbato y metabolitos de la vitamina C

Un suplemento, el Ester-C®, contiene principalmente ascorbato de calcio, pero también contiene pequeñas cantidades de metabolitos de la vitamina C como deshidroascorbato (ácido ascórbico oxidado), treonato de calcio y niveles traza de xilonato y lixonato. Aunque se supone que los metabolitos incrementan la biodisponibilidad de la vitamina C, el único estudio en humanos publicado que aborda este tema no encontró diferencias en la absorción y la excreción urinaria de vitamina C entre el Ester-C® y las tabletas de ácido ascórbico disponibles comercialmente (102). El Ester-C® no debiera confundirse con el palmitato de ascorbilo, el que también se comercializa como "éster de vitamina C" (véase más abajo).

Palmitato de ascorbilo

El palmitato de ascorbilo es de hecho un éster de la vitamina C (por ejemplo, vitamina C que ha sido esterificada a un ácido graso). En este caso, la vitamina C es esterificada a ácido palmítico, un ácido graso saturado, dando como resultado una forma liposoluble de vitamina C. El palmitato de ascorbilo ha sido añadido a una serie de cremas para la piel debido al interés en sus propiedades antioxidantes así como también en su importancia en la síntesis de colágeno (106). Aunque el palmitato de ascorbilo también se encuentra disponible como un suplemento oral, es probable que la mayoría de él sea hidrolizado (degradado) a ácido ascórbico y ácido palmítico en el tracto digestivo antes de ser absorbido (107). El palmitato de ascorbilo también se comercializa como "éster de vitamina C," el que no debiera ser confundido con Ester-C® (véase más arriba).

Para una revisión más detallada de la investigación científica sobre la biodisponibilidad de diferentes formas de vitamina C, vea La Biodisponibilidad de Diferentes Formas de Vitamina C

Seguridad

Toxicidad

Se ha propuesto, principalmente basado en experimentos in vitro o en reportes de casos aislados, que existe un conjunto de posibles problemas relacionados con las grandes dosis de vitamina C, los que incluyen mutaciones genéticas, defectos de nacimiento, cáncer, aterosclerosis, cálculos renales, "escorbuto de rebote," estrés oxidativo incrementado, absorción excesiva de hierro, deficiencia de vitamina B12 y erosión del esmalte dental. Sin embargo, ninguno de estos presuntos efectos nocivos para la salud se ha confirmado y no hay evidencia científica confiable de que las dosis elevadas de vitamina C (hasta 10 gramos/día en adultos) sean tóxicas o perjudiciales para la salud. Las preocupaciones de formación de cálculos renales con la suplementación con vitamina C se discute a continuación. Con la última IRN publicada en el 2000, se estableció por primera vez un nivel máximo de ingesta tolerable (NM) de vitamina C. Con el objetivo de prevenir que la mayoría de los adultos sufrieran de diarrea y trastornos gastrointestinales se recomendó un NM de 2 gramos (2.000 miligramos) diarios (7). Por lo general dichos síntomas no son serios, especialmente si se resuelven con la descontinuación temporal o la reducción de la suplementación con vitamina C en dosis elevadas. Para una revisión más completa de la respuesta del Instituto Linus Pauling al NM de vitamina C, vea el artículo, Las Nuevas Recomendaciones para Antioxidantes Dietéticos: Una Respuesta y Una Declaración de Principios por el Instituto Linus Pauling, en el Boletín de Primavera/Verano del 2000. Un debate más detallado acerca de la vitamina C y el riesgo de cálculos renales se puede encontrar a continuación en el artículo, ¿¿Qué ocurre con la vitamina C y los cálculos renales?, en el Boletín de Otoño/Invierno de 1999.

Nivel Máximo de Ingesta Tolerable (NM) para vitamina C
Grupo Etario NM (mg/día)
Infantes 0-12 meses Imposible de determinar*
Niños 1-3 años 400
Niños 4-8 años 650
Niños 9-13 años  1.200
Adolescentes 14-18 años 1.800
Adultos 19 años y más 2.000

*La fuente de la ingesta debiera ser de alimentos y fórmula.

¿Promueve la vitamina C el daño oxidativo bajo condiciones fisiológicas? Se sabe que la vitamina C funciona como un antioxidante altamente efectivo en los organismos vivos. Sin embargo, en experimentos en tubos de ensayos, la vitamina C puede interactuar con algunos iones metálicos libres para producir radicales libres potencialmente dañinos. Aunque generalmente bajo condiciones fisiológicas no se encuentran iones metálicos libres, la idea de que dosis elevadas de vitamina C podrían ser capaces de promover el daño oxidativo in vivo ha recibido mucha atención. Se ha dado una amplia publicidad a algunos estudios que postulan un efecto pro-oxidante de la vitamina C (108, 109), pero estos estudios resultaron ser deficientes o fisiológicamente irrelevantes. Una revisión exhaustiva de la literatura no encontró evidencia científica fidedigna de que la vitamina C promueva el daño oxidativo bajo condiciones fisiológicas o en humanos (110). Los estudios que informaron de un efecto pro-oxidante de la vitamina C deberían ser evaluados cuidadosamente para determinar si el sistema del estudio fue fisiológicamente relevante y para descartar la posibilidad de fallas metodológicas o de diseño.

Por ejemplo, un estudio en la edición del 15 de junio del 2001 de la revista Ciencia (en inglés: Science) reportó que los hidroperóxidos de lípidos (moléculas de grasa rancia) pueden reaccionar con la vitamina C para formar productos que potencialmente podrían dañar el ADN, aunque en este estudio no se demostró la reacción de estos productos con el ADN (108). Para descubrir porqué el Instituto Linus Pauling considera las conclusiones de este estudio injustificadas, vea ¿La Vitamina C no causa cáncer! en el Boletín del Instituto Linus Pauling.

Cálculos renales

Debido a que el oxalato es uno de los metabolitos de la vitamina C, existe cierta preocupación de que la ingesta elevada de vitamina C incremente el riesgo de cálculos renales de oxalato. Algunos estudios (111-113), aunque no todos (114-116), han informado que la vitamina C suplementaria incrementa los niveles de oxalato urinario. Se ha observado en estudios epidemiológicos si cualquier incremento en los niveles de oxalato se traduciría en un aumento del riesgo de cálculos renales. Dos estudios prospectivos de gran tamaño, uno siguiendo a 45.251 hombres por seis años y el otro siguiendo a 85.557 mujeres por 14 años, reportaron que un consumo diario igual o mayor a 1.500 mg de vitamina C no incrementó el riesgo de formación de cálculos renales comparado con aquellos que consumieron diariamente menos de 250 mg. Sin embargo, un estudio prospectivo más reciente que siguió a 45.619 hombres por 14 años encontró que aquellos que consumieron ≥1,000 mg/día de vitamina C tenían un riesgo de cálculos renales un 41% más alto en comparación a los hombres que consumieron <90 mg de vitamina C diariamente—la ración dietética recomendada actual (véase IRN; (117)). En este estudio, también se asociaron a las ingestas bajas (90-249 mg/día) de vitamina C (principalmente de la dieta) con un riesgo significativamente elevado. En este estudio, la ingesta de vitamina C suplementaria sólo se asoció débilmente con un riesgo incrementado de cálculos renales (117). A pesar de los resultados contradictorios, sería prudente para los individuos con predisposición a formar cálculos renales de oxalato evitar la suplementación con vitamina C en dosis elevadas.

Interacción con drogas

Se sabe que una serie de drogas disminuyen los niveles de vitamina C, haciendo necesario un aumento en su ingesta. Se sabe que los anticonceptivos que contienen estrógeno (píldoras anticonceptivas) disminuyen los niveles de vitamina C en el plasma y en los leucocitos. La aspirina puede disminuir los niveles de vitamina C si se toma con frecuencia. Por ejemplo, se ha informado que tomar dos tabletas de aspirina cada 6 horas por una semana disminuye en un 50% los niveles de vitamina C en los leucocitos, principalmente por el aumento de la excreción urinaria de vitamina C (118).

Hay evidencia, aunque controversial, de que la vitamina C interactúa con medicamentos anticoagulantes (adelgazantes de sangre) como la warfarina (Coumadin). Las dosis grandes de vitamina C podrían bloquear la acción de la warfarina, necesitando un aumento en la dosis para mantener su efectividad. Las personas que toman anticoagulantes deberían limitar su ingesta de vitamina C a 1 gramo/día y que el médico a cargo de su terapia anticoagulante monitoree su tiempo de protrombina. Debido a que se ha encontrado que las dosis elevadas de vitamina C interfieren con la interpretación de ciertas pruebas de laboratorio (por ejemplo: bilirrubina sérica, creatinina sérica, y el test de guayaco para sangre oculta), es importante informarle al médico de cualquier uso reciente de cualquier suplemento (119).

Suplementos antioxidantes e inhibidores de la HMG-CoA reductasa (estatinas)

Un ensayo clínico controlado y aleatorizado de 3 años en 160 pacientes con enfermedad coronaria (EC) documentada y niveles bajos de HDL encontró que una combinación de simvastatina (Zocor) y niacina incrementó los niveles de HDL2, inhibió la progresión de la estenosis de la arteria coronaria (estrechamiento), y disminuyó la frecuencia de los eventos cardiovasculares como infarto del miocardio (ataque al corazón) y accidente cerebrovascular (120). Sorprendentemente, cuando se tomó una combinación de antioxidantes (1,000 mg de vitamina C, 800 UI de alfa-tocoferol, 100 mcg de selenio, y 25 mg de beta-caroteno a diario) junto a la combinación de simvastatina-niacina, los efectos protectores disminuyeron. Ya que los antioxidantes se tomaron juntos en este ensayo, no se puede determinar la contribución individual de la vitamina C. En comparación, un ensayo clínico controlado y aleatorizado mucho más grande en más de 20.000 hombres y mujeres con EC o diabetes encontró que la simvastatina y una combinación de antioxidantes (600 mg de vitamina C, 250 mg de vitamina C, y 20 mg de beta-caroteno diariamente) no disminuyó los efectos cardioprotectores de la terapia con simvastatina durante un periodo de 5 años (121). Estos hallazgos contradictorios señalan a que se necesita más investigación acerca de la posible interacción entre los suplementos antioxidantes y las drogas hipocolesterolemiantes, como los inhibidores de la HMG-CoA reductasa (estatinas).

Recomendación del Instituto Linus Pauling

Para hombres y mujeres sanos, el Instituto Linus Pauling Recomienda una ingesta diaria de vitamina C de al menos 400 mg. Consumir diariamente al menos cinco porciones (2½ tazas) de frutas y verduras aporta cerca 200 mg de vitamina C. La mayoría de los suplementos multivitamínicos provee 60 mg de vitamina C. Para asegurarse de que se cumple con la recomendación del Instituto, se recomienda tomar la vitamina C suplementaria en dos dosis separadas de 250 mg, una en la mañana y otra en la tarde.

Adultos mayores (> 50 años)

Aunque aún no se sabe con certeza si los adultos mayores tienen requerimientos de vitamina C más altos que los de la gente más joven, se ha encontrado que algunas poblaciones de adultos mayores tienen ingestas de vitamina C considerablemente por debajo de la IRN de 90 y 75 mg/día para hombres y mujeres, respectivamente. Una ingesta de vitamina C de al menos 400 mg diarios podría ser particularmente importante en adultos mayores que se encuentran en un riesgo más alto de enfermedades crónicas. Además, un meta-análisis de 36 publicaciones que examinan la relación entre la ingesta de vitamina C y las concentraciones plasmáticas de vitamina C concluyó que los adultos mayores (edades entre 60 y 96 años) tienen niveles plasmáticos de vitamina C considerablemente más bajos luego de una cierta ingesta de vitamina C en comparación con individuos más jóvenes (edades entre 15 y 65 años) (122), sugiriendo que los adultos mayores podrían tener requerimientos de vitamina C más altos. Los estudios desarrollados en los Institutos Nacionales de Salud indicaron que el plasma y las células en circulación en individuos jóvenes y sanos, alcanzaban concentraciones de vitamina C cercanas a la máxima con una dosis próxima a los 400 mg/día—una dosis mucho más alta que la IRN actual. Aún no se han llevado a cabo estudios farmacocinéticos en adultos mayores, pero la evidencia sugiere que la eficiencia de uno de los mecanismos moleculares para la captación celular de la vitamina C declina con la edad (123). Debido a que maximizar los niveles sanguíneos de vitamina C podría ser importante en la protección de las células y las moléculas biológicas contra el daño oxidativo, una ingesta de vitamina C de al menos 400 mg diarios es especialmente importante para los adultos mayores que se encuentran en un riesgo más alto de enfermedades crónicas causadas, en parte, por daño oxidativo, como las enfermedades cardiacas, los accidentes cerebrovasculares, ciertos tipos de cáncer y cataratas.

Para más información respecto a la diferencia entre la recomendación del Dr. Linus Pauling y la recomendación del Instituto Linus Pauling para la ingesta de vitamina C, seleccione el texto destacado.

Referencias


Escrito en Enero de 2006 por:
Jane Higdon, Ph.D.
Instituto Linus Pauling de la Universidad Estatal de Oregon

Actualizado en Noviembre de 2009 por:
Victoria J. Drake, Ph.D.
Instituto Linus Pauling de la Universidad Estatal de Oregon

Revisado en Noviembre de 2009 por:
Balz Frei, Ph.D.
Director y Cátedra, Instituto Linus Pauling
Distinguido Profesor del Departamento de Bioquímica y Biofísica
Universidad Estatal de Oregon

Traducido al Español en 2012 por:
Guillermo Sandoval, Facultad de Odontologia, Universidad de Chile;
Revisado y editado en Diciembre 2012 por:
Andrew F.G. Quest, Ph.D. y Lisette Leyton, Ph.D.,
Profesores Titulares del Instituto de Ciencias Biomédicas,
Facultad de Medicina, Universidad de Chile,
en el marco del proyecto Anillo #ACT1111, grupo NEMESIS.

La traducción de el MIC del Inglés al Español fue asegurado, en parte, por una subvención de Bayer Consumer Care AG, Basel, Switzerland.

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