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Resumen

  • La vitamina C, también conocida como ácido ascórbico, es una vitamina hidrosoluble. A diferencia de la mayoría de mamíferos y otros animales, los humanos no tienen la habilidad de producir ácido ascórbico y deben de obtener la vitamina C de su dieta.
  • Dentro de nuestros cuerpos, las funciones de la vitamina son un cofactor esencial en numerosas reacciones enzimáticas, p. ej., en la biosíntesis del colágeno, carnitina, y catecolaminas, y como un potente antioxidante. (Más información)
  • Estudios de cohorte prospectivos indicaron que altas ingestas de vitamina C ya sea de una dieta o suplementos están relacionadas con la disminución del riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares (ECV), incluyendo enfermedades coronarias y accidentes cerebrovasculares. (Más información)
  • Estudios de cohorte observacionales reportaron ninguna o ligera asociación inversa entre la ingesta de vitamina C y el riesgo de desarrollar algún tipo conocido de cáncer. Ensayos controlados aleatorios no han mostrado algún efecto de la suplementación de vitamina C en casos de cáncer. (Más información)
  • Estudios de cohorte prospectivos indicaron que altos niveles de vitamina C en la sangre están asociados con un bajo riesgo de muerte por todas-causas, cáncer y ECV. (Más información)
  • Dosis farmacológicas de vitamina C, administradas vía intravenosa son generalmente seguras y bien toleradas en pacientes con cáncer. El potencial de ácido ascórbico vía intravenosa como una terapia adyuvante para el cáncer está actualmente bajo investigación en la fase II de ensayos clínicos. (Más información)
  • En conjunto, hay evidencia de que el uso regular de suplementos de vitamina C acorta la duración del resfriado común, pero el efecto en el tratamiento de este puede ser limitado. (Más información)
  • Suplementos de vitamina C están disponible en varias formas, pero hay poca evidencia científica de que alguna de esas formas sea mejor absorbida o más efectiva que otra. (Más información)
  • No hay evidencia científica de que grandes cantidades de vitamina C (mayor de 10gr/día en adultos) ejerza algún desfavorable o toxico efecto. Un nivel superior a 2gr/día es recomendado en orden para prevenir algunos adultos de experimentar diarrea y alteraciones gastrointestinales. (Más información)
  • Vitamina C suplementaria incrementa los niveles de oxalato urinario, pero si un incremento en el oxalato urinario eleva el riesgo de padecer cálculos renales aun no es bien conocida. Aquellos predispuestos a padecer piedras en los riñones pueden considerar evitar una alta dosis (≥1,000 mg/día) de suplementación de vitamina C. (Más información)

Función

La vitamina C es un potente agente reductor, esto significa que fácilmente dona electrones a moléculas receptoras. Relacionadas a el potencial de oxidación-reducción (reacción redox), dos de las principales funciones de la vitamina C son actuar como antioxidante y como un cofactor de enzimas (1, 2).

La vitamina C es el hidrosoluble y no-enzimático antioxidante primario en el plasma y tejidos (1, 2). Incluso en pequeñas cantidades la vitamina C puede proteger moléculas indispensables en el cuerpo, como proteínas, lípidos (grasas), carbohidratos, y ácidos nucleicos (ADN y ARN), de daños por radicales libres y especies reactivas de oxigeno (ERO) que son generados durante el metabolismo normal, activando células, y a través de la exposición de toxinas y contaminantes (p. ej., ciertas drogas de la quimioterapia y el humo de cigarros). La vitamina C también participa en el reciclado de la reacción redox de otros antioxidantes importantes; por ejemplo, la vitamina C es conocida por regenerar vitamina E de su forma oxidada (3, 4).

El papel de la vitamina C como un cofactor está también relacionado a su potencial redox. Manteniendo metales unidos a enzimas en su forma reducida, la vitamina C asiste funciones mixtas de oxidasas en la síntesis de algunas biomoléculas críticas (1, 2). Síntomas de la deficiencia de vitamina C, como la lenta cicatrización de heridas y fatiga, resultan del deterioro de estas reacciones enzimáticas y la insuficiente síntesis de colágeno, carnitina, y catecolaminas (ver Deficiencia). Investigaciones también sugieren que la vitamina C está involucrada en el metabolismo del colesterol en ácidos biliares, la cual puede tener implicaciones en los niveles de colesterol en la sangre y la incidencia de colelitiasis o cálculos biliares (5).

Finalmente, la vitamina C incrementa la biodisponibilidad de hierro en alimentos, mejorando la absorción intestinal de hierro no heminico (ver el articulo en Hierro) (1).

Biodisponibilidad

Experimentos de eliminación y reposición farmacocinéticos demostraron que la concentración de vitamina C en el plasma está fuertemente controlada por tres mecanismos primarios: absorción intestinal, transporte en el tejido y reabsorción renal (6). En respuesta al incremento de dosis orales de vitamina C, la concentración de vitamina C del plasma se eleva abruptamente en dosis entre 30 y 100ml/día y alcanza un estado estable en concentración (60 a 80 micromoles/L) en dosis de 200 a 400 mg/día en adultos jóvenes sanos (7, 8). Un cien por ciento de eficacia en la absorción es observada cuando hay una ingesta de vitamina C en dosis separadas de 200mg a la vez. Una vez el ácido ascórbico en el plasma alcanza niveles de saturación, vitamina C adicional es excretada en gran parte por la orina. Notablemente, la administración de vitamina C vía intravenosa sobrepasa el control de absorción en el intestino tales concentraciones de ácido ascórbico pueden ser alcanzadas en el plasma; con el tiempo, la excreción renal restaura el nivel plasmático base de la vitamina C (ver Tratamiento del Cáncer) (9).

Mientras la concentración de vitamina C en el plasma refleja la reciente ingesta dietaría, los leucocitos (glóbulos blancos) reflejan más detalladamente el almacenamiento en los tejidos. Sin embargo, un reciente ensayo controlado aleatorio (RCT por sus siglas en Inglés) demostró que el musculo esquelético humano, una fuente principal de almacenamiento para la vitamina C, es altamente lábil y más sensible a la ingesta de vitamina C que a la de neutrófilos o células mononucleares (abarcando uno de los principales tipos de leucocitos) (10). Por lo tanto, la concentración de la vitamina C en leucocitos no reflejan precisamente el ácido ascórbico en los músculos esqueléticos y puede sobreestimar el consumo de ácido ascórbico en el tejido muscular. Sin embargo, la concentración de ácido ascórbico en plasma ≥50 micromoles/L son suficientes para saturar el tejido muscular en vitamina C.

Debido a la farmacocinética y estrecha regulación del ácido ascórbico plasmático, la suplementación con vitamina C tendrá efectos variables en vitamina C repleto (niveles de plasma cerca a la saturación) versus sub-optima (niveles de plasma <50 micromoles/L), ligeramente deficiente (niveles de plasma <28 micromoles/L), o severamente deficientes (niveles de plasma <11 micromoles/L) en individuos. Estudios científicos investigando la eficacia de la vitamina C para prevenir o tratar enfermedades necesitan evaluar el estatus de la línea de base de la vitamina C antes de embarcarse en una intervención o análisis estadístico (6, 11-13).

Para una más detallada discusión en la biodisponibilidad de diferentes formas de vitamina C, vea el artículo separado, La Biodisponibilidad de Las Diferentes Formas de Vitamina C.

Deficiencia

Una deficiencia severa de vitamina C ha sido conocida por muchos siglos como una enfermedad potencialmente fatal, el escorbuto. A Finales de 1700, la marina Británica estaba consciente que el escorbuto podía curarse comiendo naranjas o limones, aunque el ácido ascórbico no sería aislado hasta principios de 1930. Los síntomas del escorbuto incluyen hemorragia subcutánea, deficiencia en la cicatrización de heridas y aparición de moretones fácilmente, caída de cabello y dientes, y dolor e hinchazón en las articulaciones. Tales síntomas parecen estar relacionados con el debilitamiento de los vasos sanguíneos, tejido conectivo y óseo, los cuales contienen colágeno. Los síntomas tempranos del escorbuto, como fatiga, pueden ser el resultado de la disminución de los niveles de carnitina, la cual es necesitada para obtener energía de lípidos, o de la disminución de la síntesis de la catecolaminas noradrenalina (ver Función). El escorbuto es raro en países desarrollados porque este puede ser prevenido por un mínimo de 10mg de vitamina C diariamente (14). Sin embargo, han ocurrido casos en niños e infantes con dietas muy restringidas (15, 16).

La Ingesta Diaria Recomendada (IDR)

En los Estados Unidos, la ingesta diaria recomendada (IDR) para la vitamina C fue revisado en el año 2000 en base de la previa recomendación de 60mg/día para hombres y mujeres. El IDR está basado en la cantidad de vitamina C ingerida, necesaria para mantener la concentración de neutrófilos con una mínima excreción urinaria de ácido ascórbico, el cual se considera que provee suficiente protección antioxidante (17). La ingesta recomendada para fumadores es de 35mg/día más que los no fumadores, porque fumadores están bajo un incremento de estrés oxidativo de las toxinas en el humo del cigarro y generalmente tienen niveles bajos de vitamina C en la sangre.

Ingesta Diaria Recomendada (IDR) para Vitamina C
Etapa de la Vida Edad Hombres (mg/día) Mujeres (mg/día)
Infantes 0-6 meses 40 (IA) 40 (IA)
Infantes 7-12 meses 50 (IA) 50 (IA)
Niños 1-3 años 15 15
Niños 4-8 años 25 25
Niños 9-13 años 45 45
Adolescentes 14-18 años 75 65
Adultos 19 años y más 90 75
Fumadores 19 años y más 125 110
Embarazo 18 años y menos - 80
Embarazo 19 años y más - 85
Amamantamiento 18 años y menos - 115
Amamantamiento 19 años y más - 120

Prevención de Enfermedades

La cantidad de vitamina C requerida para ayudar a prevenir enfermedades crónicas es superior que la cantidad querida para prevenir escorbuto. Información con respecto a la vitamina C y la prevención de enfermedades crónicas está basada en ambos observacional, y prospectivos estudios de cohorte y ensayos controlados aleatorios (randomized controlled trial; RCT por sus siglas en Inglés) (3, 11). Estudios de cohorte prospectivos evalúan la ingesta de vitamina C o el estado corporal en grandes cantidades de personas que son vigiladas con el tiempo, para determinar si desarrollan algún caso específico de enfermedad crónica. Pruebas aleatorias controladas evalúan el efecto de la suplementación de la vitamina C en la reducción de enfermedades crónicas en participantes aleatoriamente asignados para recibir ya sea vitamina C o placebo por una dicha duración de tiempo.

Enfermedades Cardiovasculares

Enfermedad coronaria

La enfermedad coronaria está caracterizada por la acumulación de placa dentro de las arterias que suministran sangre al corazón (aterosclerosis). Después de años de acumulación y daño a las arterias coronarias, la enfermedad coronaria puede culminar en un infarto del miocardio o ataque al corazón. Muchos estudios de cohorte prospectivos han examinado la relación entre la ingesta de vitamina C de la dieta y suplementos y el riesgo de padecer enfermedad coronaria, los resultados han sido agrupados y analizados en dos estudios diferentes (18, 19). En el 2004, un análisis combinado de nueve estudios de cohorte prospectivo encontró que la ingesta de vitamina suplementaria (≥400 mg/día en un promedio de 10 años), pero sin ingesta de vitamina dietética estaba inversamente asociada con el riesgo de padecer enfermedad coronaria (18). Al contrario, un meta-análisis del 2008 de 14 estudios de cohorte concluyeron que la ingesta dietaría, pero no suplementaria, de vitamina C estaba inversamente relacionada con el riesgo de padecer enfermedad coronaria (19). El más reciente exhaustivo estudio de cohorte prospectivo encontró una inversa asociación entre una ingesta de vitamina C dietaría y la mortalidad de enfermedad coronaria en mujeres japonesas, pero no en hombres (20). A pesar de la variable asociación en las fuentes de información, estos análisis indican una asociación inversa generalizada entre altas ingestas de vitamina C y el riesgo de enfermedad coronaria.

Limitaciones inherentes a la metodología de evaluación dietaría, tales como sesgo de recuerdo, errores de medición, y confusión residual, pueden contar como algunas de las inconsistentes asociaciones entre la ingesta de vitamina C y el riesgo de padecer la enfermedad coronaria. En orden para superar tales limitaciones, algunos estudios prospectivos miden niveles de plasma y suero de la vitamina C como un índice más confiable de la ingesta de vitamina C y como un biomarcador del estatus de vitamina C en el cuerpo. El Estudio Prospectivo Europeo sobre Dieta y Cáncer (EPIC), un estudio de cohorte prospectico de Norfolk investigo la relación entre el estatus de la vitamina C e incidentes de insuficiencia cardiaca en adultos saludables (9,187 hombres y 11,112 mujeres, entre 58.1±9.2 años) (21). Después de un promedio seguido de 12.8 años la vitamina C del plasma estuvo inversamente asociada con incidentes de casos de insuficiencia cardiaca. Específicamente, la vitamina C del plasma oscilaba entre aproximadamente 23-70 micromoles/L en hombres y 33-82 micromoles/L en mujeres; a través de este rango, cada 20 micromoles/L de incremento de la vitamina C en el plasma estaba asociada con un 9% de reducción del riesgo de insuficiencia cardiaca. Auto-informes del consumo de frutas y verduras; evaluado por cuestionarios de frecuencia de alimentos, no estuvo asociado con insuficiencia cardiaca, consistente con la noción de que limitaciones asociadas con los métodos de evaluación dietéticos pueden ser superados usando biomarcadores en la ingesta de nutrientes (22, 23).

Un meta-análisis de 13 ensayos controlados aleatorios evaluó el efecto de la suplementación de la vitamina C en colesterol sérico y triglicéridos, establecieron factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares (ECV) (24). El análisis incluyo 549 hipercolesterolémicos sujetos con un rango de 48-82 años, quienes recibieron suplementos o placebo en dosis entre 500 a 2,000 mg/día por 4 a 24 semanas. En general, la suplementación de vitamina C redujo significantemente los niveles en suero de lipoproteínas de baja densidad del colesterol (LDL-C) (-7.9 mg/dL, 95% de Intervalo de Confianza (CI): -12.3 a -3.5) y triglicéridos séricos (-20.1 mg/dL, 95% CI: -33.3 a -6.8), pero no tuvieron efecto en niveles de suero de lipoproteínas de alta densidad del colesterol (HDL-C). Por otro lado, una prueba controlada aleatoria en más de 14,000 hombres mayores que participaron en el Physicians' Health Study II (estudio de la salud de médicos II) encontraron que la suplementación de vitamina C (500 mg/día) en un promedio de 8 años no tuvieron un significante efecto en mayores eventos cardiovasculares, infarto total al miocardio, o mortalidad cardiovascular (25). Notablemente, este estudio tuvo varias limitaciones (26), incluyendo la medición del nivel de vitamina C y el reclutamiento de una población adecuadamente nutrida.

En general, los resultados de análisis individuales y agrupados de exhaustivos estudios prospectivos en conjunto con información farmacocinética de vitamina C en humanos (ver Biodisponibilidad) y pruebas aleatorias controladas (RCT) sugieren que la máxima reducción del riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares (ECV) pueden requerir ingestas de vitamina C de 400 mg/día o más (27).

Accidente cerebrovascular

Un accidente cerebrovascular o apoplejía, pueden ser clasificadas como hemorrágicos o isquémicos. Un ictus o accidente cerebrovascular hemorrágico, ocurre cuando un vaso sanguíneo debilitado se rompe y sangra dentro del tejido que rodea el cerebro. Un ictus o accidente cerebrovascular isquémico ocurre cuando hay una obstrucción dentro de un vaso sanguíneo el cual bloquea el flujo de sangre hacia el cerebro. La mayoría (80%) de casos de accidente cerebrovascular son de naturaleza isquémica y están asociados con aterosclerosis como una condición subyacente (28).

Con respecto a la vitamina C y accidentes cardiovasculares, un estudio de cohorte prospectivo que asistió más de 2,000 residentes de un comunidad Japonesa rural por más de 20 años encontró que el riesgo de padecer un accidente cardiovascular en aquellos con niveles altos de vitamina C en suero fue 29% más bajo que en aquellos con el nivel más de vitamina C en el suero (29). Adicionalmente, el riesgo de un accidente cerebrovascular en aquellos que consumieron vegetales entre 6-7 días a la semana fue 54% más bajo que en aquellos que consumieron vegetales entre 0-2 días a la semana. Similarmente, el estudio de EPIC-Norfolk, un estudio de cohorte de 10 años en 20,649 adultos, encontró que individuos con niveles de vitamina C en el plasma en el cuartil superior (25%) tuvieron un 42% más bajo riesgo de un accidente cerebrovascular comparado con aquellos en el cuartil más bajo (30). En ambas japonesa (29) y EPIC-Norfolk (30) poblaciones, los niveles de vitamina C en suero fueron altamente correlacionados con la ingesta de frutas y vegetales. Por lo tanto, como en muchos estudios de ingesta de vitamina C y el riesgo de padecer enfermedades crónicas, es difícil de separar los efectos de la vitamina C de los efectos de otros componentes en frutas y vegetales, enfatizando los beneficios de una dieta rica en frutas y vegetales en la reducción del riesgo de accidentes cerebrovasculares. Por ejemplo, el potasio — encontrado en altos niveles en plátanos, papas, y otras frutas y verduras — es conocido por ser importante en la regulación de la presión sanguínea, y una elevada presión sanguínea es un mayor factor de riesgo en accidentes cerebrovasculares (ver el articulo en Potasio). Por lo tanto los niveles de vitamina C en el plasma pueden ser un adecuado biomarcador para la ingesta de frutas y verduras y otros factores en el estilo de vida que contribuyen a una reducción del riesgo de un accidente cerebrovascular.

Algunos estudios han investigado el efecto de la suplementación de vitamina C en tipos específicos de accidentes cerebrovasculares. Una pequeña prueba aleatoria controlada (RCT) realizada en 60 pacientes con un accidente cerebrovascular isquémico demostró que una suplementación intravenosa de vitamina C (500 mg/día por 10 días, iniciada en el día 1 después del accidente) no tuvo efecto en los marcados de suero de estrés oxidativo o resultados neurológicos comparado con el placebo, el cual fue administrado en ambos, pacientes de accidente cardiovascular y pacientes con controles sanos (31). Una prueba aleatoria, doble ciega, con placebo controlada en más de 14,000 hombres mayores que participaron en el Physicians’ Health Study II (PHS II) encontraron que la suplementación de vitamina C (500mg/día) en un lapso de 8 años no tuvieron un significante efecto en la incidencia de o mortalidad de ningún tipo de accidente cardiovascular (25). Sin embargo, este estudio tuvo numerosas limitaciones que hacen difícil sacar conclusiones para la población en general (26).

Hipertensión

En un análisis que combino datos de tres, grandes e independientes cohortes prospectivos: (1) Nurses' Health Study 1 (NHS1; 88,540 mujeres, edad promedio 49 años); (2) Nurses' Health Study 2 (NHS2; 97,315 mujeres edad promedio 36 años); y (3) Health Professionals Follow-up Study (HPFS; 37,375 hombres edad promedio 52 años), altas ingestas de fructosa y vitamina C no estuvieron asociadas con el riesgo de desarrollar hipertensión (32). Por otra parte, cuando la concentración de vitamina C en el plasma es medida, superando así algunas de las limitaciones de la evaluación dietética (23), estudios transversales consistentemente indican que la concentración vitamina C en el plasma esta inversamente relacionada a la presión sanguínea en ambos hombres y mujeres (33-35).

Cáncer

En general, estudios observacionales prospectivos de cohorte reportaron nula o modesta asociación inversa entre la ingesta de vitamina C y el riesgo de desarrollar un tipo dado de cáncer (3, 36-38). Detalle adicional es proporcionado a continuación en estos sub-tipos de cáncer con información científica substancial obtenida de estudios prospectivos de cohorte. Ensayos controlados aleatorios, doble ciegos, con placebo, que han probado el efecto de la suplementación de vitamina C (sola o en combinación con otros nutrientes antioxidantes) en incidencias de cáncer o mortalidad no han mostrado efecto (39).

Cáncer de seno/mama

Dos exhaustivos estudios prospectivos encontraron que la ingesta de vitamina C dietaría esta inversamente asociada con incidencias de cáncer de pecho en ciertos subgrupos. En el Nurses' Health Study, mujeres pre-menopáusicas con un historial familiar de cáncer de seno que consumieron un promedio de 205 mg/día de vitamina C de su dieta diaria, tuvieron un 63% menos riesgo de padecer cáncer de seno que aquellas que consumieron un promedio de 70 mg/día (40). En el Cohorte de Mamografía Sueco (Swedish Mammography Cohort) mujeres con sobrepeso que consumieron un promedio de 110 mg/día de vitamina C tuvieron un 39% menos riego de padecer cáncer de seno comparado con mujeres con sobrepeso que consumieron un promedio de 31 mg/día (41). Los más recientes estudios prospectivos de cohorte han encontrado ninguna asociación entre la ingesta de vitamina C dietaría y/o suplementaria y el cáncer de seno (42-44).

Cáncer de estomago

Un número de estudios observacionales han encontrado una alta ingesta de vitamina C dietaría está asociada con una disminución del riesgo de contraer cáncer de estómago, y experimentos de laboratorio indican que la vitamina C inhibe la formación de compuestos carcinógenos N-nitrosos en el estómago (45-47). Un estudio caso-control anidado en el estudio de EPIC encontró una asociación inversa entre la vitamina C en el plasma e incidentes de cáncer gástrico en los más elevados (≥51 micromoles/L) versus los más bajos (<29 micromoles/L) cuartiles de la concentración de vitamina C en el plasma (Razón de Momios (RM) o (Odds Ratio OR): 0.55, 95% CI: 0.31-0.97); ninguna asociación entre la ingesta de vitamina C dietaría y el cáncer gástrico fue observada (48).

Una infección de la bacteria Helicobacter pylori (H. pylori) es conocida por incrementar el riesgo de cáncer de estómago y está asociada con un bajo contenido de vitamina C en las secreciones estomacales (49, 50). Aunque dos estudios de intervención no encontraron una disminución en la ocurrencia de cáncer de estómago con una suplementación de vitamina C (17), investigaciones más recientes sugieren que la suplementación de vitamina C puede ser útil como adición a la terapia estándar en la erradicación de la H.pylori reduciendo el riesgo de cáncer de gástrico (51). Debido a que la vitamina C puede inactivar ureasa, una enzima que facilita la supervivencia y colonización de la bacteria H.pylori en la mucosa gástrica en un pH bajo, la vitamina C puede ser la más efectiva como un agente profiláctico en ella sin aclorhidria (52).

Cáncer de colon

Mediante la combinación de datos de 13 estudio de cohorte comparando 676,141 participantes, fue determinado que la ingesta de vitamina C de la dieta no estuvo asociada con el cáncer de colon, mientras el total de la ingesta de vitamina C (ej. proveniente de comida o suplementos) estuvo asociada con un riesgo modestamente disminuido de cáncer de colon (Riesgo Relativo (RR): 0.81, 95% CI: 0.71-0.92, >600 vs. ≤100 mg/día) (53). Cada uno de los estudios de cohorte uso cuestionarios de frecuencia alimenticia auto-administrados como línea de base para evaluar la ingesta de vitamina C. Aunque el análisis se ajustaba para varios tipos de estilo de vida y conocidos factores de riesgo, los autores señalan que otros comportamientos saludables y/o la ingesta de folato pueden haber confundido la asociación.

Linfoma no Hodgkin

Un estudio prospectivo basado en población, el Iowa Women’s Health Study, recolecto datos base en la dieta y suplementos usados en 35,159 mujeres (entre 55-69 años de edad) y evaluó el riesgo de desarrollar linfoma no Hodgkin después de 19 años de seguimiento (54). En general, una asociación inversa entre la ingesta de frutas y verduras y el riesgo de padecer linfoma no Hodgkin fue observado. Adicionalmente, una dietaría pero no suplementaria ingesta de vitamina C y otros nutrientes antioxidantes (carotenoides, proantocianidinas, y manganeso) estuvo inversamente asociada con el riesgo de linfoma no Hodgkin, sugiriendo que la asociación de linfoma no Hodgkin con esos tipos de antioxidantes individuales pueden ser mediados a través de fuentes de alimentos. El Women's Health Initiative fue un amplio, multicéntrico prospectivo estudio que evaluó la asociación entre la ingesta de nutrientes antioxidantes y el riesgo de padecer de linfoma no Hodgkin entre otras enfermedades crónicas, en 154,363 mujeres postmenopáusicas (55). Después de 11 años de seguimiento, la ingesta dietaría y suplementaria de vitamina C en la línea de base estuvo inversamente asociada con el Linfoma difuso de células B un sub-tipo de linfoma no Hodgkin.

Enfermedad de Alzheimer

La mayoría de los estudios más exhaustivos, basados en la población que examinaron la relación de la ingesta o suplementación de ácido ascórbico con la incidencia de la enfermedad de Alzheimer han reportado resultados nulos (56). Notablemente estos tipos de estudios están limitados por medidas subjetivas de la exposición al ácido ascórbico, las cuales pueden ser incluso menos fiables en los participantes del estudio con deterioro cognitivo. Para superar esta limitación del estudio, la relación entre la vitamina C del plasma (un marcador del estatus de la vitamina C del cuerpo) y la función cognitiva ha sido examinada en algunos estudios observacionales. En general, un nivel más alto de ácido ascórbico en el plasma es asociado con una mejor función cognitiva o un riesgo más bajo de un deterioro cognitivo (56), y la concentración del ácido ascórbico plasmático tiende a ser más bajo en pacientes con Alzheimer (57).

Pocos estudios han medido la concentración del ácido ascórbico en el líquido cefalorraquídeo (LCR), el cual se piensa que refleja mejor el estatus de la vitamina C del cerebro. El ácido ascórbico se concentra en el cerebro a través de una combinación del transporte activo en el tejido cerebral y a través de la barrera hematoencefálica (56). Aunque la vitamina C del LCR se mantiene en niveles varias veces mayor que la vitamina C en el plasma, la precisa función de la vitamina en la función cognitiva y la etiología del Alzheimer se desconoce aún. En un pequeño estudio longitudinal de biomarcadores en 32 individuos con probable Alzheimer, un ácido ascórbico del LCR más alto en proporción al ácido ascórbico plasmático al inicio del estudio se asoció con una tasa menor de deterioro cognitivo al año de seguimiento (58). La intensidad de esta relación fue modificada por el Índice Albumina en LCR, un marcador de la integridad de la barrera hematoencefálica; esto sugiere que la disfunción de la barrera hematoencefálica puede llevar a la disfunción del AA del sistema nervioso central y perjudicar la habilidad del cerebro de mantener una alta proporción entre el ácido ascórbico del LCR y el plasma. La importancia de la proporción entre el ácido ascórbico del LCR y el del plasma en la progresión del Alzheimer requiere de más estudio.

El efecto de la suplementación con vitamina C, en combinación con otros antioxidantes, en los biomarcadores del LCR y la función cognitiva ha sido probado en dos ensayos que involucraban pacientes con Alzheimer. En un pequeño (n=23) ensayo abierto la suplementación combinada de vitamina C (1,000 mg/día) y vitamina E (400 IU/día) en pacientes con Alzheimer que tomaban un inhibidor de la colinesterasa significantemente incrementaron los niveles de antioxidantes y disminuyo la oxidación de lipoproteínas en el LCF después de un año, pero no tuvo efecto en el curso clínico del Alzheimer en comparación con los controles (59). Un descubrimiento similar se obtuvo en un ensayo controlado aleatorio, doble ciego en el cual una suplementación combinada con vitamina C (500 mg/día), vitamina E (800 IU/día) y acido α-lipoico (900 mg/día) por 16 semanas redujo la oxidación de lipoproteínas en el LCR, pero suscito ningún beneficio clínico en individuos con leve a moderato Alzheimer (n=78) (60). En este último ensayo, un mayor decline en puntuaciones del Mini Examen del Estado Mental (MEEM) fue observado en el grupo suplementado, sin embargo, la importancia de esta observación permanece inconclusa.

En este momento, evitar la deficiencia o insuficiencia de ácido ascórbico, en lugar de la suplementación en individuos repletos, parece prudente para la fomentación de un envejecimiento saludable del cerebro (57).

Cataratas

El cristalino del ojo enfoca la luz, produciendo una clara, detallada imagen en la retina, una capa de tejido en la pared posterior dentro del globo ocular (61). Cambios relaciones con la edad a el cristalino (engrosamiento, perdida de flexibilidad) y daño oxidativo contribuyen a la formación de cataratas, nubosidad u opacidad en el cristalino interfieren con un claro enfoque de la imágenes en la retina.

Niveles de vitamina C bajos en el cristalino del ojo han sido asociados con el incremento en la severidad de las cataratas (61). Algunos, pero no todos los estudios observacionales han reportado que un incremento en la ingesta dietaría (62-64) o un incremento en la concentración de vitamina C en la sangre (65-66) está asociado con la disminución del riego de formación de cataratas. En general, estos estudios han encontrados una relación que sugiere que la ingesta de vitamina C puede tener que ser superior a 300 mg/día por un número de años antes de que un efecto protector pueda ser detectado (3).

Una revisión Cochrane de pruebas aleatorias controlada en el 2012 concluyo que no hay evidencia que suplementos solos o mezclados de vitaminas antioxidantes (β-caroteno, vitamina C, y vitamina E) influyen en el desarrollo o progresión de las cataratas seniles (67). En efecto, dos estudios prospectivos de cohorte en hombres suecos (68) y mujeres (69) reportaron que altas dosis de suplementos de nutrientes individuales de vitamina C estuvieron asociados con el incremento del riesgo de padecer cataratas especialmente en aquellos con una terapia corticosteroide.

Aunque pruebas aleatorias controladas no han respaldado el uso de altas dosis de suplementación de vitamina C en la prevención de cataratas, hay una consistente inversa asociación observada entre altas ingestas diarias de frutas y vegetales (>5 raciones/día) y el riego de cataratas (64).

La gota

La enfermedad de la gota, una condición que aflige más del 4% de estadounidenses adultos (70), está caracterizada por unos niveles anormalmente altos de ácido úrico en la sangre (urato) (71). Cristales de urato pueden formarse en las articulaciones, resultando en inflamación y dolor, como también en los riñones y tracto urinario, resultando en cálculos renales. La tendencia a desarrollar elevados niveles de ácido úrico en la sangre y la enfermedad de la gota es a menudo heredada; sin embargo, una modificación en la dieta o el estilo de vida pueden ser provechosos en ambos tratamiento y prevención de la gota (72). En un estudio observacional que incluyo 1,387 hombres, altas ingestas de vitamina C fueron asociadas con niveles bajos de ácido úrico en el suero (73). Más recientemente, un estudio prospectivo que siguió una cohorte de 46,994 hombres por un lapso de 20 años encontró que el total de ingesta diaria de vitamina C estaba inversamente asociada con la incidencia de la enfermedad de la gota, con altas ingestas siendo asociadas con una alta reducción de riesgo (74). El resultado de este estudio indico que la vitamina C suplementaria puede ser útil en la prevención de la enfermedad de la gota (74).

Un meta-análisis reciente de 13 ensayos controlados aleatorios revelo que la suplementación de vitamina C (una dosis media de 500 mg/día por una duración media de 30 días) redujeron modestamente las concentraciones de ácido úrico en el suero por -0.35 mg/dL comparado con placebo (95% CI: -0.66, -0.03) (75). Aunque disminuyendo el ácido úrico en el suero puede ayudar a prevenir un incidente y recurrente caso de enfermedad de la gota, más estudios necesitan probar esta posibilidad.

Papel en la inmunidad

La vitamina C afecta algunos componentes del sistema inmunológico humano; por ejemplo, se ha demostrado que la vitamina C estimula ambas producción (76-80) y función (81, 82) de leucocitos (glóbulos blancos), especialmente neutrófilos, linfocitos, y fagocitos. Medidas específicas de funciones estimuladas por la vitamina C incluyen motilidad celular (82), quimiotaxis (81, 82), y fagocitosis (81). Neutrófilos, fagocitos mononucleares, y linfocitos acumulan vitamina C en altas concentraciones, las cuales pueden proteger estos tipos de células de daño oxidativo (80, 83, 84). En respuesta a microorganismos invasores, leucocitos fagocíticos liberan toxinas no específicas, como radicales superóxidos, acido hipocloroso (“cloro”), y peroxinitrito; estas especies reactivas de oxigeno matan patógenos y, en el proceso, pueden dañarse los leucocitos también (85). La vitamina C a través de sus funciones antioxidantes, ha estado mostrando proteger los leucocitos de un auto-infligido daño oxidativo (86). Leucocitos fagocíticos también producen y liberan citoquinas, incluyendo interferones, los cuales tienen una actividad antiviral (87). La vitamina C ha estado mostrando que interfiere en los niveles de interferones in vitro (88).

El público en general piensa que la vitamina C aumenta la función inmunitaria, sin embargo estudios en humanos publicados hasta la fecha son contradictorios. Pruebas clínicas controladas adicionales son necesarias en demostrar concluyentemente que la vitamina C suplementaria mejora la función del sistema inmunitario en individuos adecuadamente alimentados.

Mortalidad

Dos exhaustivos estudios de cohorte prospectivos evaluaron la relación entre la ingesta de vitamina C de ambas dietaría y suplementarias fuentes y la mortalidad. En el Vitamins and Lifestyle Study, 55,543 hombres y mujeres (entre 50-76 años de edad) fueron cuestionados como línea de base sobre el uso de suplementos dietarios durante los 10 años previos (89). Después de 5 años de seguimiento, el uso de vitamina C suplementaria estuvo asociada con una ligera disminución del riesgo de mortalidad total, aunque ninguna asociación fue encontrada con ECV o una mortalidad especifica de cáncer. En el segundo estudio de cohorte prospectiva, the Diet, Cancer and Health Study 55,543 adultos daneses (entre 50-64 años) fueron cuestionados como línea de base acerca de su estilo de vida, dieta, y el uso de suplementos durante los 12 meses previos (90). Ninguna asociación entre la ingesta de vitamina C dietaría y suplementaria y mortalidad fue encontrada después de aproximadamente 14 años de seguimiento.

En contraste a estos estudios de evaluación dietaría, una fuerte asociación inversa entre el ácido ascórbico en el plasma y mortalidad por cualquier causa, ECV, y accidente cerebrovascular isquémico (y cáncer en hombres solo) fue observado en el EPIC-Norfolk multicéntrico, estudio de cohorte prospectivo (91). Después de aproximadamente 4 años de seguimiento en 19,496 hombres y mujeres (entre 45-79 años de edad) una continua relación fue observada tanto que cada 20 micromoles/L de incremento en el ácido ascórbico del plasma estuvo asociado con un ~20% de reducción del riesgo en una mortalidad por cualquier causa. Similarmente, altos niveles de vitamina C en el suero estuvieron asociados con una reducción del riesgo de cáncer y mortalidad por cualquier causa en 16,008 adultos de NHANES III (1994-1998) (92).

Tratamiento de Enfermedades

Enfermedades cardiovasculares

Vasodilatación

La habilidad de los vasos sanguíneos de relajarse o dilatarse (vasodilatación) está comprometida en individuos con aterosclerosis. El daño al musculo del corazón causado por un ataque al corazón y el daño al cerebro causado por un accidente cerebrovascular están relacionados, en parte, a la incapacidad de los vasos sanguíneos de dilatarse lo suficiente para permitirle a la sangre fluir hacia las áreas afectadas. El dolor de la angina de pecho esta también relacionado con la insuficiente dilatación de las arterias coronarias. Una vasodilatación deteriorada ha sido identificada como un factor de riesgo independiente en enfermedades cardiovasculares (93). Muchos estudios aleatorios, doble ciego, con placebo controlados han mostrado que el tratamiento con vitamina C resulta consistente en mejorar la vasodilatación en individuos con enfermedad coronaria, también en aquellos con angina de pecho, insuficiencia cardiaca congestiva, diabetes, colesterol alto, y una presión sanguínea elevada (3, 94-96). Un mejora en la vasodilatación ha sido demostrada en una dosis oral de 500 mg de vitamina C diaria (94).

Hipertensión

Un meta-análisis reciente de 29 pruebas de corto plazo (cada una incluyo de 10 a 120 participantes) indicaron que la suplementación de vitamina C en una dosis promedio de 500 mg/día por una duración media de ocho semanas redujo la presión sanguínea en ambos sanos, normotensos e hipertensos adultos (97). En individuos normotensos, los cambios agrupados en la presión sanguínea diastólica y sistólica fueron de -3.84 mm Hg y -1.48 mm Hg, respectivamente; en participantes hipertensivos, reducciones correspondientes fueron de -4.85 mm Hg y -1.67 mm Hg. La importancia del efecto hipotensor de la vitamina C en el riesgo de padecer ECV aún no ha sido determinado (98). Es importante para individuos con una significantemente elevada presión sanguínea no depender de la suplementación de vitamina C solamente para tratar su hipertensión, pero también buscar y continuar una terapia con medicación antihipertensiva y a través de dieta y cambios de estilo de vida consultando con su proveedor del cuidado de la salud.

Diabetes mellitus

Una fuerte asociación inversa entre la vitamina C en plasma y el riesgo de padecer de diabetes mellitus ha sido reportada en una cohorte de 21,831 hombres y mujeres del estudio EPIC (99). Adicionalmente, dos cuantiosos, estudios transversales basados en población reportaron una inversa asociación entre el la concentración de vitamina C en el suero o plasma y el nivel de hemoglobina A1c, un indicador de tolerancia a la glucosa (100, 101).

Enfermedades cardiovasculares (ECV) son la principal causa de muerte en individuos con diabetes. Evidencia que la diabetes es una condición del incremento de estrés oxidativo llevo a la hipótesis que altas ingestas de nutrientes antioxidantes podría ayudar a disminuir el riesgo de ECV en individuos diabéticos. Un estudio prospectivo de 16 años, de 85,000 mujeres, 2% de las cuales eran diabéticas, encontró que el uso de suplementos de vitamina C (400 mg/día o más) estuvo asociado con una significante reducción del riesgo de padecer una fatal y no fatal enfermedad coronaria en la cohorte entera como también en aquellas con diabetes (102). En contraste, un estudio prospectivo de 15 años en mujeres postmenopáusicas encontró que mujeres diabéticas (N = 1,923) que reportaron haber tomado por lo menos 300 mg/día de vitamina C de suplementos cuando el estudio comenzó estaban en un significante alto riesgo de muerte por ECV (RR: 1.69, 95% CI: 1.09, 2.44), enfermedad coronaria (RR: 2.07, 95% CI: 1.27, 3.38), y accidente cerebrovascular (RR: 2.37, 95% CI: 1.01, 5.57) que aquellas que reportaron no haber tomado suplementos de vitamina C (98). El uso de suplementos de vitamina C no estuvo asociado con un incremento en la mortalidad por ECV en la cohorte como un todo. Ensayos controlados aleatorios no han encontrado una suplementación antioxidante que incluya vitamina C para reducir el riesgo de ECV en diabéticos u otros individuos de alto riesgo (104, 105).

Es posible que diferencias genéticas puedan influir en el efecto de la suplementación de vitamina C en el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares en pacientes diabéticos. Cuando los resultados de un prueba aleatoria controlada fueron reanalizados basados en el genotipo haptoglobina, una terapia antioxidante (1,000 mg/día de vitamina C + 800 IU/día de vitamina E) estuvo asociada con la mejora del aterosclerosis coronaria en mujeres diabéticas con dos copias del gen haptoglobina 1 pero un empeoramiento de la aterosclerosis coronaria en aquellos con dos copias del gen haptoglobina 2 (106).

Cáncer

Estudios en 1970 y 1980 conducidos por Linus Pauling, Ewan Cameron, y colegas sugirieron que largas dosis de vitamina C (10 gramos/día infundido intravenosamente por 10 días seguido por lo menos 10 gramos/día vía oral indefinidamente) fueron útiles en el incremento del tiempo de supervivencia y mejora de la calidad de vida de pacientes con cáncer terminal (107). Controversia alrededor de la eficiencia de la vitamina C en el tratamiento del cáncer sobrevino, llevando al reconocimiento que la vía de administración de la vitamina C es crítica (6, 108). Comparado con la administración vía oral de la vitamina C, la vitamina C intravenosa puede resultar en niveles de vitamina C en el plasma 30 a 70 veces más altos (9). Los mayores niveles plasmáticos alcanzados a través de la administración de ácido ascórbico por vía intravenosa son comparables a aquellos que son tóxicos para las células cancerosas en cultivo. El mecanismo contra el cáncer de la acción de la vitamina C intravenosa está bajo investigación. Este puede involucrar la producción de altos niveles de peróxido de hidrogeno selectivamente toxico para las células cancerígenas (6, 109-111), o la desactivación de factores inducibles por la hipoxia, un factor de transcripción de pro-supervivencia que protege las células cancerígenas de varias formas de estrés (108, 112, 113).

Actualmente resultados de ensayos clínicos controlados indican que la vitamina C intravenosa es generalmente segura y bien tolerada en pacientes con cáncer. Cuatro ensayos clínicos fase I en pacientes con cáncer avanzado encontraron que la administración de vitamina C vía intravenosa en dosis arriba de 1.5 g/kg del peso corporal y 70-80 g/m2 fue bien tolerada y segura en pacientes pre-seleccionados (114-117). Un análisis retrospectivo en pacientes con cáncer de seno reportaron que el tratamiento de ácido ascórbico intravenoso complementario, redujo los efectos secundarios de la calidad de vida relacionados con la quimioterapia (118). Un ensayo clínico fase I en nueve pacientes con cáncer pancreático en estado de metástasis mostraron que niveles milimolares de ácido ascórbico del plasma pudieron ser alcanzados sin complicaciones cuando fueron administrados en conjunción con medicación de la quimioterapia para el cáncer, gemcitabina y erlotinib (116).

Un estudio piloto realizado en 15 pacientes con síndrome mielodisplásico refractario o leucemia mieloide aguda una alternancia de reducción/repleción intravenosa del ácido ascórbico en el protocolo fue segura y provocó una respuesta clínica en un subgrupo de nueve pacientes (119). Ensayos retrospectivos in vitro en la formación de colonias revelaron que células de leucemia de pacientes presentaron una variable sensibilidad al tratamiento de ácido ascórbico: células leucémicas de siete de nueve pacientes los cuales experimentaron un beneficio clínico significante fueron sensibles al ácido ascórbico in vitro (respondedores); las células leucémicas de los seis pacientes restantes no fueron susceptibles al ácido ascórbico (no-respondedores). Por lo tanto, ensayos in vitro de la sensibilidad del ácido ascórbico puede proporcionar valor predictivo de la respuesta clínica al tratamiento de vitamina C intravenosa. Experimentos in vitro realizados usando 11 diferentes líneas celulares cancerígenas demostraron que la susceptibilidad al ácido ascórbico correlacionada con la expresión de catalasa, una enzima implicada en la descomposición del peróxido de hidrogeno (120). Aproximadamente la mitad de las líneas celulares probadas fueron resistentes a la citotoxicidad del ácido ascórbico, una respuesta asociada con altos niveles de actividad de la catalasa. Susceptibilidad al ácido ascórbico puede estar determinado por la expresión del transportador-2 sodio-dependiente de la vitamina C (SVCT-2), el cual transporta el ácido ascórbico dentro de las células (121). Niveles superiores de SVCT-2 estuvieron asociados con un mejoramiento de la sensibilidad al ácido ascórbico-L en nueve diferentes líneas celulares del cáncer de seno. Por otra parte el SVCT-2 fue significantemente expresado en 20 muestras de tejido de cáncer de seno, pero débilmente expresado en tejidos normales.

Estos resultados del estudio piloto y estudio fase I motivan ensayos clínicos fase II exhaustivos, y de larga duración que prueban la eficacia de ácido ascórbico intravenoso en la progresión de la enfermedad y la tasa de supervivencia general. Tales ensayos clínicos fase II están actualmente en marcha (122). Debido a que diferentes subtipos de cáncer pueden ser recalcitrantes o requerir diferentes dosis de vitamina C intravenosa, ensayos clínicos fase II son necesarios antes del uso de vitamina C intravenosa como un agente anti-tumoral pueda ser completamente efectivo (123). Para más información acerca del uso de altas dosis intravenosas de vitamina C como un adjunto en el tratamiento del cáncer, visite la University of Kansas Medical Center Program in Integrative Medicine website.

Resfriado común/Gripe común

El trabajo de Linus Pauling estimulo el interés público en el uso de altas dosis (más de 1 gramo/día de vitamina C para prevenir el resfriado común (124). En los últimos 40 años, numerosos ensayos controlados con placebo han examinado el efecto de la suplementación de vitamina C en la prevención y el tratamiento de resfriados. Un reciente meta-análisis de 53 pruebas controladas con placebo evaluó el efecto de la suplementación de vitamina C en la incidencia, duración o severidad del resfriado común, cuando es tomada con un diario y continúo suplemento (43 ensayos) o como terapia al inicio de los síntomas del resfriado (10 ensayos) (125). Con respecto a la incidencia de resfriados, una diferencia fue observada entre los dos grupos de participantes: suplementación regular con vitamina C (0.25 a 2 gramos/día) no redujo la incidencia de resfriados en la población general (23 ensayos); sin embargo en participantes con estrés físico pesado (ej. corredores de maratones, esquiadores, o soldados en condiciones subárticas) la suplementación de vitamina C redujo a la mitad la incidencia de resfriados comunes (5 ensayos; ; RR: 0.48, 95% CI: 0.35-0.64). Un beneficio regular de la suplementación de la vitamina C fue también vista en la duración de los resfriados, con un beneficio superior en niños que en adultos: el efecto agrupado de la suplementación de vitamina C fue una reducción del 14% en la duración del resfriado en niños y un 8% de reducción en adultos. Finalmente, no hubo un efecto significativo de la suplementación de vitamina C (1-8 gramos /día) en ensayos terapéuticos en los cuales la vitamina C fue administrada después de que los síntomas del resfriado común aparecieran.

Asma

Evidencia de un efecto de la vitamina C en la salud respiratoria proviene de un meta-análisis de tres ensayos aleatorios controlados que evaluaron el efecto de la vitamina C en broncoconstricción inducida por el ejercicio (126). La broncoconstricción inducida por el ejercicio es un estrechamiento transitorio de las vías respiratorias que ocurre después de ejercitarse y es indicado por un ≥10% en descenso del Volumen Espiratorio Forzado (VEF1, o en sus siglas en inglés FEV1). Las pruebas abarcaron 40 participantes asmáticos que recibieron o vitamina C (una dosis de 0.5 g en 2 días subsecuentes en una prueba; una sola dosis de 2 gramos en la segunda prueba; 1.5 g diariamente por 2 semanas en la tercera prueba) o placebo antes de ejercitarse. Comparado con el placebo, la administración de vitamina C redujo significantemente la disminución inducida por el ejercicio en VEF1 por un 48% (95% CI: 0.33-0.64).

Saturnismo/Intoxicación por plomo

A pesar de que el uso de pintura a base de plomo y gasolina con plomo has sido descontinuadas en los Estados Unidos, la intoxicación por plomo o saturnismo continua siendo un problema de salud significante, especialmente en niños viviendo en áreas urbanas. Un crecimiento y desarrollo anormal han sido observados en infantes de mujeres que fueron expuestas al plomo durante el embarazo, mientras que los niños que están crónicamente expuestos al plomo son más propensos a desarrollar problemas de aprendizaje, problemas de comportamiento, y tener un bajo coeficiente intelectual (IQ). En adultos, la intoxicación por plomo puede resultar en daño a los riñones, presión sanguínea alta, y anemia.

Algunos estudios transversales reportaron una inversa asociación entre el estatus de la vitamina C y el nivel de plomo en la sangre (BLL). En un estudio de 747 hombres mayores, el BLL fue significativamente superior en aquellos que reportaron una ingesta dietaría total de vitamina C promedio de menos de 109 mg/día comparado con aquellos que reportaron altas ingestas de vitamina C (127). Un estudio más exhaustivo de 19,578 personas, incluyendo 4,214 niños de entre 6 a 16 años de edad, encontró altos niveles de vitamina C en el suero asociados con un nivel de plomo en la sangre (BLL) significativamente bajo (128). Una encuesta nacional de EE. UU. en más de 10,000 adultos encontró que el nivel de plomo en la sangre estaba inversamente relacionado con los niveles de vitamina C en el suero (128).

El consumo de cigarrillos o una exposición pasiva al humo del cigarro contribuye a incrementar el nivel de plomo en la sangre (BLL) y a un estado de exposición crónica a un bajo nivel de plomo. Un ensayo de intervención en 75 adultos masculinos fumadores encontró que la suplementación con 1,000 mg/día de vitamina C resulto en un bajo nivel significativo de plomo en la sangre en un tratamiento con un periodo de tiempo de 4 semanas comparado con el placebo (130). Una dosis más baja de 200 mg/da no afectó significativamente el nivel de plomo en la sangre, a pesar de encontrar que los niveles de vitamina C en el suero no fueron diferentes de aquellos en el grupo que tomaron 1,000 mg/día.

El mecanismo para la relación entre la ingesta de vitamina C y el nivel de plomo en la sangre (BLL) no es conocido, aunque ha sido postulado que la vitamina C puede inhibir la absorción intestinal (130) o mejorar la excreción urinaria de plomo.

Fuentes

Fuentes alimenticias

Como se muestra en la tabla siguiente, diferentes tipos de frutas y verduras varían en su contenido de vitamina C (131), pero cinco porciones (2½ tazas) de frutas y verduras deben promediar aproximadamente 200 mg de vitamina C. Si desea comprobar alimentos por su contenido nutricional, busque en USDA food composition database.


Alimento Porción Vitamina C (mg)
Jugo de naranja ¾ taza (6 onzas) 62-93
Jugo de pomelo rosado ¾ taza (6 onzas) 62-70
Naranja 1 mediano 70
Pomelo rosado ½ mediano 38
Frutillas 1 taza, enteras 85
Tomate 1 mediano 16
Pimiento rojo dulce ½ taza, crudo y picado 95
Brócoli ½ taza, cocido 51
Papa 1 mediano, al horno 17
Kiwi 1 pieza (86 g) 91
Espinacas 1 taza, frescas 8

Suplementos

La vitamina C (ácido ascórbico-L) está disponible en varias formas, pero hay poca evidencia científica de que alguna de ellas sea mejor absorbida o más efectiva que otra. La mayoría de la investigación clínica y experimental usa ácido ascórbico o su sal sódica, llamada sodio de ascorbato. El ácido ascórbico natural y sintético son químicamente idénticos y no hay diferencias conocidas en sus actividades biológicas o biodisponibilidades (132).

Ascorbatos minerales

Las sales minerales del ácido ascórbico se encuentran tamponadas y, por lo tanto, son menos acidas que el ácido ascórbico. Algunas personas las consideran menos irritantes al tracto gastrointestinal que al ácido ascórbico. El ascorbato de sodio y el ascorbato de calcio son las formas más comunes, aunque un cierto número de otros ascorbatos minerales están también disponibles. El ascorbato de sodio generalmente aporta 111 mg de sodio (889 mg de ácido ascórbico) por cada 1,000 mg de ascorbato de sodio y el ascorbato de calcio generalmente provee 90-110 mg de calcio (890-910 mg de ácido ascórbico) por cada 1,000 mg de ascorbato de calcio.

Vitamina C con bioflavonoides

Los Bioflavonoides son una clase de pigmentos de plantas hidrosolubles que frecuentemente se encuentran en frutas y verduras ricas en vitamina C, especialmente frutas cítricas (ver el articulo en Flavonoides). Hay poca evidencia que los bioflavonoides en la mayoría de sus preparaciones comerciales incrementé la biodisponibilidad o eficacia de la vitamina C (133). Estudios en un cultivo de células indican que un cierto número de flavonoides inhiben el trasporte de la vitamina C en las células (134-136), y la suplementación en ratas de laboratorio con quercetina y vitamina C disminuye la absorción intestinal de vitamina C (134). Más investigaciones son necesarias para determinar la relevancia de estos hallazgos en humanos.

Metabolitos de ácido ascórbico y vitamina C

Un suplemento, Ester-C®, contiene principalmente ascorbato de calcio pero también contiene pequeñas cantidades de metabolitos de vitamina C, ácido dehidroascórbico (ácido ascórbico oxidado), treonato de calcio y niveles de trazas de xilonato y lixonato. Aunque se supone que los metabolitos incrementan la biodisponibilidad de la vitamina C, el único estudio en humanos publicado que aborda este tema no encontró diferencias entre Ester-C® y las tabletas de ácido ascórbico disponibles comercialmente con respecto a la absorción y excreción urinaria de la vitamina C (133). El Ester-C® no debería ser confundido con el palmitato de ascorbilo, el cual está también comercializo como "éster de vitamina C" (véase más abajo).

Palmitato de ascorbilo

El palmitato de ascorbilo es un éster de la vitamina C (ej. ácido ascórbico ligado a un ácido graso). En este caso, la vitamina C es esterificada a un ácido graso saturado, ácido palmítico, resultando en una forma liposoluble de vitamina C. El palmitato de ascorbilo ha sido añadido a una serie de cremas para la piel debido al interés en sus propiedades antioxidantes así como también en su importancia en la síntesis de colágeno (137). Aunque el palmitato de ascorbilo también se encuentra disponible como un suplemento oral, es probable que la mayoría de él sea hidrolizado (degradado) a ácido ascórbico y ácido palmítico en el tracto digestivo antes de ser absorbido (138). El palmitato de ascorbilo también se comercializa como "éster de vitamina C," el que no debiese ser confundido con Ester-C® (véase arriba).

Para una revisión más detallada de investigaciones científicas en la biodisponibilidad de las diferentes formas de vitamina C, vea La Biodisponibilidad de Diferentes Formas de Vitamina C.

Seguridad

Toxicidad

Un cierto número de posibles problemas debido a muy altas dosis de vitamina han sido sugeridos , principalmente basados en experimentos in vitro o en reportes de casos aislados, los que incluyen mutaciones genéticas, defectos de nacimiento, cáncer, aterosclerosis, cálculos renales, "escorbuto de rebote," aumento del estrés oxidativo, absorción excesiva de hierro, deficiencia de vitamina B12 y erosión del esmalte dental. Sin embargo, ninguno de estos supuestos efectos adversos a la salud se han confirmado en estudios subsecuentes y no hay evidencia científica confiable de que dosis elevadas de vitamina C (hasta 10 gramos/día en adultos) sean tóxicas o perjudiciales para la salud. La preocupación de la formación de cálculos renales o piedras en el riñón con la suplementación de vitamina C esta discutida a continuación.

Con el último IDR publicado en el 2000, un nivel máximo de ingesta tolerable (NM; UL del inglés Tolerable Upper Intake Level) de vitamina C fue establecido por primera vez. Un nivel máximo de ingesta tolerable de 2 gramos (2.000 miligramos) diarios fue recomendado con el objetivo de prevenir que la mayoría de los adultos padecieran diarrea y trastornos gastrointestinales (17). Tales síntomas generalmente no son serios, especialmente si se resuelven con una descontinuación temporal o reducción de la suplementación de vitamina C en dosis elevadas.

Nivel Máximo de Ingesta Tolerable (NM) para Vitamina C
Grupo Etario NM (mg/día)
Infantes 0-12 meses Imposible de determinar*
Niños 1-3 años 400
Niños 4-8 años 650
Niños 9-13 años 1.200
Adolescentes 14-18 años 1.800
Adultos 19 años y más 2.000
*La fuente de la ingesta debiera ser de alimentos y fórmula.

Cálculos renales/piedras en el riñón

Debido a que el oxalato es un metabolito de la vitamina C, existe un poco de preocupación que la alta ingesta de vitamina C pudiera incrementar el riesgo de cálculos renales de oxalato de calcio. Algunos estudios (7, 139, 140), aunque no todos (141-143), han reportado que la vitamina C suplementaria incrementa los niveles de oxalato urinario. Si cualquier incremento en los niveles de oxalato se traduciría en un aumento del riesgo de cálculos renales ha sido examinado en varios estudios epidemiológicos. Dos grandes estudios de cohorte prospectivos, siguiendo a 45.251 hombres por seis años y el otro siguiendo a 85.557 mujeres por 14 años, reportaron que un consumo diario ≥1.500 mg de vitamina C no incrementó el riesgo de formación de cálculos renales comparado con aquellos que consumieron diariamente menos de 250 mg (144, 145). Al contrario, otros dos estudios grandes estudios prospectivos reportaron que una alta ingesta de ácido ascórbico estuvo asociada con un incremento en el riesgo de formación de cálculos renales en hombres (146, 147). Específicamente en el Health Professionals Follow-Up Study (estudio de seguimiento), 45,619 profesionales de la salud masculinos (edad entre 40-75 años) reportaron la ingesta de vitamina C de alimentos y fuentes suplementarias cada 4 años (146). Después de 14 años de seguimiento, hombres que consumieron ≥1,000 mg/día de vitamina C tuvieron un 41% más riesgo de padecer cálculos renales a comparación de hombres que consumieron <90 mg de vitamina C diariamente. En el estudio de cohorte de hombres Suecos (Cohort of Swedish Men study), el uso de suplementos de ácido ascórbico como único nutriente (tomado 7 o más veces por semana) al inicio del estudio fue asociado con un riesgo 2 veces mayor de incidencia de cálculos renales entre 48,840 hombres (entre 45-79 años de edad) seguido por 11 años (147). A pesar de los resultados conflictivos, puede que sea prudente para individuos predispuestos a la formación de cálculos renales de oxalato evitar altas dosis de suplementación de vitamina C.

Interacción con drogas

Un cierto número de drogas son conocidas por reducir los niveles de vitamina C, haciendo necesario un incremento en su ingesta. Los anticonceptivos que contienen estrógeno (píldoras anticonceptivas) disminuyen los niveles de vitamina C en el plasma y los glóbulos blancos. La aspirina puede disminuir los niveles de vitamina C si es tomada con frecuencia. Por ejemplo, si se toman 2 dos tabletas de aspirina cada 6 horas por una semana, se ha reportado que se disminuye en un 50% los niveles de vitamina C en los leucocitos, principalmente por el aumento de la excreción urinaria de vitamina C (148).

Hay evidencia aunque controversial, que la vitamina C interactúa con medicamentos anticoagulantes (diluyentes de la sangre) como la warfarina (Coumadin). Altas dosis de vitamina C pueden bloquear la acción de la warfarina, requiriendo así un incremento en la dosis para mantener su efectividad. Individuos que toman anticoagulantes deberían limitar su ingesta de vitamina C a 1 gramo/día y que el médico o doctor a cargo de su terapia anticoagulante monitoree su tiempo de protrombina. Debido a que se ha encontrado que las dosis elevadas de vitamina C interfieren con la interpretación de ciertas pruebas de laboratorio (ej. bilirrubina sérica, creatinina sérica, y el test de guayaco para sangre oculta), es importante informarle al médico o proveedor de salud de cualquier uso reciente de cualquier suplemento (149).

Suplementos antioxidantes e inhibidores de la HMG-CoA reductasa (estatinas)

Una ensayo controlado aleatorio de tres años en 60 pacientes con enfermedades coronarias documentadas y bajos niveles de HDL encontró que una combinación de simvastatina (Zocor) y niacina incrementó los niveles de HDL2, inhibió la progresión de la estenosis de la arteria coronaria (estrechamiento), y disminuyó la frecuencia de eventos cardiovasculares como infarto del miocardio (ataque al corazón) y accidente cerebrovascular (150). Sorprendentemente, cuando se tomó una combinación de antioxidantes (1,000 mg de vitamina C, 800 UI de α-tocoferol, 100 mcg de selenio, y 25 mg de β-caroteno diariamente) con la combinación de simvastatina-niacina, los efectos protectores disminuyeron. Ya que los antioxidantes se tomaron juntos en esta prueba, no se puede determinar la contribución individual de la vitamina C. En contraste, una prueba aleatoria contralada más exhaustiva en más de 20,000 hombres y mujeres con EC o diabetes encontró que la simvastatina y una combinación de antioxidantes (600 mg de vitamina E, 250 mg de vitamina C, y 20 mg de beta-caroteno diariamente) no disminuyó los efectos cardioprotectores de la terapia con simvastatina sobre un periodo de 5 años (151). Estos hallazgos contradictorios indican que investigaciones futuras son necesarias en las posibles interacciones entre los suplementos antioxidantes y las drogas hipocolesterolemiantes, como los inhibidores de la HMG-CoA reductasa (estatinas).

¿Promueve la vitamina C un daño oxidativo bajo condiciones fisiológicas? La vitamina C es conocida por funcionar como un antioxidante altamente efectivo en organismos vivos. Sin embargo, en experimentos de probeta, la vitamina C puede interactuar con algunos iones metálicos libres para producir radicales libres potencialmente dañinos. Aunque iones metálicos libres no son generalmente encontrados bajo condiciones fisiológicas, la idea de que altas dosis de vitamina C puedan ser capaces de promover el daño oxidativo in vivo ha recibido una gran cantidad de atención. Amplia publicidad ha sido dada a algunos estudios que sugieren un efecto pro-oxidante de la vitamina C (152, 153), pero estos estudios resultaron ser tanto defectuosos como sin relevancia fisiológica. Una revisión exhaustiva del contenido no encontró evidencia científicamente creíble que la vitamina C suplementaria promueve el daño oxidativo bajo condiciones fisiológicas o en humanos (154).

Recomendación del Instituto Linus Pauling

Basado en la evidencia combinada de estudios metabólicos, farmacocineticos, y observacionales y de ensayos controlados aleatorios, se ha argumentado que existe suficiente evidencia científica que respaldan una ingesta diaria optima de vitamina C de 200 mg/día, la cual es substancialmente superior que la actual ingesta diaria recomendada (IDR) (11). Estudios llevados a cabo los Institutos Nacionales de Salud (the National Institutes of Health) mostraron en sujetos sanos y jóvenes que el plasma y células circulantes en alcanzaron concentraciones casi máximas de vitamina C en dosis de 400 mg/día (11). Debido a la alta relación riesgo-beneficio de la suplementación de vitamina C y para asegurar la saturación de vitamina C en los tejidos y el cuerpo en casi todas las personas sanas, el instituto Linus Pauling recomienda una ingesta de vitamina C de por lo menos 400 mg diarios en mujeres y hombres adultos. El consumo de por lo menos cinco porciones (2½ tazas) de frutas y verduras diariamente aporta cerca de 200 mg de vitamina C. La mayoría de suplementos multivitamínicos/minerales proveen 60 mg de vitamina C. Para asegurarse de que usted cumple con la recomendación del Instituto, son recomendadas dos dosis separadas de 250mg de vitamina C una en la mañana y otra en la tarde.

Adultos mayores (>50 años)

Aunque aún no se sabe con certeza si los adultos mayores tienen requerimientos de vitamina C más altos que los de gente más joven, se ha encontrado que algunas poblaciones de adultos mayores tienen ingestas de vitamina C considerablemente por debajo de la IDR de 75 y 90 mg/día para hombres y mujeres, respectivamente. Una ingesta de vitamina C de al menos 400 mg diarios podría ser particularmente importante en adultos mayores que se encuentran en un alto riesgo de padecer enfermedades crónicas. Además, un meta-análisis de 36 publicaciones que examinan la relación entre la ingesta de vitamina C y las concentraciones de vitamina C plasmáticas concluyeron que los adultos mayores (edades entre 60 y 96 años) tienen niveles plasmáticos de vitamina C considerablemente bajos luego de una cierta ingesta de vitamina C en comparación con individuos más jóvenes (edades entre 15 y 65 años) (156), sugiriendo que los adultos mayores tienen requerimientos de vitamina C más altos. Estudios farmacocinéticos en adultos mayores no sean llevado a cabo todavía, pero evidencia sugiere que la eficacia de uno de los mecanismos moleculares para la captación celular de la vitamina C declina con la edad (156). Debido a que maximizar los niveles sanguíneos de vitamina C podría ser importante en la protección de las células y las moléculas biológicas contra el daño oxidativo, una ingesta de vitamina C de al menos 400 mg diarios es particularmente importante para adultos mayores que se encuentran en un riesgo más alto de enfermedades crónicas causadas, en parte, por daño oxidativo, como enfermedades cardiacas, accidentes cerebrovasculares, ciertos tipos de cáncer y cataratas.

Para más información respecto a la diferencia entre la recomendación del Dr. Linus Pauling y la recomendación del Instituto Linus Pauling para la ingesta de vitamina C, seleccione el texto resaltado.


Autores y Críticos

Escrito en Enero de 2006 por: 
Jane Higdon, Ph.D. 
Instituto Linus Pauling
Universidad Estatal de Oregon

Actualizado en Noviembre de 2013 por: 
Giana Angelo, Ph.D. 
Instituto Linus Pauling
Universidad Estatal de Oregon

Revisado en Noviembre de 2013 por: 
Balz Frei, Ph.D. 
Director y Cátedra
Instituto Linus Pauling
Joan H. Facey Profesor del Instituto Linus Pauling 
Distinguido Profesor del Departamento de Bioquímica y Biofísica
Universidad Estatal de Oregon

Revisado en Noviembre de 2013 por: 
Alexander J. Michels, Ph.D.
Investigador Asociado
Instituto Linus Pauling
Universidad Estatal de Oregon

Traducido al Español en 2014 por: 
Silvia Vazquez Lima 
Instituto Linus Pauling
Universidad Estatal de Oregon

La actualización del artículo de 2013 fue suscrito en parte, por un donación de Bayer Consumer Care AG, Basel, Suiza.

Derechos de autoría 2000-2015  Instituto Linus Pauling


Referencias

1.   Combs J, Gerald F. The Vitamins. 4 ed. Burlington: Elsevier Science; 2012.

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