English

El término vitamina E describe a una familia de ocho antioxidantes: cuatro tocoferoles (α-, β-, γ-, y δ-) y cuatro tocotrienoles (α-, β-, γ-, y δ-). El α-tocoferol es la única forma de vitamina E mantenida activamente en el cuerpo humano; por lo tanto, es la forma de vitamina E que se encuentra en las cantidades más grandes en sangre y tejidos (1). Debido a que el α-tocoferol es la forma de vitamina E que parece tener la mayor importancia nutricional, será el tema principal de la siguiente discusión. Ésta es también la única forma que cumple con la Ingesta Diaria Recomendada (IDR) para vitamina E.

Función

α-Tocoferol

La función principal del α-tocoferol en seres humanos parece ser la de un antioxidante. Los radicales libres se forman principalmente en el cuerpo durante el metabolismo normal y también luego de la exposición a factores ambientales, como el humo del cigarrillo o contaminantes. La grasas, que son una parte integral de todas las membranas celulares, son vulnerables a la destrucción por oxidación a través de radicales libres. La vitamina liposoluble, α-tocoferol, es excepcionalmente apropiada para interceptar radicales libres y así prevenir un reacción en cadena de destrucción lipídica. Además de mantener la integridad de las membranas celulares en todo el cuerpo, el α-tocoferol también protege de la oxidación a las grasas en las lipoproteínas de baja densidad (LDLs). Las lipoproteínas son partículas compuestas de lípidos y proteínas que transportan grasas a través del torrente sanguíneo. Las LDLs transportan específicamente colesterol desde el hígado a los tejidos del cuerpo. Las LDLs oxidadas han sido involucradas en el desarrollo de enfermedades cardiovasculares (véase Prevención de Enfermedades). Cuando una molécula de α-tocoferol neutraliza un radical libre, se altera de tal forma que su capacidad antioxidante se pierde. Sin embargo, otros antioxidantes, como la vitamina C, son capaces de regenerar la capacidad antioxidante del α-tocoferol (2, 3).

Se han identificado numerosas otras funciones del α-tocoferol, las que probablemente no están relacionadas con su capacidad antioxidante. Por ejemplo, se sabe que el α-tocoferol inhibe la actividad de la proteína kinasa C, una molécula de señalización celular importante. Al parecer el α-tocoferol también afecta la expresión y actividad de moléculas y enzimas en células inmunes e inflamatorias. Adicionalmente, se ha demostrado que el α-tocoferol inhibe la agregación de plaquetas y aumenta la vasodilatación (4, 5).

La forma isomérica del α-tocoferol encontrada en los alimentos es el RRR-α-tocoferol (denominado también como "natural" o d-α-tocoferol). El α-tocoferol sintético, que se etiqueta como all-rac o dl-α-tocoferol, tiene sólo la mitad de la actividad biológica del RRR-α-tocoferol (véase Suplementos). A menudo los alimentos fortificados con vitamina E contienen α-tocoferol sintético, y las cantidades se entregan como un porcentaje del valor diario de 30 UI. En este artículo, las cantidades de α-tocoferol se expresan tanto en unidades internacionales (UI) como en miligramos (mg).

γ-Tocoferol

Actualmente la función del γ-tocoferol en humanos no es clara. Aunque la forma más común de vitamina E en la dieta Americana es el γ-tocoferol (véase Fuentes alimenticias), los niveles sanguíneos de γ-tocoferol son generalmente 10 veces más bajos que los de α-tocoferol. Este fenómeno se debe aparentemente a dos mecanismos. (1) El α-tocoferol se retiene preferencialmente en el cuerpo por la acción de la proteína transportadora de α-tocoferol (a-TTP) en el hígado, la que incorpora preferencialmente α-tocoferol en las lipoproteínas que circulan en la sangre (1) y en última instancia entrega α-tocoferol a diferentes tejidos en el cuerpo (6). (2) Las otras formas de vitamina E aparte del α-tocoferol se metabolizan activamente (6). Debido a que el γ-tocoferol inicialmente se absorbe de la misma forma que el α-tocoferol, pequeñas cantidades de γ-tocoferol se pueden detectar en sangre y tejidos. Los productos de la degradación de los tocoferoles, conocidos como metabolitos, pueden ser detectados en la orina. Se secretan más metabolitos de γ-tocoferol en la orina que metabolitos de α-tocoferol, sugiriendo que es necesario menos γ-tocoferol para su utilización en el cuerpo (7). La escasa información en animales y en tubos de ensayo señala que el γ-tocoferol o sus metabolitos, podrían jugar un papel en la protección del cuerpo del daño inducido por radicales libres (8, 9), pero estos efectos no han sido demostrados convincentemente en humanos. En un estudio prospectivo, niveles incrementados de γ-tocoferol plasmático se asociaron con un riesgo significativamente reducido de desarrollar cáncer prostático. En este estudio, los niveles incrementados de α-tocoferol plasmático y de selenio en las uñas de los dedos de los pies, eran protectores contra el desarrollo de cáncer prostático sólo cuando los niveles de γ-tocoferol también eran altos (10). Estos hallazgos limitados, junto al hecho de que la suplementación con α-tocoferol disminuye los niveles de γ-tocoferol en la sangre, han llevado a algunos científicos a pedir investigación adicional sobre los efectos del γ-tocoferol dietético y suplementario sobre la salud (11)

Deficiencia

Se ha observado deficiencia de vitamina E en individuos con malnutrición severa, defectos genéticos que afectan a la proteína transportadora de α-tocoferol, y en los síndromes de malabsorción de grasas. Por ejemplo, lo niños con fibrosis quística o con enfermedad colestásica del hígado, que tienen deteriorada la capacidad de absorber la grasa dietética y por lo tanto, las vitaminas liposolubles, podrían desarrollar una deficiencia de vitamina E sintomática. La deficiencia severa de vitamina E resulta principalmente en síntomas neurológicos, incluyendo balance y coordinación deteriorados (ataxia), daño a los nervios sensitivos (neuropatía periférica), debilidad muscular (miopatía), y daño a la retina del ojo (retinopatía pigmentaria). Por esta razón, la gente que desarrolla neuropatía periférica, ataxia, o retinitis pigmentosa debiera ser examinada por deficiencia de vitamina E (2). El sistema nervioso en desarrollo parece ser especialmente vulnerable a la deficiencia de vitamina E. Por ejemplo, lo niños con deficiencia severa de vitamina E al nacer, desarrollan rápidamente síntomas neurológicos si no son tratados con vitamina E. En contraste, los individuos que desarrollan malabsorción de vitamina E en la adultez podrían no presentar síntomas neurológicos por 10-20 años. Se debe desatacar que nunca se ha reportado deficiencia sintomática de vitamina E en individuos sanos con consumo de dietas bajas en vitamina E (2, 12).

Aunque la deficiencia de vitamina E verdadera es rara, las ingestas marginales de vitamina E en los EE.UU. son relativamente comunes. Entre 1988 y 1994, la Encuensta Nacional de Salud y Examen Nutricional (ENSEN III) examinó la ingesta recomendada y los niveles sanguíneos de α-tocoferol en 16,295 adultos (sobre 18 años). Se encontró que el veintisiete por ciento de los participantes blancos, 41% de los Afro Americanos, 28% de los Mexicano Americanos, y 32% de los otros participantes tenían niveles sanguíneos de α-tocoferol menores a 20 micromoles/Litro. Se eligió este valor de corte debido a que bajo este nivel la literatura señala un riesgo incrementado de enfermedades cardiovasculares (13). Información más reciente de la ENSEN 2003-2006 indica que la ingesta recomendada promedio de α-tocoferol alimenticio (incluidas fuentes enriquecidas y fortificadas) entre los Americanos mayores de 2 años, es de 6.9 mg/día (14). Esta ingesta está muy por debajo de la actual recomendación de 15 mg/día (véase IDR). De hecho, a este nivel de ingesta recomendada, más del 90% de los Americanos no cumple con las recomendaciones dietéticas diarias para vitamina E (14).

La Ingesta Diaria Recomendada (IDR)

Anteriormente la IDR para vitamina E era de 8 mg/día para mujeres y 10 mg/día para hombres. En el 2000 la IDR fue modificada por la Junta de Nutrición y Alimentos del Instituto de Medicina (4). Esta nueva recomendación se basó en gran parte en los resultados de estudios realizados en la década de 1950 en hombres alimentados con dietas deficientes en vitamina E. En un análisis de tubos de ensayo, se añadió peróxido de hidrógeno a muestras de sangre y se utilizó la degradación de eritrocitos, conocida como hemólisis, para indicar la deficiencia de vitamina E. Ya que también se ha reportado hemólisis en niños con deficiencia severa de vitamina E, se consideró a este análisis como una prueba clínicamente relevante del estado de vitamina E. Esto significa, de manera importante, que la última IDR para vitamina E continúa estando basada en la prevención de síntomas de deficiencia, en vez de la promoción de salud y la prevención de enfermedades crónicas.


Ingesta Diaria Recomendada (IDR) para α-Tocoferol
Etapa de la Vida Edad
Hombres;
mg/día (UI/día)
Mujeres;
mg/día (UI/día)
Infantes (IA) 0-6 meses
4 mg (6 UI)
4 mg (6 UI)
Infantes (IA) 7-12 meses
5 mg (7.5 UI)
5 mg (7.5 UI)
Niños 1-3 años
6 mg (9 UI)
6 mg (9 UI)
Niños 4-8 años
7 mg (10.5 UI)
7 mg (10.5 UI)
Niños 9-13 años
11 mg (16.5 UI)
11 mg (16.5 UI)
Adolescentes 14-18 años
15 mg (22.5 UI)
15 mg (22.5 UI)
Adultos 19 años y más
15 mg (22.5 UI)
15 mg (22.5 UI)
Embarazo Todas las edades
-
15 mg (22.5 UI)
Amamantamiento Todas las edades
-
19 mg (28.5 UI)

Prevención de Enfermedades

Enfermedades cardiovasculares

Los resultados de al menos cinco grandes estudios basados en la observación sugieren que el consumo incrementado de vitamina E se asocia con un riesgo disminuido de infarto al miocardio (ataque al corazón) o de muerte por enfermedades cardiacas, tanto en hombres como en mujeres. Cada estudio era un estudio prospectivo que midió el consumo de vitamina E en personas presumiblemente sanas y que los siguió por un número de años, para determinar cuantos de ellos eran diagnosticados con o morían como resultado de una enfermedad cardiaca. En dos de los estudios, los individuos que consumían más de 7 mg/día de α-tocoferol en los alimentos eran aproximadamente sólo un 35% propensos a morir de una enfermedad cardiaca que aquellos que consumían menos de 3-5 mg/día de α-tocoferol (15, 16). Otros dos estudios de gran tamaño observaron un riesgo significativamente reducido de enfermedad cardiaca sólo en hombres y mujeres que consumieron a diario al menos 100 UI de RRR-α-tocoferol suplementario (67 mg de RRR-α-tocoferol) (17, 18). Recientemente, varios estudios han observado que los niveles de α-tocoferol en plasma o eritrocitos se asocian inversamente con la presencia o con la severidad de aterosclerosis carotidea, detectada usando ultrasonografía (19-22). Un estudio de intervención, aleatorizado y controlado con placebo, en 39,876 mujeres participantes del Estudio de Salud de las Mujeres encontró que la suplementación con 600 UI de RRR-α-tocoferol (400 mg de RRR-α-tocoferol) cada dos días por diez años, no tuvo efecto sobre la incidencia de varios eventos cardiovasculares (infarto al miocardio y accidente cerebrovascular), pero que la intervención con vitamina E disminuyó las muertes relacionadas a lo cardiovascular en un 24% (23). El análisis de la información del Estudio de Salud de las Mujeres mostró también que las mujeres que recibían la intervención con vitamina E experimentaron un reducción del riesgo de tromboembolismo venoso de un 21% (24). Sin embargo, un ECA grande conducido en hombres sanos de mediana edad (nombre del estudio: PHS II) observó que la suplementación con 400 UI de α-tocoferol sintético cada dos días por ocho años, no tuvo efecto significativo sobre el riesgo de eventos cardiovasculares mayores (25). En una revisión reciente, se discuten los beneficios de la suplementación con vitamina E en la prevención de enfermedades cardiovasculares (26). Estudios de intervención en pacientes con enfermedad cardiaca o renal no han mostrado que los suplementos de vitamina E sean efectivos en la prevención de ataques al corazón o muerte (véase Tratamiento de Enfermedades).

Cataratas

Las cataratas parecen formarse por la oxidación de proteínas en la lente (cristalino) del ojo; dicha oxidación podría prevenirse con antioxidantes como el α-tocoferol. Numerosos estudios basados en la observación han examinado la asociación entre el consumo de vitamina E y la incidencia y severidad de las cataratas. Los resultados de estos estudios son contradictorios: algunos reportan que una ingesta incrementada de vitamina E protege contra el desarrollo de cataratas, mientras los demás no reportan ninguna asociación (27). Un estudio de intervención controlado con placebo en 4,629 hombres y mujeres encontró que un suplemento antioxidante diario que contenía 500 mg de vitamina C, 400 UI de vitamina E sintética (acetato de dl-α-tocoferol; equivalente a 180 mg de RRR-α-tocoferol y 15 mg de β-caroteno, no intervino en el desarrollo y progresión de cataratas asociadas a la edad por un periodo de 7 años (28). De manera similar, en un estudio de intervención de 5 años, la suplementación antioxidante (500 mg de vitamina C, 400 UI [268 mg] de RRR-α-tocoferol), y 15 mg de β-caroteno no afectó la progresión de cataratas (29). Un estudio aleatorizado y controlado con placebo de 4 años, reportó que los suplementos que contenían 500 UI/día de vitamina E natural (335 mg de RRR-α-tocoferol) no redujeron la incidencia o la progresión de cataratas en adultos mayores (30). Otro estudio de intervención encontró que un suplemento diario de 50 mg de α-tocoferol sintético (equivalente a 25 mg de RRR-α-tocoferol) no alteró la incidencia de cirugía de cataratas en hombres fumadores (31). Aunque los resultados de algunos estudios basados en la observación sugieren que la vitamina E podría proteger contra el desarrollo de cataratas, los resultados de ensayos clínicos no respaldan un efecto preventivo.

Función inmune

Se ha demostrado que el α-tocoferol mejora aspectos específicos de la respuesta inmune que parecen declinar con el envejecimiento de las personas. Por ejemplo, los adultos mayores que recibieron 200 mg/día de α-tocoferol sintético (equivalentes a 100 mg de RRR-α-tocoferol o a 150 UI de RRR-α-tocoferol) por varios meses, manifestaron una mayor formación de anticuerpos en respuesta a la vacunas de hepatitis B y tétanos (32). Sin embargo, se desconoce si tales mejoras en la respuesta inmune de adultos mayores asociadas al α-tocoferol, se traducen de hecho, en una resistencia incrementada a infecciones como la gripe (virus influenza) (33). Un ensayo aleatorizado controlado con placebo, en adultos mayores residentes en un asilo, reportó que la suplementación diaria con 200 UI de α-tocoferol sintético (equivalentes a 90 mg de RRR-α-tocoferol) por un año, disminuyó significativamente el riesgo de contraer infecciones del tracto respiratorio superior, especialmente resfriado común, pero que no tuvo efecto sobre las infecciones del tracto respiratorio inferior (pulmones) (34). Es necesaria más investigación para determinar si la vitamina E suplementaria puede proteger a los adultos mayores contra el resfriado común u otras infecciones.

Cáncer

Se piensa que muchos tipos de cáncer son el resultado de daño oxidativo al ADN causado por radicales libres. La habilidad del α-tocoferol para neutralizar los radicales libres lo ha hecho objeto de una serie de estudios de prevención del cáncer. Sin embargo, numerosos estudios prospectivos de gran tamaño han fallado en encontrar asociaciones significativas entre la ingesta de α-tocoferol y la incidencia de cáncer de pulmón y de mama (4). Un estudio en una cohorte de 77,126 hombres y mujeres reportó que el uso de suplementos de vitamina E por un periodo de 10 años incrementó el riesgo de cáncer de pulmón en fumadores activos (35). Hasta la fecha, la mayoría de los ensayos clínicos ha encontrado que la suplementación con vitamina E no tiene efecto sobre el riesgo de varios cánceres. Un estudio controlado con placebo y aleatorizado (ECA) en 39,876 mujeres participantes en el Estudio de Salud de las Mujeres encontró que la suplementación con 600 UI de RRR-α-tocoferol (400 mg de RRR-α-tocorferol) cada dos días por 10 años no tenía efecto sobre la incidencia general de cáncer o sobre las muertes relacionadas con cáncer (23). Esta intervención con vitamina E tampoco afectó la incidencia de cánceres de tejido específicos, incluyendo cánceres de mama, pulmón y colon. Adicionalmente, un meta-análisis de 12 ECAs publicado recientemente concluyó que la suplementación con vitamina E no se asociaba con la incidencia general de cáncer, con la mortalidad por cáncer, o con la mortalidad total (36).

El efecto de la suplementación con vitamina E sobre el cáncer de próstata ha recibido particular atención en ECAs. Un estudio de intervención controlado con placebo diseñado para investigar el efecto de la suplementación con α-tocoferol sobre el desarrollo de cáncer pulmonar (Nombre del estudio: ATBC), notó una reducción del 34% en la incidencia de cáncer de próstata en fumadores que recibieron diariamente suplementos de 50 mg de α-tocoferol sintético (equivalentes a 25 mg de RRR-α-tocoferol) (37). Un meta-análisis que combinó los resultados de este estudio con otros tres ECAs asoció el uso de suplementos de vitamina E con un riesgo un 15% más bajo de cáncer de próstata (35). Sin embargo, dos estudios de intervención aleatorizados y controlados con placebo subsecuentes no encontraron ningún beneficio o daño potencial respecto al riesgo de cáncer de próstata en hombres sanos que consumieron suplementos de vitamina E. El Estudio de Salud de los Médicos (PHS II) siguió a 14,641 hombres sanos, de 50 años y mayores, que recibieron 400 UI de vitamina E sintética (equivalentes a 180 mg de RRR-α-tocoferol) cada dos días por ocho años (38). En estos hombres de mediana edad y mayores, la suplementación con vitamina E no tuvo efecto sobre el riesgo de cáncer de próstata o sobre el riesgo total de cáncer. Recientemente se detuvo un estudio de intervención aleatorizado y controlado con placebo de gran tamaño que utilizó suplementación con α-tocoferol y selenio (nombre del estudio: SELECT), sólo o en combinación, en 35,533 hombres sanos de 50 años o más, debido a que no había evidencia de un beneficio en la prevención del cáncer de próstata (39, 40). Después de un promedio de 5.5 años de seguimiento en el SELECT, los participantes que tomaban sólo vitamina E (400 UI/día de all-rac-α-tocoferol) tenían un riesgo más alto de cáncer de próstata, pero el incremento no era estadísticamente significativo (41). Un análisis posterior (mediana de seguimiento de 7 años) luego de que el estudio se detuviera encontró que los hombres que habían tomado el suplemento de vitamina E tenían un riesgo estadísticamente significativo de cáncer de próstata, un 17% más alto comparado con el de los hombres que tomaron un placebo (42).

Tratamiento de Enfermedades

Enfermedades cardiovasculares

Estudios basados en la observación sugieren que el α-tocoferol suplementario podría tener un valor en el tratamiento de enfermedades cardiovasculares. Por ejemplo, un estudio basado en la observación pequeño, en hombres que anteriormente se sometieron a cirugía de bypass de arteria coronaria, encontró que aquellos que tomaron diariamente al menos 100 UI de α-tocoferol suplementario (67 mg de RRR-α-tocoferol), tuvieron una reducción en la progresión de la aterosclerosis de arteria coronaria medida por angiografía, comparados con aquellos que tomaron menos de 100 UI/día de α-tocoferol (43). Un estudio de intervención aleatorizado y controlado con placebo en Gran Bretaña (el estudio CHAOS) encontró que la suplementación a pacientes de enfermedades cardiacas con 400 UI u 800 UI de α-tocoferol sintético (equivalentes a 180 mg o 360 mg de RRR-α-tocoferol) por un promedio de 18 meses, redujo dramáticamente en un 77% la ocurrencia de ataques cardiacos no fatales. Sin embargo, la suplementación con α-tocoferol no redujo significativamente el total de muertes por enfermedades cardiacas (44). Los pacientes en diálisis renal crónica se encuentran en un riesgo mucho mayor de morir de una enfermedad cardiovascular que la población general, y hay evidencia de que se encuentran también bajo estrés oxidativo aumentado. La suplementación en pacientes de diálisis renal con 800 UI de α-tocoferol natural (536 mg de RRR-α-tocoferol) por un periodo promedio de 1.4 años, dio como resultado un riesgo significativamente reducido de ataque al corazón en comparación a un placebo (45). En contraste, otros tres estudios basados en la observación fallaron en encontrar reducciones significativas del riesgo con la suplementación con α-tocoferol. Un estudio (ATBC), que fue diseñado principalmente para examinar la prevención del cáncer, encontró que 50 mg diarios de α-tocoferol sintético (equivalentes a 25 mg de RRR-α-tocoferol) resultaron en una disminución del 11% de los ataques al corazón no fatales, en participantes que ya habían tenido ataques al corazón previos; sin embargo, esta disminución no fue estadísticamente significativa (46). De manera similar, otros dos estudio grandes en individuos con evidencia de enfermedad cardiovascular (ataque previo al corazón, accidente cerebrovascular, o evidencia de enfermedad vascular), encontró que suplementos diarios de 400 UI de α-tocoferol natural (equivalentes a 268 mg de RRR-α-tocoferol) o 300 mg de α-tocoferol sintético (equivalentes a 150 mg de RRR-α-tocoferol), no variaron significativamente el riesgo de un posterior ataque al corazón o de un accidente cerebrovascular (nombre de los estudios: HOPE y GISSI, respectivamente) (47, 48). Un estudio en pacientes con enfermedad vascular o con diabetes mellitus encontró que la suplementación diaria con 400 UI de α-tocoferol natural por un promedio de 7 años no tuvo efecto sobre eventos cardiovasculares mayores (infarto al miocardio y accidente cerebrovascular) o muertes; como motivo de preocupación, este estudio notó un riesgo de falla cardiaca ligeramente aumentado en individuos que tomaban suplementos de vitamina E (49). Así, la mayoría de los ensayos clínicos que utilizan vitamina E para el tratamiento de enfermedades cardiacas no han encontrado efectos beneficiosos.

En un esfuerzo por dar a conocer el diseño de un estudio clínico, un estudio de dosis-respuesta de α-tocoferol se llevó a cabo en una muestra de individuos en riesgo elevado de eventos cardiovasculares (50). Treinta y cinco hombres y mujeres (edad promedio, 42 años) con hipercolesterolemia y F2-isoprostanos plasmáticos elevados (i.e., stress oxidativo sistémico aumentado) recibieron un placebo o una dosis de α-tocoferol de origen natural (RRR-α-tocoferol) de 100, 200, 400, 800, 1,600, o 3,200 UI/día por 16 semanas. Reducciones significativas en los F2-isoprostanos plasmáticos sólo ocurrieron a los 1,600 y 3,200 UI/día después de 16 semanas de administración. Notablemente, la dosis mínima de vitamina E necesaria para disminuir el stress oxidativo sistémico en este subconjunto de individuos de riego alto (1,600 UI/día) está por encima del nivel máximo de ingesta tolerable (NM) de vitamina E (1,500 UI/día; véase Seguridad).

Diabetes mellitus

Se ha propuesto la suplementación con α-tocoferol en individuos con diabetes mellitus ya que la diabetes mellitus parece incrementar el estrés oxidativo, y debido a que las complicaciones cardiovasculares (ataque al corazón y accidente cerebrovascular) están entre las causas principales de muerte en diabéticos. Un estudio encontró que un marcador bioquímico de estrés oxidativo (excreción urinaria de F2-isoprostanos) se encontraba elevado en individuos diabéticos tipo 2, y que la suplementación con 600 mg de α-tocoferol sintético (equivalentes a 300 mg de RRR-α-tocoferol) por 14 días redujo los niveles de este biomarcador (50). Los estudios del efecto de la suplementación con α-tocoferol sobre el nivel de glucosa sanguínea han sido contradictorios. Algunos estudios han mostrado que la vitamina E suplementaria mejora la acción de la insulina y la disposición de glucosa en individuos diabéticos tipo 2 (51) y en no diabéticos (52, 53), mientras que otros estudios han informado de mejoras mínimas o ninguna mejora en el metabolismo de la glucosa en diabéticos tipo 2 (54, 55). También se ha documentado stress oxidativo incrementado en diabetes tipo 1 (dependiente de insulina) (51). Un estudio reportó que suplementando a diabéticos tipo 1 sólo con 100 UI/día de α-tocoferol sintético (equivalentes a 45 mg de RRR-α-tocoferol) por un mes, mejoró significativamente los niveles de hemoglobina glicosilada y de triglicéridos (56). Este estudio también hizo notar mejoras no significativas en los niveles de glicemia luego de la suplementación con α-tocoferol (57). Aunque hay razones para sospechar que la suplementación con α-tocoferol podría ser beneficiosa en el tratamiento de la diabetes tipo 1 o tipo 2, aún hace falta evidencia que provenga de ensayos clínicos bien controlados.

Demencia (función cognitiva deteriorada)

El cerebro es particularmente vulnerable al estrés oxidativo, por lo que se piensa que juega un papel en la patología de las enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de Alzheimer (56). Adicionalmente, algunos estudios han documentado bajos niveles de vitamina E en el fluido cerebroespinal de pacientes con enfermedad de Alzheimer (58). Un estudio de intervención controlado con placebo de gran tamaño, en individuos con deterioro neurológico moderado encontró que la suplementación diaria con 2,000 UI de α-tocoferol sintético por dos años (equivalentes a 900 mg/día de RRR-α-tocoferol) retrasó significativamente la progresión de la demencia del Alzheimer (59). En contraste, un ensayo controlado con placebo en pacientes con deterioro cognitivo leve reportó que la misma dosis de vitamina E por un periodo de tres años, no retrasó la progresión de la enfermedad de Alzheimer (60). Después de la enfermedad de Alzheimer, la demencia vascular (demencia como resultado de accidentes cerebrovasculares) es el tipo más común de demencia en los EE.UU. Un estudio de casos y controles que examinó los factores de riesgo para demencia vascular en hombres Japoneses-Americanos de la tercera edad, encontró que la ingesta de vitamina E y vitamina C se asociaban con un riesgo significativamente reducido de demencia vascular y otros tipos de demencia, pero no con la demencia del Alzheimer (61). Entre aquellos sin demencia, el uso de suplementos de vitamina E se asoció con mejores puntajes en pruebas cognitivas. Aunque estos hallazgos son prometedores, son necesarios más estudios para determinar el papel de la suplementación con α-tocoferol en el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer y otros tipos de demencia.

Cáncer

Las células cancerígenas proliferan rápidamente y se resisten a la muerte por apoptosis (muerte celular programada). Los estudios de células en cultivo señalan que el éster de vitamina E, succinato de α-tocoferilo, puede inhibir la proliferación e inducir la apoptosis de una serie de líneas de células cancerígenas (62, 63). La forma de éster, succinato de α-tocoferilo, y no α-tocoferol, es la necesaria para inhibir efectivamente la proliferación e inducir la muerte de las células cancerígenas (64). Aunque aún no están claros los mecanismos para los efectos del succinato de α-tocoferilo sobre las células cancerígenas, el hecho de que la forma de éster no tiene actividad antioxidante, argumenta en contra de un mecanismo antioxidante (65). Información escasa proveniente de modelos animales de cáncer, indica que el succinato de α-tocoferilo administrado por inyección podría inhibir el crecimiento tumoral (66-69), pero es necesaria mucha más investigación para determinar si el succinato de α-tocoferilo será un adjunto beneficioso a la terapia de cáncer en humanos. Por supuesto, para cualquier beneficio sería necesaria su administración por inyección, ya que el succinato de α-tocoferilo tomado oralmente es lisado en el intestino para formar α-tocoferol (70). Actualmente no hay evidencia en humanos de que tomar suplementos orales de succinato de α-tocoferilo entregue succinato de α-tocoferilo a los tejidos.

Fuentes

Fuentes alimenticias

Las fuentes principales de α-tocoferol en la dieta Americana incluyen aceites vegetales (aceites de oliva, girasol, y cártamo), nueces, granos enteros, y vegetales de hoja verde. Las ocho formas de vitamina E (α-, β-, γ-, y δ-tocoferoles y tocotrienoles) están presentes naturalmente en los alimentos pero en cantidades variables. Para más información sobre el contenido de nutrientes de los alimentos, revise la base de datos de composición de los alimentos de la USDA.

Alimento Porción α-Tocoferol (mg) γ-Tocoferol (mg)
Aceite de oliva 1 cucharada 1.9 0.1
Aceite de soya 1 cucharada 1.1 8.7
Aceite de maíz 1 cucharada 1.9 8.2
Aceite de canola 1 cucharada 2.4 3.8
Aceite de cártamo 1 cucharada 4.6 0.1
Aceite de girasol 1 cucharada 5.6 0.7
Almendras 1 onza 7.4 0.2
Avellanas 1 onza 4.3 0
Maní 1 onza 2.4 2.4
Espinaca ½ taza, cruda 0.3 0
Zanahorias ½ taza, cruda y picada 0.4 0
Palta (California) 1 fruta 2.7 0.4

Suplementos

α-Tocoferol

En los EE.UU. la ingesta promedio de α-tocoferol proveniente de los alimentos (incluyendo fuentes enriquecidas y fortificadas) para individuos de mayores de 2 años es de 6.9 mg/día (14); Este nivel está muy por debajo de la IDR de 15 mg/día de RRR-α-tocoferol (4). Muchos científicos consideran que es difícil para un individuo consumir más de 15 mg/día de α-tocoferol solamente desde los alimentos sin incrementar la ingesta de grasas por sobre los niveles recomendados. Todo el α-tocoferol en los alimentos está en la forma del isómero RRR-α-tocoferol. Lo mismo no siempre es igual para los suplementos. Los suplementos de vitamina E generalmente contienen de 100 UI a 1,000 UI de α-tocoferol. Los suplementos hechos completamente de fuentes naturales contienen solo RRR-α-tocoferol (también denominado d-α-tocoferol). El RRR-α-tocoferol es el isómero preferido para uso en el cuerpo, haciéndolo la forma más biodisponible de α-tocoferol. El α-tocoferol sintético, el que con frecuencia se encuentra en alimentos fortificados y suplementos nutricionales, usualmente se etiqueta como all-rac-α-tocoferol o dl-α-tocoferol, significando que los ocho isómeros del α-tocoferol están presentes en la mezcla. Debido a que la mitad de los isómeros del α-tocoferol presentes en el all-rac-α-tocoferol no son utilizables por el cuerpo, el α-tocoferol sintético es menos biodisponible y sólo la mitad de potente. Para calcular la cantidad de mg de α-tocoferol biodisponible presente en un suplemento, utilice las siguientes fórmulas:

  • RRR-α-tocoferol (natural o d-α-tocoferol):
    UI x 0.67 = mg RRR-α-tocoferol.
    Ejemplo: 100 UI = 67 mg/li>
  • all-rac-α-tocoferol (sintético o dl-α-tocoferol):
    UI x 0.45 = mg RRR-α-tocoferol.
    Ejemplo: 100 UI = 45 mg
Succinato de α-tocoferilo y acetato de α-tocoferilo (ésteres α-tocoferilos)

Los suplementos de α-tocoferol se encuentran disponibles en la forma de ésteres: succinato de α-tocoferilo y acetato de α-tocoferilo. Los ésteres del tocoferol son más resistentes a la oxidación durante el almacenamiento que los tocoferoles no esterificados. Cuando se toman oralmente, el grupo funcional succinato o acetato se remueve del α-tocoferol en el intestino. La biodisponibilidad del α-tocoferol a partir de succinato de α-tocoferilo y de acetato de α-tocoferilo, es equivalente a la del α-tocoferol libre. Debido a que las unidades internacionales (UI) para los ésteres de α-tocoferol se ajustan por peso molecular, los factores de conversión para determinar la cantidad de α-tocoferol biodisponible aportado por el succinato de α-tocoferilo y por el acetato de α-tocoferilo, no son diferentes a los utilizados para el α-tocoferol (véase fórmulas.) (4). El éster succinato de α-tocoferilo, y no el α-tocoferol, es el necesario para inhibir efectivamente el crecimiento e inducir la muerte en células cancerígenas crecidas en cultivo (véase Tratamiento de Enfermedades: Cáncer). Sin embargo, actualmente no hay evidencia en humanos de que tomar suplementos orales de succinato de α-tocoferilo entregue succinato de α-tocoferilo a los tejidos.

Fosfatos de α-tocoferilo (Ester-E®)

Actualmente no hay evidencia publicada de que los suplementos que contienen fosfatos de α-tocoferilo sean más eficientemente absorbidos o que tengan una mayor biodisponibilidad en humanos que los suplementos que contienen α-tocoferol.

γ-Tocoferol

Los suplementos de γ-tocoferol y los suplementos de tocoferol mezclados también están disponibles comercialmente (71). Las cantidades de α- y γ-tocoferol varían en los suplementos de tocoferol mezclados, por lo que es importante leer la etiqueta para determinar la cantidad de cada tocoferol presente en los suplementos.

Seguridad

Toxicidad

Se han registrado pocos efectos secundarios en adultos que toman diariamente suplementos de menos de 2,000 mg de α-tocoferol (RRR- o all-rac-α-tocoferol). Sin embargo, la mayoría de los estudios de toxicidad o de efectos secundarios de la suplementación con α-tocoferol han durado desde sólo unas pocas semanas hasta unos cuantos meses, y los efectos secundarios que ocurrieron como resultado de la suplementación a largo plazo con α-tocoferol no han sido estudiados adecuadamente. La posibilidad más preocupante es la probabilidad de coagulación sanguínea elevada, la que podría aumentar la probabilidad de hemorragia en algunos individuos. La Junta de Nutrición y Alimentos del Instituto de Medicina estableció un nivel máximo de ingesta tolerable (NM) para los suplementos de α-tocoferol basado en la prevención de hemorragias (véase la tabla siguiente). La Junta consideró que 1,000 mg/día de α-tocoferol en cualquier forma (equivalentes a 1,500 UI/día de RRR-α-tocoferol o a 1,100 UI/día de all-rac-α-tocoferol) sería la dosis más alta con poca probabilidad de resultar en una hemorragia en casi todos los adultos (4). Aunque solamente ciertos isómeros del α-tocoferol se retienen en la circulación, todas las formas son absorbidas y metabolizadas en el hígado. El raciocinio de que cualquier forma de α-tocoferol (natural o sintética) puede ser absorbida y que por lo tanto podría ser potencialmente dañina es el fundamento para un NM que hace referencia a todas las formas de α-tocoferol.

Algunos médicos recomiendan descontinuar la suplementación de vitamina E en dosis altas un mes antes de una cirugía electiva, para disminuir el riesgo de hemorragia. Los infantes prematuros parecen ser especialmente vulnerables a los efectos adversos de la suplementación con α-tocoferol, la que debiera usarse solamente bajo supervisión controlada de un pediatra (71). Se ha encontrado que la suplementación con 400 UI/día de vitamina E acelera la progresión de retinitis pigmentosa no asociada con deficiencia de vitamina E (72).

Suplementación con vitamina E y mortalidad general

Un meta-análisis que combinó los resultados de 19 ensayos clínicos de suplementación con vitamina E para varias enfermedades, incluyendo enfermedad cardiaca, falla renal terminal, y enfermedad de Alzheimer, reportó que los adultos que tomaron suplementos de 400 UI/día o más eran un 6% más propensos a morir por cualquier causa que aquellos que no tomaron suplementos de vitamina E (73). Sin embargo, un análisis posterior más detallado del riesgo según dosis de vitamina E, y ajustado para otros suplementos de vitaminas y minerales, reveló que riesgo de muerte incrementado era estadísticamente significativo sólo a dosis de 2,000 UI/día, las que son más altas que el NM para adultos. Adicionalmente, otros tres meta-análisis que combinaron los resultados de ensayos controlados aleatorizados, diseñados para evaluar la eficacia de la suplementación con vitamina E en la prevención o tratamiento de enfermedades cardiovasculares, no encontraron evidencia de que la suplementación con vitamina E de hasta 800 UI/día, incrementara o disminuyera significativamente la mortalidad por enfermedades cardiovasculares o la mortalidad general (74-76). Además, un meta-análisis más reciente de 57 ensayos controlados aleatorizados encontró que la suplementación con vitamina E, en dosis de hasta 5,500 UI/día, no tenía efecto sobre la mortalidad general (77). Más aún, un meta-análisis de 68 ensayos aleatorizados encontró que la vitamina E suplementaria, por sí sola o en combinación con otros suplementos antioxidantes, no alteró significativamente el riesgo de mortalidad general (78). A la fecha, no hay evidencia convincente de que la suplementación con vitamina E hasta 800 UI/día, incremente el riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares u otras causas.


Nivel Máximo de Ingesta Tolerable (NM) para α-Tocoferol
Grupo Etario mg/day (UI/day d-alpha-tocopherol)
Infantes 0-12 meses  Imposible de Determinar*
Niños 1-3 años 200 mg (300 UI)
Niños 4-8 años 300 mg (450 UI)
Niños 9-13 años 600 mg (900 UI)
Adolescentes 14-18 años 800 mg (1,200 UI)
Adultos 19 años y más 1,000 mg (1,500 UI)
*La fuente de la ingesta debieran ser solamente de alimentos o fórmula.

Interacción con drogas

El uso de suplementos de vitamina E podría incrementar el riesgo de sangrado en individuos que toman drogas anticoagulantes, como warfarina (Cumadina); drogas antiplaquetarias, como clopidrogel (Plavix) y dipiridamol (Persantine); y drogas anti-inflamatorias no esteroidales (AINEs), incluyendo aspirina, ibuprofeno, y otros. También, los individuos en terapia anticoagulante (adelgazantes de sangre) o los individuos deficientes en vitamina K no deberían tomar suplementos de α-tocoferol sin supervisión médica cercana, debido al riesgo aumentado de hemorragia (4). Una serie de medicamentos podría disminuir la absorción de vitamina E, incluyendo colestiramina, colestipol, isoniazida, aceite mineral, orlistat, sucralfato, y el sustituto graso, olestra. Las drogas anticonvulsivantes, como fenobarbital, fenitoína, o carbamazepina, podrían disminuir los niveles plasmáticos de vitamina E (4, 71).

Antioxidantes e inhibidores de la HMG-CoA reductasa (estatinas)

Un ensayo controlado y aleatorizado de 3 años en 160 pacientes con enfermedad coronaria cardiaca (ECC) documentada y bajos niveles de HDL, encontró que una combinación de simvastatina (Zocor) y niacina incrementó los niveles de HDL2, inhibió la progresión de estenosis de arteria coronaria (estrechamiento), y disminuyó la frecuencia de eventos cardiovasculares, como infarto al miocardio y accidente cerebrovascular (79). Sorprendentemente, cuando se tomó una combinación de antioxidantes (1,000 mg de vitamina C, 800 UI de α-tocoferol, 100 mcg de selenio, y 25 mg de β-caroteno diariamente) junto a la combinación de simvastatina-niacina, los efectos protectores disminuyeron. Sin embargo, en un ensayo controlado y aleatorizado mucho más grande de simvastatina y una combinación antioxidante (600 mg de vitamina E, 250 mg de vitamina C, y 20 mg de β-caroteno diariamente) en más de 20,000 hombres y mujeres con enfermedad de arteria coronaria o diabetes, la combinación antioxidante no afecto adversamente los efectos cardioprotectores de la terapia de simvastatina por un periodo de 5 años (80). Estos hallazgos contradictorios señalan que es necesaria más investigación sobre las potenciales interacciones entre la suplementación antioxidante y los agentes hipocolesterolemiantes como son los inhibidores de la HMG-CoA reductasa (estatinas).

Recomendación del Instituto Linus Pauling

Ingesta Diaria Recomendada (IDR) de vitamina E para hombres y mueres adultos es de 15 mg (22.5 UI) por día. Cabe destacar, que más del 90% de los individuos mayores de 2 años de edad en los EE.UU. no alcanza el requerimiento diario de vitamina E sólo desde fuentes alimenticias, a pesar de que hay evidencia no concluyente de que la vitamina E suplementaria en dosis altas reduce el riesgo de enfermedades crónicas. Por lo tanto, el Instituto Linus Pauling recomienda que los adultos generalmente sanos (con edades de 19 años de edad y mayores) tomen un suplemento multivitamina/mineral diario, el que usualmente contiene 30 UI de vitamina E sintética, o 90% de la IDR. No hay evidencia concluyente de que la suplementación con dosis altas de vitamina E disminuya el riesgo de enfermedades crónicas, y unos pocos estudios han reportado efectos dañinos en algunas subpoblaciones.

Adultos mayores (>50 años)

La recomendación del Instituto Linus Pauling de tomar un suplemento multivitamina/mineral (MVM) que contenga vitamina E, también es apropiada para adultos mayores generalmente sanos. Los MVMs contienen típicamente 30 UI de vitamina E sintética, o 90% de la IDR.


Autores y Críticos

Escrito en Noviembre de 2002 por:
Jane Higdon, Ph.D.
Instituto Linus Pauling de la Universidad Estatal de Oregon

Actualizado en Noviembre de 2004 por:
Jane Higdon, Ph.D.
Instituto Linus Pauling de la Universidad Estatal de Oregon

Actualizado en Junio de 2008 por:
Victoria J. Drake, Ph.D.
Instituto Linus Pauling de la Universidad Estatal de Oregon

Revisado en Junio de 2008 por:
Maret G. Traber, Ph.D.
Profesor de Ciencias de la Nutrición y el Ejercicio
Investigador Principal,
Instituto Linus Pauling de la Universidad Estatal de Oregon

Traducido al Español en 2012 por:
Guillermo Sandoval, Facultad de Odontologia, Universidad de Chile;
Revisado y editado en Diciembre 2012 por:
Andrew F.G. Quest, Ph.D. y Lisette Leyton, Ph.D.,
Profesores Titulares del Instituto de Ciencias Biomédicas,
Facultad de Medicina, Universidad de Chile,
en el marco del proyecto Anillo #ACT1111, grupo NEMESIS.

La traducción de el MIC del Inglés al Español fue asegurado, en parte, por una subvención de Bayer Consumer Care AG, Basel, Switzerland.

Última actualización 11/17/11   Derechos de autoría  2000-2015  Instituto Linus Pauling


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