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Resumen

  • La vitamina D puede ser sintetizada en la piel después de exponerse a la luz solar y es entonces metabolizada en el hígado y riñón a la metabólicamente forma activa llamada 1,25-dihidroxivitamina D. A través de la unión al receptor de la vitamina D (RVD), la 1,25-dihidroxivitamina D puede regular la expresión de cientos de genes involucrados en funciones del esqueleto y otras funciones biológicas. (Más información)
  • La vitamina D es esencial para el mantenimiento de la mineralización ósea a través de la regulación de calcio y homeostasis del fósforo. La vitamina D también exhibe muchos efectos no-esqueléticos, particularmente en los sistemas inmune, endocrino, y cardiovascular. (Más información)
  • La vitamina D es importante para el desarrollo y mantenimiento óseo normal. Una deficiencia severa de vitamina D causa raquitismo en niños y osteomalacia en adultos. (Más información)
  • El hiperparatiroidismo secundario debido a la insuficiencia de vitamina D puede incrementar la degradación ósea y precipitar la osteoporosis. Ensayos clínicos aleatorios indicaron que altas dosis de vitamina D suplementaria pueden reducir el riesgo de caídas y fracturas en individuos de edad avanzada. (Más información)
  • La vitamina D puede regular la diferenciación celular y crecimiento al unirse al receptor de la vitamina D encontrado en la mayoría de las células del cuerpo. Estudios basados en la observación han reportado asociaciones entre la baja exposición al sol, un estatus pobre de la vitamina D, y el riesgo incrementado de desarrollar cáncer colorrectal y de seno. Ensayos clínicos aleatorios son necesarios para evaluar si la prevención de cáncer podría beneficiarse de la suplementación de vitamina D. (Más información)
  • Varios estudios basados en la observación han reportado una asociación entre el estatus de la vitamina D y la susceptibilidad o severidad de enfermedades autoinmunes, incluyendo la diabetes mellitus tipo 1, esclerosis múltiple, artritis reumatoides, y lupus eritematoso sistémico. (Más información)
  • Evidencia actual proveniente de estudios basados en la observación sugiere una relación inversa entre las concentraciones circulantes de vitamina D y el riesgo de diabetes mellitus tipo 2. Aun no se conoce si corrigiendo la deficiencia de vitamina D en individuos con intolerancia a la glucosa puede disminuir el riesgo de la progresión a diabetes tipo 2. (Más información)
  • Ensayos clínicos aleatorios están actualmente investigando si la suplementación con vitamina D puede limitar el deterioro cognitivo y progresión de la enfermedad en sujetos con enfermedades neurodegenerativas. (Más información)
  • La insuficiencia de vitamina D en mujeres embarazadas puede estar asociada con varios efectos adversos para la madre y el recién nacido. La seguridad y beneficios de la suplementación con vitamina D durante el embarazo necesitan ser evaluados en ensayos clínicos. (Más información)
  • Estudios preliminares recientes han mostrado que la suplementación con vitamina D puede ofrecer mejoras prometedoras en el manejo de la dermatitis atópica (eczema) y la enfermedad de Crohn. (Más información)

La vitamina D es una vitamina liposoluble que regula la homeostasis del calcio y es vital para la salud ósea (1). Mientras que esta puede ser también obtenida de fuentes dietarías o suplementos, la vitamina D3 (colecalciferol) es sintetizada en la piel a partir de la conversión del 7-dehydrocholesterol luego de la exposición a la radiación ultravioleta-B (UVB) de la luz solar (véase el artículo en Vitamina D y Salud de la Piel). La vitamina D2 (ergocalciferol) es una vitamina D análoga fotosintetizada en plantas, hongos, y levaduras; la vitamina D2 es también usada en la fortificación de alimentos con vitamina D (2). Cuando la vitamina D3 en la piel es inadecuada debido a insuficiente exposición a la radiación UVB, la ingesta oral de vitamina D es necesaria para satisfacer los requerimientos de vitamina D.

Función

Metabolismo de la vitamina D

El colecalciferol y ergocalciferol son precursores biológicamente inactivos de la vitamina D y deben ser convertidos a formas biológicamente activas en el hígado y riñones. En efecto, luego de la ingesta dietaría o síntesis en la epidermis de la piel después de la exposición a la radiación UVB, ambas formas de la vitamina D entran en la circulación y son transportadas al hígado por la proteína de unión a vitamina D (y en menor medida por la albúmina). En los hepatocitos (células del hígado), la vitamina D es hidroxilada para formar 25-hidroxivitamina D (calcidiol; calcifediol). La exposición a la luz solar o la ingesta dietaría de vitamina D incrementan los niveles en el suero de 25-hidroxivitamina D. La 25-hidroxivitamina D constituye la principal forma de vitamina D circulante, y la suma de los niveles de 25-hidroxivitamina D2 y 25-hidroxivitamina D3 en el suero es usada como un indicador del estatus nutricional de la vitamina D (3). La enzima renal 25-hidroxivitamina D-1α-hidroxilasa (también conocida como CYP27B1) eventualmente cataliza una segunda hidroxilación que convierte a la 25-hidroxivitamina D en 1,25-hidroxivitamina D (calcitriol). La producción de 1,25-hidroxivitamina D en los riñones es regulada por varios factores, incluyendo el fósforo, calcio, hormona paratiroidea (PTH), el factor de crecimiento de fibroblastos 23 (FGF-23), y la propia 1,25-dihidroxivitamina D del suero. Mientras que los riñones es la fuente principal de la actividad de la 1α-hidroxilasa, la producción externa de 1,25-dihidroxivitamina D ha sido también demostrada en una variedad de tejidos, incluyendo la piel, glándula paratiroidea, senos, colon, próstata, como también en células del sistema inmunológico y células óseas (2). La mayoría de los efectos fisiológicos de la vitamina D en el cuerpo están relacionados a la actividad de 1,25-dihidroxivitamina D (4). Varias formas de la vitamina D están listadas en Figura 1.

Figura 1. Forms of Vitamin D: vitamina D2 (ergocalciferol) presente en plantas, vitamina D3 (colecalciferol) presente en la piel de animales, y vitamina D3: 25-hidroxivitamina D (calcidiol) en el hígado y 1,25-dihidroxivitamina D (calcitriol) en los riñones.

Mecanismos de acción

La mayoría, si no todas, las acciones de la vitamina D son mediadas a través de un factor de transcripción nuclear conocido como receptor de vitamina D (RVD) (5). Al entrar al núcleo de una célula, la 1,25-dihidroxivitamina D se une al RVD y recluta otro receptor nuclear conocido como receptor del ácido retinoico X (RXR). En la presencia de 1,25-dihidroxivitamina D, el complejo RVD/RXR se une a pequeñas secuencias de ADN conocidas como elementos de respuesta a vitamina D (VDREs) e inicia una cascada de interacciones moleculares que modulan la transcripción de genes específicos. Miles de VDREs han sido identificados a través del genoma, y se piensa que la activación del RVD por la 1,25-dihidroxivitamina D directamente y/o indirectamente regula de entre 100 a 1,250 genes (6).

Balance del calcio

Mantener los niveles de calcio en el suero dentro de un rango estrecho es vital para el funcionamiento normal del sistema nervioso, como también para el crecimiento óseo y mantención de la densidad ósea. La vitamina D es esencial para la utilización eficiente del calcio por el cuerpo (1). Las glándulas paratiroideas captan los niveles de calcio en el suero y secretan la hormona paratiroidea (PTH) si los niveles de calcio disminuyen por debajo de lo normal (Figura 2). Incrementos en la PTH estimulan la actividad de la enzima 25-hidroxivitamina D3-1α-hidroxilasa en el riñón, resultando en una producción incrementada de 1,25-hidroxivitamina D. Altos niveles de 1,25-dihidroxivitamina D resultan en la activación del RVD y en cambios en la expresión de genes que normalizan el calcio en el suero al (1) incrementar la absorción intestinal de calcio dietario, (2) incrementar la reabsorción de calcio filtrado por los riñones, y (3) movilizar calcio del hueso cuando hay insuficiente calcio dietario para mantener los niveles de calcio del suero normales (7).

Figura 2. Sistema Endocrino de la Vitamina D. Las glándulas paratiroideas miden el nivel de calcio plasmático, y secretan hormona paratiroidea (PTH) si se vuelve demasiado bajo, como por ejemplo, cuando la ingesta dietética de calcio es insuficiente. La PTH estimula la actividad de la enzima 1-hidroxilasa en los riñones, provocando un incremento en la producción de calcitriol, la forma biológicamente activa de la vitamina D3. El incremento en la producción de calcitriol restaura los niveles normales de calcio plasmático de tres formas diferentes: 1) activando el sistema de transporte dependiente de vitamina D en el intestino delgado, incrementando la absorción de calcio dietético; 2) incrementando la liberación de calcio a la circulación desde los huesos; y 3) incrementando la reabsorción de calcio en los riñones. La PTH también es necesaria para incrementar la liberación de calcio desde los huesos y su reabsorción desde los riñones. Sin embargo, la PTH no es necesaria para el efecto del calcitriol sobre la absorción intestinal de calcio.

Balance del fósforo

Las regulaciones del calcio y homeostasis del fósforo están estrechamente relacionadas, y las hormonas calciotrópicas de la PTH y la 1,25-hidroxivitamina D pueden también controlar el fósforo del suero. Especialmente, la 1,25-dihidroxivitamina D incrementa la absorción intestinal de fósforo al estimular la expresión de un cotransportador sodio-fosfato en el intestino delgado. Mientras que la PTH incrementa la excreción urinaria de fósforo al reducir la reabsorción en el riñón, aun no es claro si la 1,25-dihidroxivitamina D puede directamente regular el transporte renal de fósforo. La hormona fosfatúrica del factor de crecimiento fibroblástico 23 (FGF-23), secretada por los osteoblastos (células formadoras de hueso), limita la producción de la 1,25-hidroxivitamina D al inhibir la 25-hidroxivitamina D-1α-hidroxilasa (revisado en 8).

Diferenciación celular

Se dice que las células que se dividen rápidamente son células en proliferación. La diferenciación resulta en la especialización de células para funciones específicas. En general, la diferenciación celular lleva a una disminución en la proliferación. Mientras que la proliferación celular es esencial para el crecimiento y cicatrización de heridas, la proliferación incontrolada de células con ciertas mutaciones puede llevar al cáncer. La forma activa de la vitamina D, 1,25-dihidroxivitamina D inhibe la proliferación y estimula la diferenciación de las células mediante su unión al RVD (1).

Inmunidad

Actuando a través del RVD la 1,25-dihidroxivitamina D es un potente modulador del sistema inmune. El RVD es expresado por la mayoría de las células del sistema inmune, incluyendo las células T regulatorias y las células presentadoras de antígeno, como las células dendríticas y macrófagos (9). Bajo circunstancias específicas, los monocitos, macrófagos, y células T pueden expresar la enzima 25-dehidroxivitamina D-1α-hidroxilasa y producir 1,25-dihidroxivitamina D, la cual actúa localmente para regular la respuesta inmune (10, 11). Existe evidencia científica considerable que la 1,25-dihidroxivitamina D posee una variedad de efectos en la función del sistema inmune, que podrían mejorar la inmunidad innata e inhibir el desarrollo de la autoinmunidad (12). Inversamente, la deficiencia de vitamina D puede comprometer la integridad del sistema inmunológico y conducir a respuestas inmunes inapropiadas (véase Enfermedades autoinmunes). 

Secreción de insulina

El RVD es expresado por las células secretoras de insulina del páncreas, y los resultados de estudios en animales sugieren que la 1,25-dihidroxivitamina D desempeña un papel en la secreción de insulina bajo condiciones de un incremento de la demanda de insulina (13, 14). Estudios prospectivos y de corte transversal sugieren que niveles insuficientes de vitamina D pueden tener un efecto adverso en la secreción de insulina y tolerancia a la glucosa en la diabetes tipo 2 (diabetes mellitus no dependiente de insulina) (revisado en 15).

Regulación de la presión sanguínea

El sistema renina-angiotensina juega un papel importante en la regulación de la presión sanguínea (16). La renina es una enzima que cataliza el clivaje (separación) de un péptido pequeño (angiotensina I) de una proteína más grande (angiotensinógeno) producida en el hígado. La enzima convertidora de angiotensina (ECA) cataliza el clivaje de la angiotensina I para formar angiotensina II, un péptido que puede incrementar la presión sanguínea al inducir la constricción de pequeñas arterias y al incrementar la retención de sodio y agua. La tasa de síntesis de angiotensina II es dependiente de la renina (17). Investigación en ratones sin el gen que codifica para el RVD, indica que la 1,25-dihidroxivitamina D disminuye la expresión del gen que codifica para la renina a través de su interacción con el RVD (18). Ya que la activación inapropiada del sistema renina-angiotensina puede contribuir al desarrollo de hipertensión, alcanzar niveles adecuados de vitamina D podría ser importante para disminuir el riesgo de presión sanguínea alta (véase Hipertensión).

Deficiencia

En la deficiencia de vitamina D, la absorción de calcio no puede ser incrementada lo suficiente para satisfacer las necesidades de calcio del cuerpo (4). En consecuencia, la producción de la PTH por las glándulas paratiroideas es incrementada y calcio es movilizado del esqueleto para mantener niveles normales de calcio en el suero — una condición conocida como hiperparatiroidismo secundario. A pesar de que hace mucho tiempo se sabe que la deficiencia severa de vitamina D tiene consecuencias serias para la salud ósea, investigaciones sugieren que estados menos obvios de deficiencia de vitamina D son comunes, e incrementan el riesgo de osteoporosis y otros problemas de salud (véase Prevención de Enfermedades).

Severa deficiencia de vitamina D

Raquitismo

En infantes y niños la deficiencia severa de vitamina D resulta en el fracaso de la mineralización de los huesos. El proceso de mineralización, que involucra la producción de cristales de fosfato de calcio por las células formadoras de hueso, determina la dureza y resistencia de los huesos. La deficiencia de vitamina D severamente afecta los huesos que crecen rápidamente. Las placas de crecimiento de los huesos continúan alargándose, pero en la ausencia de una mineralización adecuada, los miembros que soportan el peso (brazos y piernas) se arquean. En infantes, el raquitismo podría resultar en un retraso en el cierre de las fontanelas (partes blandas) en el cráneo, y la caja torácica podría deformarse debido a la acción de arrastre del diafragma. En casos severos, bajos niveles de calcio en el suero (hipocalcemia) podrían causar convulsiones. Aunque la fortificación de alimentos ha llevado a la complacencia con respecto a la deficiencia de vitamina D, en ciudades alrededor del mundo aún se reportan casos de raquitismo nutricional (19, 20).

Osteomalacia

Aunque los huesos adultos no están más en crecimiento, estos están en un constante estado de renovación, o "remodelación." En adultos con una deficiencia severa de vitamina D, la matriz de colágeno del hueso se conserva, pero el mineral óseo se pierde progresivamente, resultando en el ablandamiento de huesos (osteomalacia), dolor de huesos, y un incremento en el riesgo de osteoporosis (21).

Debilidad y dolor muscular

La deficiencia de vitamina D causa debilidad y dolor muscular en niños y adultos. El dolor y la debilidad muscular fueron los síntomas prominentes de la deficiencia de vitamina D en un estudio en mujeres musulmanas árabes y danesas viviendo en Dinamarca (22). En un estudio de corte transversal en 150 pacientes consecutivos remetidos a una clínica en Minnesota para la evaluación de dolor musculoesquelético persistente, no especifico, el 93% tuvieron niveles de 25-hidroxivitamina en el suero iguales o por debajo de los 20 ng/mL, con una concentración media de 12.1 ng/mL, lo cual es un indicativo de la insuficiencia de vitamina D (23). La pérdida de fuerza muscular contribuye en gran medida al incremento del riesgo de caídas y fracturas de hueso, especialmente en personas mayores (24). Además, la insuficiencia de vitamina D a largo plazo puede ser un factor contribuidor a la osteoporosis en los ancianos (véase Osteoporosis).

Factores de riesgos de la deficiencia de vitamina D

  • Condiciones ambientales: Ubicaciones geográficas, incluyendo latitud y altitudes, y condiciones atmosféricas (p. ej., contaminación del aire, presencia de nubes) influencian en gran medida la intensidad de la radiación UVB que alcanza el suelo. Cambios estacionales también afectan la cualidad y cantidad de los rayos UVB y de este modo la producción de vitamina D en la piel (25, 26).
  • Estilo de ropa cubierta: En un estudio de 2,032 en mujeres del Medio Oriente, que vistieron un velo en la cabeza o cubrieron toda la piel por razones religiosas o culturales, el 96% tuvieron niveles de 25-hidroxivitamina D en el suero por debajo de los 20 ng/mL, y el 60% tuvieron niveles de vitamina D por debajo de los 12 ng/mL (27). El raquitismo y osteomalacia no son comunes en las regiones del Medio Oriente y Norte de África donde niños y mujeres cubren la mayoría de toda su piel cuando salen al exterior (28).
  • Medidas de protección solar: Las prácticas de protección solar, incluyendo el limitar la exposición al sol, vestir ropas protectoras y sombreros, y aplicar bloqueador solar, obstaculizan la exposición de la piel a la luz solar y por lo tanto dan lugar a una producción menor de vitamina D3 y metabolitos de la vitamina D circulantes a menos que haya una ingesta oral adecuada. Debe notarse que la aplicación de protector solar (2 mg/cm2) con un factor de protección solar (FPS) de 10 reduce la radiación UVB en un 90% (29).
  • Infantes exclusivamente amamantados: Los infantes que son exclusivamente amamantados y no reciben suplementación con vitamina D están en un riesgo alto de deficiencia de vitamina D, particularmente si tienen la piel oscura y/o reciben poca exposición solar (19). La leche humana generalmente provee de entre 10-80 UI de vitamina D por litro (L), que corresponde a 0.2-1.5 μg/día (8-60 UI/día) cuando se usa un promedio diario de ingesta de leche de 0.75 L (25 oz) (30). La Academia Americana de Pediatría recomienda que todos los infantes amamantados y parcialmente amamantados les sea dado un suplemento de vitamina D de 400 UI/día (19). La suplementación materna de vitamina D durante el periodo de lactancia puede contribuir a un estatus de la vitamina D mejorado en el infante que está siendo amamantado, especialmente en poblaciones con una alta prevalencia de deficiencia de vitamina D (31). Infantes mayores y niños pequeños que son alimentados exclusivamente con substitutos de la leche (p. ej., formulas a base de soya) y alimentos para el destete que no están fortificados con vitamina D están un riesgo de una deficiencia de vitamina D (32).

La eficiencia de la síntesis de vitamina D, absorción, y metabolismo también depende en una variedad de factores biológicos:

  • Pigmentación de la piel: Las personas con una complexión oscura sintetizan menos vitamina D al exponerse a la luz solar que aquellos con un color de piel más claro (33). Un cuestionario nacional estadounidense reporto niveles promedio de 25-hidroxivitamina D en el suero de 28 ng/mL, 20 ng/mL, y 14 ng/mL en mujeres Caucásicas, México Americanas, y Afroamericanas de entre 20 a 39 años de edad, respectivamente (34).
  • Variaciones genéticas: La biodisponibilidad de la vitamina D varía entre individuos y depende del nivel de la proteína de unión a vitamina D (DBP) circulante, una proteína transportadora que une de entre 85%-90% de la 25-hidroxivitamina D circulante. La fracción de la 25-hidroxivitamina D circulante en el suero que no está unida a la DBP puede ser considerada fácilmente biodisponible, es decir, que está más rápidamente disponible para actuar en los tejidos diana. Las concentraciones de DBP en el suero son influenciadas por variaciones genéticas (llamadas polimorfismos) en la secuencia del gen que codifica para la DBP. Por lo tanto, para un nivel dado del total de 25-hidroxivitamina D, el nivel de 25-hidroxivitamina D biodisponible dependerá en gran medida del de la DBP. Un polimorfismo el cual se encontró es prevalente en Afroamericanos ha sido recientemente asociado con un nivel menor de DBP, sugiriendo que los polimorfismos de la DBP a través de diferentes poblaciones étnicas pueden conllevar a que las medidas del total de 25-hidroxivitamina D a veces inadecuadamente reflejen el estatus de la vitamina D (35).
  • Edad avanzada: Las personas de la tercera edad tienen una capacidad reducida para sintetizar vitamina D en la piel cuando se exponen a la radiación UVB y son más propensos a permanecer en interiores y usar bloqueador solar, lo cual previene la síntesis de vitamina D. Se ha estimado que a través de Canadá, los EE.UU., y Europa, la prevalencia de la deficiencia de vitamina D oscila entre 20%-100% en personas de la tercera edad que viven libremente (36). Por otra parte, adultos que se encuentran en instituciones y que no son suplementados con vitamina D están en un riesgo extremadamente alto de una deficiencia de vitamina D (37, 38).
  • Enfermedad renal crónica (ERC): La deficiencia de vitamina D en pacientes con una función renal alterada se debe a una reducción en la síntesis de 1,25-dihidroxivitamina D y a una perdida incrementada de 25-hidroxivitamina D en la orina (39).
  • Síndromes de malabsorción de grasas: La deficiencia de vitamina D es común entre personas con fibrosis quística y con tanto enfermedades hepáticas colestásicas y no colestásicas debido a la disminución de la absorción de la vitamina D dietaría y a la alteración de la conversión de vitamina D a 25-hidroxivitamina D (revisado en 40).
  • Enfermedad inflamatoria intestinal: Las personas con una enfermedad intestinal inflamatoria como la enfermedad de Crohn parecen estar en un riesgo incrementado de una deficiencia de vitamina D, especialmente aquellas que han tenido resecciones intestinales pequeñas (41).
  • Obesidad: La obesidad (índice de masa corporal ≥30 kg/m2) incrementa el riesgo de la deficiencia de vitamina D (42). Una vez la vitamina D es sintetizada en la piel o ingerida, esta puede ser secuestrada en los depósitos de grasa corporal, haciéndola menos biodisponible para las personas con una mayor masa corporal grasa. Por otra parte, ensayos de la suplementación de vitamina D han mostrado que las personas obesas alcanzaron niveles mucho más bajos de los niveles 25-hidroxivitamina D del suero en comparación a participantes con pesos normales (IMC <25 kg/m2) con dosis orales equivalentes (43).
  • Deficiencia de magnesio: Recientes descubrimientos sugieren que altas ingestas de magnesio podrían reducir el riesgo de la insuficiencia de vitamina D. El magnesio regula la actividad de enzimas críticas en el metabolismo de la vitamina D, lo cual explicaría como la deficiencia de magnesio afecta negativamente el estatus de la vitamina D (44).

Evaluación del estado nutricional de vitamina D

La creciente toma de conciencia de que la deficiencia de vitamina D tiene serias consecuencias para la salud más allá del raquitismo y la osteomalacia, resalta la necesidad de una evaluación precisa del estatus nutricional de la vitamina D. Actualmente se acordó que la medida de la concentración total de la 25-hidroxivitamina D en el suero (1 ng/mL correspondiente a 2.5 nmol/L) es el mejor indicador para evaluar el estatus de la vitamina D. Sin embargo, evidencia de alta calidad aun es necesaria para asegurar que los valores de corte actuales son óptimos para definir estados de insuficiencia y deficiencia (36). Aunque valores de referencia del laboratorio para los niveles suficientes de vitamina D habían sido inicialmente basados en los niveles de 25-hidroxivitamina D del suero provenientes de cohortes de individuos saludables, estudios adicionales han sugerido que los valores de corte basados en la salud que apuntan a la prevención de hiperparatiroidismo secundario y pérdida ósea deberían ser considerablemente más altos. En efecto, mientras que se considera que las concentraciones de 25-hidroxivitamina D del suero menores a 8-10 ng/mL (20-25 nmol/L) indican una deficiencia severa asociada al raquitismo y osteomalacia, varios estudios han observado que los niveles de PTH (45, 46) y de la absorción de calcio (47) no fueron óptimos en relación a los niveles de 25-hidroxivitamina D del suero por debajo de los 32 ng/mL (80 nmol/L).

A pesar de todo, estudios más recientes han fallado en encontrar valores de umbral de las concentraciones de 25-hidroxivitamina D del suero en relación a la supresión de la PTH y la absorción optima del calcio. Por otra parte, el análisis de corte transversal reciente de 312,962 muestras clínicas no encontró evidencia de un umbral para la supresión de la PTH en la curva bien ajustada que muestra la asociación inversa entre las mediciones emparejadas de la PTH del suero y la 25-hidroxivitamina D, incluso con una concentración de 25-hidroxivitamina D más allá de los 70 ng/mL (175 nmol/L) (48). Esto contradijo un reciente análisis de la Encuesta Nacional de Examinación de Salud y Nutrición de los EE.UU. (NHANES 2003-2006) que estimo la supresión máxima de la PTH para las concentraciones de 25-hidroxivitamina D de 40 ng/mL (100 nmol/L) y mayores (49). Además, ambos estudios identificaron evidencia de hiperparatiroidismo leve (PTH sérica >65 pg/mL) en individuos con niveles de 25-hidroxivitamina D del suero mucho más allá de los 20 ng/mL (50 nmol/L), cuestionando el uso de PTH en el suero como un indicador razonable de la insuficiencia de vitamina D (48, 49). Por otra parte, un ensayo aleatorio controlado con placebo reciente en mujeres postmenopáusicas con una insuficiencia de vitamina D (25-hidroxivitamina D sérica <20 ng/mL) suplementadas con dosis diarias de vitamina D3 de entre 400 a 4,800 UI encontró un cambio pequeño (6%) en la absorción de calcio sobre una concentración normal de 25-hidroxivitamina D con un rango de 20 a 66 ng/mL (50).

Los puntos de corte actuales propuestos por el Instituto de Medicina son los siguientes: como deficiencia valores de 25-hidroxivitamina D del suero ≤12 ng/mL (30 nmol/L); como insuficiencia valores de 25-hidroxivitamina D del suero de 12-19 ng/mL (30-49 nmol/L); y como suficiencia valores de 25-hidroxivitamina D del suero de 20-50 ng/mL (50-125 nmol/L) (51). Las ingestas dietarías de referencia (REP, IDR) establecidas por el Insituto de Medicina están basadas en el logro de concentraciones de 25-hidroxivitamina D circulante (20-50 ng/mL) que son adecuadas para mantener la salud ósea y una óptima absorción de calcio (52). Sin embargo, teniendo en cuenta el papel potencial de los niveles circulantes menores de 30 ng/mL en la carga de muchas enfermedades crónicas (6), la Sociedad de Endocrinología Estadounidense ha sugerido definir los valores de corte de la siguiente manera: como deficiencia valores de 25-hidroxivitamina D del suero ≤20 ng/mL (50 nmol/L); como insuficiencia valores de 25-hidroxivitamina D del suero de 21-29 ng/mL (51-74 nmol/L); como suficiencia valores de 25-hidroxivitamina D del suero de 30-100 ng/mL (75-250 nmol/L) (36). Sin embargo, este rango alternativo deseado es apoyado por algunos estudios basados en la observación, pero no está basado en datos de ensayos controlados aleatorios (43). (Véase Prevención de Enfermedades). Con estos últimos valores de corte mencionados, estudios provenientes de todo el mundo han estimado que la hipovitaminosis D está bastante extendida y que niños y adultos de todas las edades están en un riesgo igual de insuficiencia y deficiencia (53). Datos de estudios de suplementación indican que las ingestas de vitamina D de por lo menos 800-1,000 UI/día son requeridas por adultos que viven en latitudes templadas para alcanzar niveles de 25-hidroxivitamina D del suero de por lo menos 30 ng/mL (75 nmol/L) (36). Finamente, las concentraciones totales de 25-hidroxivitamina en el suero pueden no siempre adecuadamente reflejar la biodisponibilidad de la vitamina D (35) y evidencia adicional es necesaria para mejorar la determinación del estatus de la vitamina D en diferentes poblaciones étnicas.

La Ingesta Diaria Recomendada (IDR)

En el 2010, la Junta de Nutrición y Alimentos (JNA) del Instituto de Medicina estableció una Ingesta Diaria Recomendada (IDR) basada en la cantidad de vitamina D necesaria para la salud ósea. Mientras que la IDR se incrementó en comparación al nivel de ingesta adecuada (IA) establecida en 1997, los niveles óptimos de las ingestas recomendadas y de 25-hidroxivitamina D del suero que minimizan el hiperparatiroidismo y maximizan la salud ósea en la población general permanecen controversiales (36). La IDR para la vitamina D se muestra en la Tabla 1 por etapa de la vida y género.

Tabla 1. Ingesta Diaria Recomendada (IDR) para Vitamina D
Etapa de la Vida  Edad  Hombres
μg/día (UI/día)
Mujeres
μg/día (UI/día)
Infantes  0-6 meses  10 μg (400 UI) (IA 10 μg (400 UI) (IA) 
Infantes  6-12 meses  10 μg (400 UI) (IA)  10 μg (400 UI) (IA) 
Niños  1-3 años  15 μg (600 UI)  15 μg (600 UI) 
Niños 4-8 años  15 μg (600 UI)  15 μg (600 UI) 
Niños  9-13 años  15 μg (600 UI)  15 μg (600 UI) 
Adolescentes  14-18 años  15 μg (600 UI)  15 μg (600 UI) 
Adultos  19-50 años  15 μg (600 UI)  15 μg (600 UI) 
Adultos  51-70 años 15 μg (600 UI)  15 μg (600 UI) 
Adultos 71 años y más 20 μg (800 UI)  20 μg (800 UI) 
Embarazo  Todas las edades  15 μg (600 UI) 
Período de lactancia  Todas las edades  15 μg (600 UI) 

Prevención de Enfermedades

Osteoporosis

Aunque las causas de la osteoporosis son multifactoriales, la insuficiencia de vitamina D puede ser un factor etiológico importante en los adultos mayores. La osteoporosis afecta un tercio de las mujeres de entre 60-70 años de edad y dos tercios de las mujeres de 80 años y mayores (54). Una encuesta multinacional (18 países diferentes con latitudes en un rango entre los 64 grados norte y 38 grados sur) de más de 2,600 mujeres postmenopáusicas con osteoporosis, reveló que el 64% de los sujetos tenían niveles de 25-hidroxivitamina D menores a 30 ng/mL (75 nmol/L) (55). Además, un reciente estudio de caso y control que incluyo 111 pacientes con una fractura de cadera y 73 controles (edad media, 83 años) encontró que bajos niveles séricos tanto de 25-hidroxivitamin D como vitamina K se asociaban con un incremento en el riesgo de una fractura de cadera (56). Sin suficiente vitamina D proveniente de la exposición al sol o de la ingesta dietaría, la absorción intestinal del calcio puede ser significantemente reducida. Esto incrementa la secreción de PTH por las glándulas paratiroideas; la elevación prolongada de PTH puede resultar en una reabsorción ósea incrementada, la cual en turno puede incrementar el riesgo de fracturas osteoporóticas (57).  

Un estudio de cohorte prospectivo que dio seguimiento a más de 72,000 mujeres postmenopáusicas en los EE.UU. por 18 años encontró que aquellas que consumieron por lo menos 600 UI/día de vitamina D de la dieta y suplementos tuvieron un riesgo 37% menor de una fractura osteoporótica de cadera que aquellas mujeres que consumieron menos de 140 UI/día de vitamina D (58). Sin embargo, la suplementación diaria con 400 UI de vitamina D, en combinación con 1,000 mg de calcio, no redujeron significativamente el riesgo de una fractura de cadera en comparación al placebo en 32,282 mujeres postmenopáusicas del ensayo de la Iniciativa de Salud de las Mujeres (59), sugiriendo que podría haber un umbral en la ingesta de vitamina D que es necesario para observar reducciones en el riesgo de fracturas. Sin embargo, este estudio ha sido cuestionado por razones que incluyen una pobre adherencia y el hecho de que a los participantes se les permitió tomar suplementos de vitamina D y calcio adicionales que podrían haber confundido los resultados. Además, el uso de la terapia de remplazo hormonal falla en ser considerado en el estudio del efecto de la vitamina D y el calcio en la salud del esqueleto en mujeres postmenopáusicas a pesar de ser un factor de confusión importante en esta población (52, 60). Otro ensayo, el estudio de la Evaluación Aleatorizada de Calcio o Vitamina D (RECORD), reporto que la vitamina D suplementaria en forma oral (800 UI/día) sola, o en combinación con calcio (1,000 mg/día), no impidió la ocurrencia de fracturas osteoporóticas en adultos de la tercera edad que ya habían experimentado una fractura osteoporótica de bajo impacto (61). También en este último estudio un cierto número de limitaciones, incluyendo una pobre adherencia y/o el hecho de que la suplementación con vitamina D no elevo los niveles de 25-hidroxivitamina D del suero a un nivel que protegería contra las fracturas, podrían explicar la carencia de un efecto (62). No obstante, la Preventive Services Task Force estadounidense que condujo el meta-análisis de 11 ensayos aleatorios controlados con placebo, incluyendo 52,915 personas mayores (de los cuales el 69% fueron mujeres postmenopáusicas), encontró que la suplementación de vitamina D (300-1,000 UI/día) y calcio (500-1,200 mg/día) por hasta 7 años resulto en una reducción del 12% del riesgo de una nueva fractura (63). Otro meta-análisis de 11 ensayos aleatorios, doble ciegos, controlados con placebo del efecto de la suplementación con vitamina D en 31,022 individuos (91% mujeres) de 65 años de edad y mayores indico que aquellos con la ingesta más alta de vitamina D (792-2,000 UI/día) tuvieron un riesgo 30% menor de una fractura de cadera y un riesgo 14% menor de cualquier fractura no espinal (64). Finalmente, el ultimo meta-análisis de ensayos que examino el efecto de la combinación de vitamina D y calcio en la prevención de fracturas en hombres mayores y mujeres postmenopáusicas también concluyo que el riesgo de nuevas fracturas, incluyendo fracturas de cadera, fue significativamente reducido en aquellos que fueron suplementos en comparación a los controles (65). Curiosamente, los tres meta-análisis han encontrado que la prevención de fracturas por la vitamina D y calcio suplementarios era limitada para las personas mayores que se encuentran en instituciones. Sin embargo, el riesgo de una fractura no fue significativamente reducida por la vitamina D en personas mayores residentes de la comunidad (63-65).

La pérdida progresiva de la densidad mineral ósea (DMO) que conduce a la osteopenia (pre-osteoporosis) y osteoporosis es comúnmente observada en adultos mayores, especialmente de la tercera edad. Los resultados de un reciente meta-análisis de 23 ensayos controlados aleatorios con más de 4,000 participantes (edad media, 59 años) mostro poca evidencia de un efecto de la suplementación de vitamina D sobre la DMO en alguno de los cinco sitios esqueléticos examinados, incluyendo la columna lumbar, cuello femoral, trocánter, antebrazo, y de todo el cuerpo. Un incremento significante sobre la DMO fue reportado solo en el cuello femoral (66). Se sugirió sin embargo que los individuos en este grupo de edad tendrían niveles adecuados de calcio y por lo tanto un metabolismo óseo normal, explicando la falta de un efecto de la vitamina D en el fortalecimiento de la masa ósea (67). Inversamente, en individuos mayores, la suplementación con vitamina D es esencial para corregir y mantener niveles adecuados de 25-hidroxivitamina D en el suero y para prevenir hiperparatiroidismo secundario y perdida de la DMO (68).

En general, la evidencia actual sugiere que los suplementos de vitamina D3 de al menos 800 UI/día pueden ser útiles en reducir la pérdida ósea y tasas de fracturas en adultos mayores. A fin de que la suplementación con vitamina D sea efectiva en preservar la salud ósea, debe consumirse adecuado calcio dietario (1,000 a 1,200 mg/día) (véase el artículo en Calcio) (69).

Cáncer

Estudios ecológicos primero sugirieron una asociación entre latitudes septentrionales, la deficiencia de vitamina D, y la incidencia de cáncer (70). Desde la década de 1980 varios estudios de cohorte prospectivos han examinado la asociación de la ingesta o estatus de la vitamina D y varios tipos de cáncer. Una reciente revisión sistemática y meta-análisis de 16 estudios prospectivos, incluyendo 137,567 sujetos, reporto una reducción del 11% en la incidencia total de cáncer y una reducción del 17% en la mortalidad por cáncer con cada incremento de 20 ng/mL (50 nmol/L) en los niveles de 25-hidroxivitamina D circulante. Sin embargo, un análisis de subgrupos basados en el sexo de ocho estudios encontró una asociación inversa entre la vitamina D circulante y la mortalidad por cáncer en mujeres, pero no en hombres (71). Además, evidencia creciente sugiere que algunas variaciones en el gen que codifica para el receptor de la vitamina D (RVD) podrían influir en el estatus individual de la vitamina D y posteriormente modificar la susceptibilidad a los canceres de sitio específicos (72). Finalmente, se ha encontrado que muchos tumores malignos expresan el RVD, incluyendo de seno, pulmón, piel (melanoma), colon y hueso (73), sugiriendo que podrían ser susceptibles a los efectos de la vitamina D. Numerosos estudios experimentales han demostrado que las formas biológicamente activas de la vitamina D, como la 1,25-dihidroxivitamina D y sus análogas, tras la unión al RVD, pueden controlar el destino de la célula al inhibir la proliferación y/o induciendo la diferenciación celular o muerte (apoptosis) de un cierto número de células de tipo cancerosas (74).

Cáncer colorrectal

La distribución geográfica de la mortalidad del cáncer de colon se asemeja a la distribución geográfica histórica del raquitismo (75), aportando evidencia circunstancial de que la exposición reducida a luz solar y un estado nutricional de la vitamina D disminuido podrían estar relacionados con un riesgo aumentado de cáncer de colon. Existe evidencia sólida proveniente de estudios de cohorte prospectivos sugiriendo que las ingestas elevadas de vitamina D y niveles de 25-hidroxivitamina D del suero están asociadas con reducciones en el riesgo de cáncer colorrectal (76-78). Curiosamente, estudios tempranos encontraron que los niveles de 25-hidroxivitamina D del suero estaban inversamente asociados con el riesgo de pólipos colorrectales potencialmente precancerosos (79) e índices de proliferación de células epiteliales del colon (80), dos biomarcadores para el cáncer de colon. Un meta-análisis de cuatro estudios prospectivos y cinco estudios de caso y control demostraron además una relación inversa entre la vitamina D circulante y la incidencia de adenoma colorrectal (tumor benigno que puede transformarse y convertirse en maligno). El análisis identifico una reducción del 27% del riesgo entre los cuantiles superiores vs. los cuantiles inferiores de los niveles de 25-hidroxivitamina D del suero (81). Sin embargo, un ensayo aleatorio, doble ciego, controlado con placebo de 36,282 mujeres postmenopáusicas que participaron en el estudio Women's Health Initiative, encontró que la combinación de vitamina D (400 UI/día) y calcio (1,000 mg/día) suplementarios no disminuyó la incidencia de cáncer colorrectal (82). No obstante, una dosis diaria de vitamina D de 400 UI podría ser demasiado baja como para detectar algún efecto sobre la incidencia de cáncer (83). De hecho, un análisis dosis-respuesta basado en cinco estudios basados en la observación estimo que un nivel de 25-hidroxivitamina D del suero igual a o mayor de 33 ng/mL (comparado a ≤12 ng/mL) se asociado con riesgo 50% menor de cáncer colorrectal; alcanzar este umbral generalmente requiere una ingesta diaria de 1,000-2,000 UI de vitamina D oral (84). Ensayos clínicos aleatorios adicionales son necesarios para examinar si la suplementación con vitamina D podría prevenir el cáncer colorrectal. Finalmente evidencia creciente sugiere que el estatus adecuado de la vitamina D podría está ligado a una mayor supervivencia de los pacientes con cáncer colorrectal. Un meta-análisis de cinco estudios prospectivos encontró una reducción del 35% del riesgo de mortalidad por cáncer colorrectal específico en pacientes con cáncer con niveles de 25-hidroxivitamina D del suero más altos. Un análisis dosis-respuesta estimo que cada incremento de 8 ng/mL en el nivel de 25-hidroxivitamina D se asoció con una disminución del 10% en la mortalidad por cáncer colorrectal (85).

Cáncer de seno

Junto con la evidencia ecológica que la mortalidad por cáncer de seno aumenta con el incremento de latitudes y la disminución de exposición a la luz solar, los datos de observación más actuales apoyan una asociación entre el estatus nutricional de la vitamina D y el cáncer de seno (86). Un estudio prospectivo temprano en mujeres que participaron en la primera Encuesta Nacional de Examinación de Salud y Nutrición de los EE.UU. (NHANES I) encontró que las mujeres caucásicas con una exposición al sol y una ingesta de vitamina D adecuadas tuvieron un riesgo significantemente reducido de cáncer de mama 20 años después (87). Un estudio de 16 años de más de 88,000 mujeres observó que ingestas de vitamina D más altas se asociaron con un riesgo de cáncer de mama significativamente menor en mujeres premenopáusicas, aunque no en mujeres postmenopáusicas (88). Más recientemente, un meta-análisis de 11 estudios de caso y control, incluyendo 7,550 casos de cáncer de seno y 8,790 controles, encontró una reducción significante en el riesgo de cáncer de seno (riesgo 39% menor) en mujeres en el quintil superior vs. aquellas en el quintil inferior de los niveles de 25-hidroxivitamina del suero (≥33 ng/mL vs. ≤13.6 ng/mL). Un análisis dosis-respuesta combinado encontró que mujeres con un nivel de 25-hidroxivitamina D de 44 ng/mL (110 nmol/L) experimentaron un riesgo 50% menor de desarrollar cáncer de seno en comparación con aquellas con niveles menores de 9.7 ng/mL (24 nmol/L) (89). Mientras que la actual IDR de 600-800 UI/día de vitamina D puede solo aumentar los niveles de 25-hidroxivitamina D del suero en unos 4-6 ng/mL, autores de un estudio estimaron que de 2,000 a 4,000 UI de vitamina D podrían ser necesarias para lograr un nivel de 44 ng/mL (89). Debe notarse que el Nivel Máximo de Ingesta Tolerable (NM) actual para adultos, establecido por la Junta de Nutrición y Alimentos del Instituto de Medicina, es de 4,000 UI/día (véase Seguridad). Un meta-análisis más reciente de 14 estudios basados en la observación (9,110 casos y 16,244 controles) reporto una reducción del riesgo en general del 16% cuando el cuantil más alto de los niveles de 25-hidroxivitamina del suero se comparó con el más bajo. Esta asociación inversa fue estadísticamente significante en mujeres postmenopáusicas pero no en mujeres premenopáusicas (90). Además, evidencia creciente sugiere que variaciones genéticas específicas en el gen que codifica para el RVD pueden influenciar el riesgo de cáncer de seno (91). La expresión del RVD en muestras de cáncer de seno de 82 mujeres postmenopáusicas fue recientemente correlacionada con indicadores pronósticos clínicos favorables y significantemente mejor supervivencia (92).

Un reciente meta-análisis de estudios conducidos en pacientes en la etapa temprana del cáncer de seno también identificaron asociaciones entre el estatus inadecuado de la vitamina D y riesgos incrementados de recurrencia y muerte (93). Evidencia de ensayos controlados aleatorios es actualmente bastante limitada para concluir si la suplementación con vitamina D podría reducir la incidencia de cáncer de seno (revisado en 94).

Otros tipos de cáncer

Evidencia que asocie el estatus de la vitamina D con otros tipos de cáncer es actualmente limitada. Mientras que la incidencia del cáncer de próstata parece estar inversamente asociado con la disponibilidad de la luz solar, estudios prospectivos no han generalmente encontrado relaciones significantes entre los niveles de 25-hidroxivitamina D del suero y el riesgo posterior de desarrollar cáncer de próstata (95, 96). Sin embargo, algunos pocos estudios sugirieron un riesgo incrementado del cáncer de próstata con niveles más altos de vitamina D circulante. Un estudio de caso y control anidado en hombres (622 casos y 1,451 controles) de Escandinavia encontró una relación en forma de U entre los niveles de 25-hidroxivitamina D del suero y el riesgo de cáncer de próstata. En ese estudio, las concentraciones de 25-hidroxivitamina D del suero de 7.6 ng/mL o menores, o 32 ng/mL o mayores, fueron asociadas con un riesgo incrementado de cáncer de próstata (97). En otro estudio de caso y control anidado, el riesgo de una enfermedad agresiva se incrementó en pacientes con cáncer de próstata con niveles de 25-hidroxivitamina D del suero más altos (98). Finalmente, en los pocos estudios y frecuentemente heterogéneos publicados hasta la fecha, los niveles de 25-hidroxivitamina D del suero no fueron asociados con linfoma no hodgkiniano (96), cáncer de ovario (99), o canceres de piel (100)

Enfermedades autoinmunes

La diabetes mellitus dependiente de insulina (diabetes mellitus tipo 1), la esclerosis múltiple (EM), la artritis reumatoide (AR), y el lupus eritematoso sistémico (LES) son ejemplos de enfermedades autoinmunes. Las enfermedades autoinmunes ocurren cuando el cuerpo organiza una respuesta inmune en contra de su propio tejido, en lugar de un patógeno externo. En la diabetes mellitus tipo 1, las células β productoras de insulina del páncreas son el blanco de una respuesta inmune inapropiada. En la EM los blancos son las células productoras de mielina del sistema nervioso central, y en la AR, los blancos son las células productoras de colágeno de las articulaciones (101). El LES se caracteriza por la presencia de un amplio espectro de autoanticuerpos resultando en el daño potencial a múltiples tejidos (102). Las respuestas autoinmunes son mediadas por células inmunes denominadas células T. Se ha encontrado que la forma biológicamente activa de la vitamina D, la 1,25-dihidroxivitamina D, modula las respuestas de las células T, de tal manera que las respuestas inmunes son disminuidas. Estudios ecológicos han encontrado que la prevalencia de enfermedades autoinmunes (particularmente para la EM (103)) aumenta a medida que aumenta la latitud, sugiriendo que una exposición menor a la radiación UVB y las disminuciones asociadas a la síntesis de la vitamina D en la piel podrían jugar un papel en la patología de estas enfermedades. Resultados de varios estudios de cohorte prospectivos también sugirieron que un estatus adecuado de la vitamina D a diferentes edades (incluyendo in utero, la niñez temprana, y durante la adolescencia) podría posiblemente disminuir el riesgo de enfermedades autoinmunes.

Diabetes mellitus tipo 1

Niveles más bajos de vitamina D circulante han sido reportados en pacientes recién diagnosticados con diabetes tipo 1 en comparación con sujetos no diabéticos del mismo sexo y edad (104, 105). Una mayor prevalencia de una insuficiencia y deficiencia de vitamina D ha sido también observada en niños pre-diabéticos que desarrollaron múltiples autoanticuerpos islotes (anticuerpos contra células pancreáticas que secretan insulina) en comparación a niños negativos de autoanticuerpos. Sin embargo, un estudio prospectivo que dio seguimiento al cohorte de niños pre-diabéticos encontró que sus estatus de vitamina D, definidos como insuficiente, deficiente, o suficiente, no se asoció con la tasa de progresión a diabetes tipo 1 después de 5 a 10 años de seguimiento (106). Un estudio de cohorte prospectivo más temprano de niños nacidos en Finlandia durante el año 1966 y con un seguimiento de 30 años encontró que los niños suplementados con vitamina D durante el primer año de vida tuvieron un riesgo 88% menor de desarrollar diabetes tipo 1 en comparación con aquellos que no recibieron una suplementación. Por otra parte, niños con sospecha de haber tenido raquitismo (deficiencia severa de vitamina D) durante el primer año de vida mostraron un riesgo significantemente mayor de desarrollar diabetes tipo 1 (107). Por lo tanto, la suplementación con vitamina D parece proteger contra el inicio de la diabetes tipo 1, y un estatus subóptimo de la vitamina D en la infancia puede tener efectos a largo plazo en las repuestas inmunes más tarde en la vida.

Existen también datos limitados sugiriendo que la insuficiencia de vitamina D materna durante el embarazo puede influencia el riesgo de diabetes tipo 1 en el recién nacido. En un reciente estudio de caso y control, el riesgo de la aparición de diabetes tipo 1 en la niñez era más de dos veces mayor en niños cuyas madres tuvieron niveles de 25-hidroxivitamina D del suero por debajo de los 21.6 ng/mL (54 nmol/L) durante el último trimestre del embarazo en comparación con los niños nacidos de mujeres con 25-hidroxivitamina D en el suero por encima de los 35.6 ng/mL (89 nmol/L) (108). Otros estudios de caso y control han encontrado que la suplementación con vitamina D durante el embarazo se asoció con un riesgo menor de que sus hijos desarrollaran autoanticuerpos relacionados con la diabetes (109, 110). Sin embargo, un estudio amplio conducido en madres de niños en un riesgo genético incrementado de padecer diabetes no reporto asociación alguna entre la aparición de autoanticuerpos islote y/o aparición de diabetes en sus hijos en el primer año de vida y la ingesta de vitamina D materna durante el embarazo (111). Otro estudio de caso y control fallo en observar una relación entre la 25-hidroxivitamina D del suero durante el embarazo temprano y el diagnostico de diabetes tipo 1 en la descendencia (112). Estudios prospectivos amplios son necesarios para establecer si el estatus de la vitamina D materna durante el embarazo puede influenciar el riesgo de diabetes tipo 1 en el recién nacido.

Finalmente, la relación de los polimorfismos en genes relacionados con el metabolismo de la vitamina D y la diabetes tipo 1 está actualmente bajo investigación. Se ha propuesto que polimorfismos específicos en los genes, como el CYP27B1 (que codifica para la 25-hidroxivitamina D3-1α-hidroxilasa) y el RVD, pueden ser funcionalmente relevantes para la acción de la vitamina D y podrían de esta manera afectar la susceptibilidad a la enfermedad. En un estudio conducido en 8,517 niños y adolescentes con diabetes tipo 1 y 7,320 sujetos de control, polimorfismos en los genes que involucran la síntesis del colesterol y la hidroxilación de la vitamina D fueron ligados a los niveles de vitamina D circulantes y al estatus diabético (25).

Esclerosis múltiple

Niveles bajos de exposición al sol y una deficiencia de vitamina D parecen estar asociados con el desarrollo de la esclerosis múltiple (EM). Un estatus de la vitamina D pobre podría comprometer la función de células inmunes específicas críticas en la regulación de varias respuestas inmunes y ayudar a desencadenar autoinmunidad en la EM (113). Varios estudios basados en la observación sugieren que la suficiencia de vitamina D está asociada con una disminución del riesgo de ES. Un estudio retrospectivo de los niveles de radiación UV del ambiente y casos de EM conducido en Australia revelo que la incidencia de EM en los descendientes se correlaciona inversamente con la exposición materna a los rayos UV durante el embarazo temprano (114). La exposición al sol fue también usada como un marcador sustituto para la exposición de la vitamina D en un reciente estudio de caso y control que incluyo 1,660 pacientes con EM y 3,050 controles. Los autores encontraron que las actividades al aire libre poco frecuentes y el uso de bloqueador solar durante la infancia temprana y la adolescencia se asociaron con un significante incremento en el riesgo de desarrollar EM mas tarde en la vida (115). En un estudio de corte trasversal, la exposición al sol y la ingesta de aceite de hígado de bacalao (rica en vitamina D) durante la infancia fueron ligados a un comienzo tardío de los síntomas entre veteranos con EM recidivante (116). Adicionalmente, un estudio de caso y control en el personal militar de los EE.UU. incluyendo 257 casos de EM diagnosticada, encontró que los sujetos Caucásicos en el quintil más alto de la 25-hidroxivitamina D del suero (>39.6 ng/mL) tuvieron un riesgo 62% menor de desarrollar EM en comparación al quintil más bajo (<25.3 ng/mL) (117). Además, en dos cohortes amplias de más de 187,000 mujeres estadounidenses con un seguimiento de por lo menos 10 años, el uso de un suplemento de vitamina D (≥400 UI/día) se asoció con una reducción del 41% en el riesgo de desarrollar EM (118).

Sin embargo, dos ensayos clínicos recientes han fallado en demostrar algún beneficio de la suplementación con vitamina D, sola o en combinación con el tratamiento con interferón β, con respecto a la tasa de recaída y los síntomas relacionados con la discapacidad en pacientes con EM (119, 120). A pesar de todo, en un estudio multicéntrico conducido en pacientes recientemente diagnosticados con un síndrome clínicamente aislado (SCA) y tratados con interferón β, el estatus de la vitamina D fue predictivo de la actividad y la progresión de la EM. Los niveles más altos de 25-hidroxivitamina D del suero (≥20 ng/mL o 50 nmol/L) en el primer año tras el diagnóstico del SCA previeron un tiempo más largo para el diagnóstico de la EM, un menor número de nuevas lesiones, y menos cambios en la lesión y el volumen del cerebro durante los cuatro años posteriores de seguimiento (121).

Artritis reumatoide

La deficiencia de vitamina D puede también estar involucrada en la etiología y/o progresión de la artritis reumatoide (AR), aunque la evidencia proviene primeramente de estudios en animales. La ausencia de receptores de la vitamina D (RVD) en ratones genéticamente modificados ha sido ligada a niveles más altos de inflamación y a un incremento en la susceptibilidad a la autoinmunidad (122). Cuando los ratones transgénicos que espontáneamente desarrollan artritis inflamatoria también están deficientes de RVD, estos desarrollan una forma más agresiva de artritis crónica (123). También, polimorfismos específicos en el gen del RVD han sido ligados a un incremento en la susceptibilidad a la AR en ciertas poblaciones, aunque la manera en que estas variantes genéticas incluyen la funcionalidad de la vitamina D no es completamente comprehendida (124-126). Los datos actuales, sin embargo, apuntan a un papel de la vitamina D en la modulación del proceso inflamatorio que subyace a muchas enfermedades crónicas, incluyendo la AR. Varios estudios de corte transversal en individuos con niveles moderados a altos de inflamación han reportado tanto ninguna asociación o una asociación inversa entre la 25-dihidroxivitamina D circulante y los marcadores de la inflamación. No obstante, existe una carencia de ensayos de intervención para mostrar si la suplementación con vitamina D podría limitar la inflamación y reducir el riesgo de una enfermedad (incluyendo la AR) en sujetos con niveles altos de inflamación (127).

Actualmente, no está claro si la prevalencia de una deficiencia de vitamina D está ligada a la incidencia de la AR. En un estudio de cohorte amplio de casi 30,000 mujeres postmenopáusicas estadounidenses, los sujetos con las ingestas totales más altas de vitamina D (≥467.7 UI/día) tuvieron un riesgo 33% menor de desarrollar AR después de 11 años de seguimiento que aquellos con las ingestas más bajas (<221.4 UI/día) (128). A pesar de todo, más análisis recientes de dos cohortes amplias de casi 200,000 mujeres estadounidenses con un seguimiento de varias décadas no encontró asociación alguna entre las ingestas dietarías reportadas de vitamina D (usando cuestionarios de frecuencia de alimentos) durante la adolescencia o adultez y la incidencia de AR más tarde en la vida (129, 130). Además, varios estudios que exploraron la relación entre la vitamina D circulante y la actividad patológica en los pacientes con AR han reportado resultados mixtos (revisado en 131). Finalmente, existe una escasez de estudios que exploren el efecto de la suplementación con vitamina D en la actividad patológica en los sujetos con artritis. Un pequeño estudio aleatorio, doble ciego, controlado con placebo en 22 pacientes con AR falló en demostrar mejoras en la actividad patológica y el nivel de inflamación en sujetos suplementados con calcio (1,500 mg/día) y altas dosis de vitamina D2 (ergocalciferol; un promedio de más de 4,500 UI/día) por un año en comparación al placebo (132). Ya que este estudio tiene varias limitaciones, incluyendo el tamaño pequeño de muestras, investigación adicional es justificada.

Lupus eritematoso sistémico

Más prevalente y severo en poblaciones no Caucásicas (Hispanos, descendientes de Africanos, y Asiáticos) (133), el lupus eritematoso sistémico (LES) es una enfermedad autoinmune con manifestaciones clínicas heterogéneas. La enfermedad puede potencialmente afectar la mayoría de los tejidos y órganos, incluyendo la piel (erupciones en la piel y la fotosensibilidad), los riñones (nefritis), y las articulaciones (artritis). Existe evidencia de un papel de la vitamina D en la prevención del LES en modelos animales (134). Curiosamente, un reciente meta-análisis de 11 estudios de caso y control encontró que polimorfismos específicos del RVD estaban ligados al LES en asiáticos particularmente (135). Sin embargo, la relevancia funcional de tales variantes genéticas es desconocida (136). Los análisis de dos estudios de cohorte prospectivos amplios de casi 200,000 mujeres estadounidenses fallo en mostrar una asociación entre la ingesta dietaría de vitamina D (medida vía cuestionarios de frecuencia de alimentos) durante la adolescencia o adultez y la incidencia de LES mas tarde en la vida (129, 130). A pesar de todo, un estatus subóptimo de la vitamina D es comúnmente observado en sujetos con LES, y esto es parcialmente explicado por la falta de exposición al sol, la cual tiende a agravar los síntomas de la enfermedad (137, 138). Las concentraciones de 25-hidroxivitamina D del suero fueron inversamente correlacionadas con medidas de la actividad patológica en una cohorte de 378 pacientes con LES (139). La corrección de la insuficiencia de vitamina D con altos niveles de vitamina D3 (100,000 UI/semana por un mes de seguimiento por 100,000 UI/mes por seis meses) en 20 sujetos con LES fue ligada a la reducción en los signos de un desequilibrio inmunológico y en los niveles de autoanticuerpos típicamente detectados en LES, sugiriendo un valor terapéutico para la vitamina D en el tratamiento de la enfermedad (140). Otro estudio prospectivo conducido en 52 pacientes deficientes de vitamina D con lupus eritematoso cutáneo (un tipo de lupus con trastornos de la piel sólo) reportó una reducción en la severidad de la enfermedad en el grupo suplementado con vitamina D3 (1,400 UI/día inicialmente, seguido por 800 UI/día) y calcio por un año en comparación a los pacientes no tratados (141). La suplementación con vitamina D3 (200 UI/día por un año) fue también capaz de reducir el nivel de citoquinas inflamatorias en un estudio aleatorio controlado con placebo conducido en 267 pacientes con LES (142). La seguridad y eficacia de la suplementación oral con vitamina D en el LES están siendo actualmente investigadas en ensayos clínicos (143).

Por lo tanto, evidencia proveniente de estudios epidemiológicos humanos sugieren que mientras que aún no se puede concluir que la suplementación con vitamina D es beneficial en la prevención o tratamiento de enfermedades autoinmunes, es razonable asumir que al corregir la insuficiencia de vitamina D y mantener niveles suficientes podría posiblemente ayudar a disminuir el riesgo de padecer la enfermedad (144).  

Enfermedades cardiovasculares

Hipertensión (presión sanguínea alta)

La hipertensión es un factor de riesgo bien conocido para las enfermedades cardiovasculares (ECV) (145). Los resultados de estudios clínicos y basados en la observación sugieren un papel de la vitamina D en la disminución de la presión sanguínea, el cual podría ser parcialmente explicado por el hecho de que la 1,25-dihidroxivitamina D inhibe la síntesis de renina (véase Función). Así, la deficiencia de vitamina D y la posterior regulación del sistema renina-angiotensina pueden contribuir a la presión sanguínea alta y el riesgo de ECV. Se ha sugerido que los niveles elevados de la PTH pueden incrementar el riesgo de hipertensión y ECV (6). A pesar de todo, en un estudio prospectivo reciente de 3,002 individuos (con 59 años de edad al inicio del estudio), la incidencia de hipertensión, la cual afecto al 41% de los participantes durante el periodo de seguimiento de nueve años, no fue mayor en aquellos con niveles de 25-hidroxivitamina D del suero menores de 20 ng/mL y fue solo asociada marginalmente con niveles elevados de PTH (146). No obstante, un meta-análisis de siete estudios prospectivos, incluyendo un total de 48,633 con casi 5,000 casos de hipertensión incidente, encontró un riesgo 30% menor de hipertensión en aquellos en el tercil superior vs. aquellos en el tercil más inferior de los niveles de 25-hidroxivitamina D del suero. El análisis dosis-respuesta estimó que cada 10 ng/mL de incremento en el nivel de 25-hidroxivitamina D del suero se asoció con un riesgo 12% menor de hipertensión (147). Otro meta-análisis de 14 estudios de corte transversal y 4 prospectivos también reporto una relación inversa entre la 25-hidroxivitamina D y la hipertensión (148).

Disfunción endotelial

La disfunción del endotelio vascular, la cual contribuye a un riesgo incrementado de enfermedades cardiovasculares (ECV), es común en pacientes con una enfermedad renal crónica (ERC) (149). En pacientes con ERC, la función endotelial anormal está asociada con valores bajos de la dilatación mediada por flujo (DMF) de la arteria braquial, un marcador substituto de la salud vascular. En un estudio reciente conducido en sujetos con una leve a moderada ERC, los niveles de 25-hidroxivitamina D del suero fueron positivamente asociados con valores de la DMF, sugiriendo un enlace entre el estatus sub-óptimo de la vitamina D y la disfunción endotelial (150). En un estudio de intervención preliminar, 26 pacientes con una ERC moderada y una insuficiencia/deficiencia de vitamina D fueron suplementados dos veces con 300,000 UI de vitamina D (en las semanas 1 y 8) y seguidos por un total de 16 semanas. La suplementación con vitamina D casi duplico los niveles de 25-hidroxivitamina D del suero y disminuyo los niveles de PTH en un 68.5%; el estatus mejorado de la vitamina D fue acompañado por el incremento de los valores de DMF y la reducción de los niveles de los marcadores de disfunción endotelial (151).

Hasta la fecha, la muchos estudios epidemiológicos que investigan la relación entre la vitamina D y los resultados de las ECV han provisto resultados mixtos (revisado en 152). Ensayos de intervención en las personas con una insuficiencia renal o en la población general son bastante limitados para examinar la eficacia de la terapia con vitamina D en la prevención de ECV. Datos del efecto de la suplementación con calcio y/o vitamina D en eventos cardiovasculares fueron recientemente recolectados de 11 estudios controlados aleatorios y combinados en un meta-análisis. No se reportó efecto alguno de la vitamina D en eventos cardiovasculares mayores, incluyendo infarto al miocardio (ataque al corazón) y accidentes cerebrovasculares. Análisis de subgrupos sugirieron un riesgo incrementado de eventos cardiovasculares con la suplementación con calcio y/o vitamina D en hombres pero no en mujeres, Sin embargo, se recomienda precaución con la interpretación de los resultados ya que los ensayos fueron inicialmente diseñados para evaluar el efecto de la vitamina D (y calcio) en la salud ósea, y los resultados cardiovasculares no eran los criterios de valoración primarios (153). Dos ensayos controlados aleatorios amplios que exploran el efecto de la suplementación con vitamina D en el riesgo de ECV están actualmente siendo llevados a cabo: el ViDA (Evaluación de la vitamina D) en Nueva Zelanda y el VITAL (Ensayo de la vitamina D y el Omega-3) en los EE.UU. (154).

Diabetes mellitus tipo 2

Las personas con un síndrome metabólico están en un riesgo incrementado de contraer diabetes tipo 2 (diabetes mellitus no dependiente de insulina) y enfermedades cardiovasculares (ECV). Un síndrome metabólico se refiere a varios desordenes metabólicos, incluyendo dislipidemia, hipertensión, resistencia a la insulina y obesidad. Un reciente estudio encontró que la prevalencia de diabetes tipo 2 fue asociada con niveles subóptimos de 25-hidroxivitamina D del suero (<30 ng/mL) en 1,801 pacientes con un síndrome metabólico. Durante un periodo de seguimiento de ocho años, se reportaron riesgos más bajos de mortalidad por todas las causas (riesgo 72% menor) y de mortalidad por ECV especifica (riesgo 64% menor) en individuos con niveles de 25-hidroxivitamina D del suero mayores a 30 ng/mL (75 nmol/L) cuando fueron comparados con aquellos con niveles por debajo de los 10 ng/mL (25 nmol/L) (155).

En personas saludables, la suficiencia de vitamina D es positivamente correlacionada con una sensibilidad a la insulina y una función de las células β pancreáticas adecuada. De manera contraria, la deficiencia de vitamina D podría afectar la homeostasis de la glucosa y causar una intolerancia a la glucosa y una resistencia a la insulina (156). En un estudio de corte transversal conducido en 12,719 adultos, de los cuales 4,057 tuvieron prediabetes (es decir un riesgo incrementado de desarrollar diabetes tipo 2), la prevalencia de la prediabetes se asoció con niveles inferiores de 25-hidroxivitamina D del suero (≤32.4 ng/mL). Los sujetos con los niveles más bajos de 25-hidroxivitamina D del suero (≤17.7 ng/mL) fueron más propensos a ser actuales fumadores, obesos, y tener hipertensión (157). La insuficiencia de vitamina D en individuos en alto riesgo puede acelerar la progresión a una diabetes evidente. En un estudio prospectivo de 2,387 hombres y mujeres de mediana edad con un seguimiento de 8 a 10 años, el riesgo de la progresión a diabetes tipo 2 a partir de la prediabetes fue 62% más bajo en mujeres y 60% más bajo en hombres en el cuartil más alto en comparación al más bajo de la vitamina D circulante (>28.4 ng/mL vs. <18.5 ng/mL). Un análisis dosis-respuesta midió una reducción promedio del 23% en el riesgo de la progresión a diabetes tipo 2 por cada incremento de 4 ng/mL (10 nmol/L) en la concentración de 25-hidroxivitamina D del suero (158). Una revisión y meta-análisis recientes de 18 estudios prospectivos, incluyendo más de 210,000 participantes con un periodo medio de seguimiento de 10 años, encontraron que los individuos en el tercio superior de los niveles de vitamina D (reportados como vitamina D circulante o como ingestas dietarías) tuvieron riesgos más bajos de desarrollar diabetes tipo 2 (riego 19% menor) y algún síndrome metabólico (riesgo 14% menor) en comparación con aquellos en el tercio inferior (159). Actualmente, evidencia limitada sugiere que la suplementación con vitamina D puede mejorar la sensibilidad a la insulina en individuos con intolerancia a la glucosa o una diabetes tipo 2 manifestada (160, 161). Existe una necesidad de ensayos clínicos bien diseñados para examinar si el mantenimiento de niveles adecuados de vitamina D puede prevenir resultados metabólicos adversos en individuos saludables y en riesgo.

Enfermedades neurodegenerativas

El deterioro cognitivo y la enfermedad de Alzheimer

La enfermedad de Alzheimer (EA) es la forma más común de demencia, caracterizada por la presencia de placas β-amiloides extra-neuronales y agregados intra-neuronales de la proteína T (conocidos como ovillos neurofibrilares) en el cerebro. Modelos mecanicistas actualmente estudiados en la investigación en animales sugieren que la deficiencia de vitamina D o desordenes del metabolismo de la vitamina D y/o la interrupción de la vía vitamina D-RVD en las regiones cerebrales de la corteza y el hipocampo pueden estar involucrados en la degeneración de las neuronas y la perdida de las funciones cognitivas (162). La evidencia experimental que apoya un papel de la vitamina D en la regulación de los canales del calcio, la neuroprotección, y la inmunomodulación en el sistema nervioso central también implica que el estatus bajo de la vitamina D puede preceder o contribuir a la disfunción cognitiva con la edad (163).

En los humanos, las ingestas dietarías de vitamina D pobres y los niveles bajos de 25-hidroxivitamina D del suero han sido ligados al declive cognitivo y a una enfermedad degenerativa cerebral en las personas de la tercera edad. Varios estudios basados en la observación han encontrado una asociación entre los niveles bajos de 25-hidroxivitamina D del suero y un deterioro cognitivo leve en adultos mayores (164-166). Los análisis de corte transversal y longitudinal de dos estudios prospectivos, los cuales incluyeron 1,604 hombres (167) y 6,257 mujeres (168) de 65 años de edad y mayores, reportaron una probabilidad 60% mayor de un deterioro cognitivo basal y un incremento del 58% del riesgo de deterioro cognitivo durante un periodo de seguimiento de cuatro años en mujeres, pero no en hombres, con niveles más bajos de 25-hidroxivitamina D circulante (<10 ng/mL vs. ≥30 ng/mL). En un estudio de cohorte francés de gran magnitud de la osteoporosis y fracturas de cadera en mujeres postmenopáusicas, alteraciones en el rendimiento cognitivo global, evaluadas con el Pfeiffer Short Portable Mental State Questionnaire (SPMSQ), fueron asociadas con ingestas dietarías de vitamina D más bajas (<1,400 UI/semana vs. ≥1,400 UI/semana) en 5,596 mujeres de la tercera edad (edad media 80.5 años) (165). Un estudio con un seguimiento de siete años de un subgrupo de 498 mujeres indico que el riesgo de padecer la enfermedad de Alzheimer (pero no otros tipos de demencia) fue 77% menor en aquellas en el quintil más alto vs. aquellas en el quintil más bajo de las ingestas de vitamina D basales (169). No obstante, revisiones sistemáticas y meta-análisis de estudios basados en la observación han dado resultados mixtos con respecto a la asociación del estatus de la vitamina D con el rendimiento cognitivo y la EA (170-173).

Sin embargo, la prevalencia de la insuficiencia/deficiencia de vitamina D oscila entre el 70% y 90% en los adultos mayores, y la corrección de niveles bajos de la 25-hidroxivitamina D del suero puede ayudar a mejorar los procesos cognitivos, en particular las funciones ejecutivas (174). En un estudio controlado no aleatorio en una clínica para pacientes ambulatorios, la función cognitiva global fue evaluada al inicio del estudio y después de 16 meses en 20 pacientes suplementados con 800 UI/día (o 100,000 UI/mes) de vitamina D y en 24 sujetos de control. La suplementación de pacientes ambulatorios con vitamina D resulto en la corrección del estatus bajo de vitamina D (niveles promedio de 25-hidroxivitamina D del suero al inicio del estudio y a los 16 meses: 16.8 ng/mL a 30 ng/mL) y fue asociada con una puntuación significativamente mejorada en las pruebas de la cognición en comparación con el grupo no suplementado (175). En un ensayo clínico aleatorio controlado con placebo en 32 pacientes con leve a moderada EA que recibieron insulina nasal, altas dosis de la suplementación con vitamina D2 por ocho semanas (hasta 36,000 UI/día) no mejoraron significativamente el rendimiento cognitivo en comparación con dosis bajas (1,000 UI/día) (176). Más investigación es necesaria para investigar una relación causal entre la reposición de la vitamina D y los beneficios cognitivos potenciales a largo plazo en adultos mayores. Además, es de gran importancia evaluar si la corrección de la deficiencia de vitamina D en sujetos con deterioro cognitivo pueden mejorar el impacto de la terapia contra la demencia (177).

Enfermedad de Parkinson

La enfermedad de Parkinson (EP) ha sido asociada con una alta prevalencia de insuficiencia de vitamina D entre los pacientes, especialmente aquellos con mayores problemas de movilidad (178). Un estudio de caso y control de 296 pacientes ambulatorios con una edad media de 65 años indico que el 55% de los sujetos con EP tuvieron niveles de 25-hidroxivitamina D del suero iguales o menores de 33 ng/mL en comparación al 41.2% y 36.4% de los individuos con EA e individuos saludables respectivamente (179). En otro estudio, la insuficiencia de vitamina D (25-hidroxivitamina D del suero <30 ng/mL) se encontró en hasta un 69% de los pacientes con EP no incapacitante temprana (180). La asociación entre el estatus de la vitamina D y el riesgo de EP incidente fue evaluada en un estudio prospectivo conducido entre 3,173 hombres y mujeres de entre 50 a 79 años de edad y libres de EP al inicio del estudio. Los resultados mostraron que los individuos en el cuartil más alto de la 25-hidroxivitamina D del suero tuvieron un riesgo 67% menor de EP en comparación con aquellos en el cuartil más bajo (181). En un estudio aleatorio, doble ciego, controlado con placebo, 112 pacientes con EP (edad media 72 años) en tratamiento estándar para EP fueron suplementados con 1,200 UI/día de vitamina D o un placebo por 12 meses. La suplementación con vitamina D incremento más del doble los niveles de 25-hidroxivitamina D del suero (de una media de 22.5 ng/mL a 41.7 ng/mL) en los sujetos suplementados y limito la progresión de la EP, como se indicó por una mayor proporción de pacientes que no mostraron empeoramiento (como evaluado por la etapa de Hoehn y Yahr y la United Parkinson Disease Rating Scale part II) en el grupo suplementado en comparación al grupo con placebo (182). Se desconoce si la insuficiencia de vitamina D tiene un papel en la patogénesis de la enfermedad, pero la reposición de vitamina D puede proveer de beneficios a la salud que van más allá de la prevención y/o el tratamiento de EP. Por ejemplo, la deficiencia de vitamina D puede contribuir al riesgo incrementado de osteoporosis y fracturas óseas en individuos con desórdenes neurológicos, incluyendo la EP y la esclerosis múltiple (183-185). Curiosamente, se encontró que la exposición al sol estaba asociada con un estatus de la vitamina D mejorada, una mayor densidad mineral ósea del segundo hueso metacarpiano, una menor incidencia de fractura de cadera en un estudio prospectivo conducido en 324 personas de la tercera edad con EP (186).

Resultados adversos del embarazo

Una revisión sistemática y meta-análisis recientes de 31 estudios basados en la observación en el estatus de la vitamina D materno y los resultados del embarazo indicaron que la insuficiencia de vitamina D puede estar asociada con la diabetes mellitus gestacional, preeclampsia, y vaginosis bacteriana en mujeres embarazadas. Un bajo nivel de vitamina D del suero materno durante el embarazo fue también ligado a un riesgo incrementado de infantes pequeños para su edad gestacional y de infantes con bajo peso al nacer, pero no por cesárea (187). Sin embargo, el número de ensayos de intervención es actualmente demasiado limitado para sacar conclusiones acerca de si la suplementación con vitamina D durante el embarazo podría reducir la incidencia de los resultados adversos anteriormente mencionados (188, 189). Además, algunos pocos estudios basados en la observación han dado evidencia más bien débil en el apoyo de una relación entre la suficiencia de vitamina D materna durante el embarazo y la incidencia de condiciones respiratorias y alergias en niños (190, 191). Un ensayo controlado aleatorio reciente encontró que la suplementación de 108 mujeres embarazadas en el tercer trimestre (en la semana 27 de gestación hasta el parto) con tanto 800 UI/día o con una dosis en bolo de 200,000 UI de vitamina D­3 no disminuyeron el riesgo de sibilancias, rinitis alérgica, del diagnóstico de alergia a los alimentos, infecciones del tracto respiratorio menores, y eczema en los hijos a los tres años de edad, en comparación al placebo (N=50) (192). En una cohorte de 378 pares de madre-hijo, los niveles altos de 25-hidroxivitamina D del suero medidos durante la 34a semana de embarazo fueron asociados con un incremento en la alergia a alimentos en el niño durante los primeros dos años de vida, sugiriendo que la seguridad de la suplementación con vitamina D durante el embarazo necesita ser cuidadosamente evaluada (193).

Ya que la insuficiencia de vitamina D ha sido ligada a la autoinmunidad (véase Enfermedades autoinmunes) se ha propuesto también que un estatus pobre de la vitamina D materno durante el embarazo puede contribuir a un riesgo incrementado de diabetes autoinmune (diabetes mellitus dependiente de insulina tipo 1) en los hijos. No obstante, los resultados de un estudio en 3,723 niños en un riesgo genético alto de contraer diabetes tipo 1 y con un periodo medio de seguimiento de 4.3 años encontraron que la ingesta materna de vitamina D (proveniente de alimentos y/o suplementos) durante el tercer trimestre del embarazo (evaluada a través de cuestionarios de frecuencia de alimentos) no fue asociada con la autoinmunidad avanzada de células β o la diabetes clínica (111). En un estudio de caso y control anidado, no hubo diferencia en el nivel medio de 25-hidroxivitamina D del suero durante el primer trimestre de embarazo entre 343 madres de niños con diabetes tipo 1 y 343 madres de control. Ninguna asociación fue encontrada entre los niveles de vitamina D del suero y la edad de la aparición de diabetes en los niños (112).

Diabetes mellitus gestacional

La hiperglicemia anormal debido a la disfunción de células β pancreáticas caracteriza a la aparición de la diabetes mellitus gestacional (DMG) en mujeres embarazadas sin antecedentes de diabetes mellitus tipo 2. Esta condición está asociada con resultados adversos maternos serios, incluyendo preeclampsia, un riesgo alto de un parto por cesárea, y un riesgo de por vida incrementado de desarrollar un síndrome metabólico y diabetes mellitus tipo 2. La DMG puede también contribuir a un riesgo incrementado de macrosomía fetal (peso excesivo al nacer), hipoglicemia neonatal, dificultad respiratoria neonatal, y un riesgo de por vida incrementado de obesidad, intolerancia a la glucosa, diabetes mellitus tipo 2, y enfermedades cardiovasculares en los hijos (revisado en 194). Un reciente estudio prospectivo conducido en 655 mujeres embarazadas encontró que el nivel medio de 25-hidroxivitamina D del suero durante el primer trimestre del embarazo fue significantemente menor en 54 mujeres que desarrollaron una DMG incidente en comparación al resto de la cohorte (23 ng/mL vs. 25.4 ng/mL). Después de varios ajustes para los factores de confusión de estatus de la vitamina D y el riesgo de DMG (incluyendo un historial previo de diabetes tipo 2 y DMG, y sobrepeso/obesidad), el estudio encontró que cada disminución de 7.5 ng/mL en el nivel de 25-hidroxivitamina D del suero durante el embarazo temprano fue asociada con un riesgo 48% mayor de desarrollar DMG (195). Hubo también una asociación significante entre el nivel bajo de 25-hidroxivitamina D del suero (<29.4 ng/mL) durante el segundo trimestre del embarazo y la incidencia de DMG en un estudio de caso y control anidado en 118 mujeres con DMG y 219 sujetos de control emparejados (196). Un meta-análisis de estudios basados en la observación (tres de corte transversal, dos de caso y control, dos estudios de caso y control anidados), incluyendo 2,146 participantes de los cuales 433 tenían DMG, también confirmó que el nivel de vitamina D materno durante el embarazo fue inversamente relacionado al riesgo de desarrollar DMG, a pesar de la evidencia de sesgo entre los estudios, como el uso de diferentes métodos para medir la 25-hidroxivitamina D del suero, medidas tomadas en diferentes trimestres, y diferentes criterios para evaluar la DMG (197).

Además, evidencia para el papel de la vitamina D en la regulación de la glucosa durante el embarazo fue recientemente reportado en un ensayo aleatorio, doble ciego, controlado con placebo de menor magnitud en 54 mujeres embarazadas diagnosticadas con DMG. La suplementación con 50,000 UI de vitamina D3 dos veces durante un periodo de seis semanas (en el día 1 y día 21) resulto en un descenso significante de la glucosa del plasma y la concentración de insulina del suero en ayunas, en una resistencia a la insulina reducida, y una sensibilidad a la insulina mejorada en comparación al placebo (198). Esto sugiere que la deficiencia de vitamina D puede afectar adversamente la tolerancia a la glucosa durante el embarazo y contribuir a la aparición de la DMG. No obstante, los beneficios potenciales de la suplementación con vitamina D en la prevención de la intolerancia a la glucosa y la DMG durante el embarazo no han sido evaluados. Debe notarse que un ensayo multicéntrico, controlado, aleatorio está siendo llevado a cabo en Europa para evaluar los efectos de la vitamina D y las intervenciones del estilo de vida (la alimentación saludable y la actividad física) en el estatus metabólico de las mujeres embarazadas en riesgo de DMG (criterios de inclusión: IMC antes del embarazo ≥29 kg/m2) (199).

Infecciones respiratorias agudas

Más de 200 virus son responsable de causar infecciones familiares del tracto respiratorio superior (TRS), conocidas como el resfriado común, resultando en síntomas de congestión y secreción nasal, tos, dolor de garganta, y estornudos (200). El análisis de datos de corte transversal de 18,883 participantes (de 12 años de edad y mayores) de la Tercera Encuesta Nacional de Examinación de Salud y Nutrición de los EE.UU. (NHANES III) reporto una relación inversa entre los niveles de 25-hidroxivitamina D del suero y una reciente (auto-reportada) infección del TRS (ITRS). En comparación a los niveles de vitamina D circulantes iguales a o por encima de los 30 ng/mL, el riesgo de una ITRS fue 24% mayor en los individuos con niveles de entre 10 a 29 ng/mL y 36% mayor en aquellos con niveles por debajo de los 10 ng/mL (201). Un análisis de subgrupo indico que niveles bajos de 25-hidroxivitamina D del suero en sujetos con asma y una enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) fueron ligados a una mayor susceptibilidad a una ITRS al compararse con las personas sin una enfermedad pulmonar. En un ensayo aleatorio, doble ciego, controlado con placebo conducido en 322 adultos saludables (de 18 años de edad y más) dosis mensuales de vitamina D3 — 200,000 UI por los primeros 2 meses y 100,000 UI por los 16 meses siguientes — aumentaron significantemente el nivel medio de 25-hidroxivitamina D del suero (de 29 ng/mL a 48 ng/mL) en el grupo de intervención pero no disminuyo la ocurrencia de ITRS en comparación al placebo (202). Curiosamente, el análisis conjunto de estos datos con aquellos de 10 ensayos adicionales sugirió que grandes dosis en bolo de vitamina D pueden significantemente ser menos efectivas que la suplementación diaria con dosis más bajas en la prevención de ITRS (203). El meta-análisis también reporto un efecto protector en general de la vitamina D3 con una reducción del 36% del riesgo de ITRS.

Sin embargo, en un reciente ensayo clínico de cuatro brazos, multicéntrico en 2,259 sujetos (de entre 45-75 años de edad) con un historial de adenoma colorrectal, la suplementación diaria de vitamina D3 de 1,000 UI no redujo el numero o la duración de episodios de ITRS durante el invierno y el resto del año, incluso entre participantes con los niveles más bajos de 25-hidroxivitamina D del suero basales (204). Además, el análisis post-hoc de los datos de un ensayo aleatorio controlado con placebo en 644 individuos (60-84 años de edad) encontró que la suplementación mensual con 30,000 UI o 60,000 UI de vitamina D3 por un periodo máximo de un año no disminuyo significantemente la tasa de prescripciones de antibióticos para las infecciones bacterianas de las vías respiratorias. El análisis estratificado, sin embargo, encontró que las dosis de 60,000 UI/mes disminuyeron el riesgo del uso de antibióticos en un 47% en participantes de 70 años de edad y mayores (205). Finalmente, al compararse al placebo, la suplementación con vitamina D3 (con 2,000 UI/día) en mujeres embarazadas por 3 meses hasta el nacimiento seguida por la suplementación de sus infantes (800 UI/día) a partir de su nacimiento hasta la edad de 6 meses significantemente disminuyó el número de infección respiratorias agudas después del periodo de intervención, en niños de 6-18 meses de edad (206). Los resultados de dos ensayos clínicos aleatorios amplios aún en proceso — el ViDA (Evaluación de la Vitamina D) y el VITAL (Ensayo de la Vitamina D y el Omega-3) — que examinan la prevención de enfermedades infecciosas (como un resultado secundario) podrían proveer más evidencia definitiva de un efecto de la vitamina D en el riesgo de infecciones de las vías respiratorias (207).

Tratamiento de Enfermedades

Dermatitis atópica

La dermatitis atópica o eczema es particularmente prevalente en países industrializados, afectando de entre el 10%-20% de los niños y de entre el 1%-3% de los adultos. La dermatitis atópica es un desorden inflamatorio crónico de la piel caracterizada por áreas secas y con prurito (picazón) de la piel en sujetos afectados. La inflamación cutánea local y la disfunción inmune pueden dañar la barrera epidérmica e incrementar la susceptibilidad a las infecciones cutáneas y reacciones atópicas en los individuos afectados. La enfermedad es usualmente asociada con otras enfermedades atópicas, incluyendo alergias a los alimentos, el asma, y la rinitis alérgica (208). Aunque la etiología de la enfermedad no es completamente explicada, la deficiencia de vitamina D puede contribuir a la aparición y/o severidad de la enfermedad (209). Por lo tanto se ha sugerido que la vitamina D puede ser una herramienta de complemento efectiva en el manejo de la enfermedad a través de la regulación de reacciones inflamatorias locales y la estimulación de actividades antimicrobianas en la piel. Además, el efecto beneficial de la fototerapia observado en casos específicos de dermatitis atópica puede ser mediado en parte por la acción de la vitamina D (208). En un estudio aleatorio, doble ciego, controlado con placebo en 45 pacientes con dermatitis atópica y un estatus bajo de la vitamina D (70% de los sujetos tuvieron niveles de 25-hidroxivitamina D del suero <20 ng/mL), la administración diaria oral de 1,600 UI de vitamina D­3, sola o junto con 600 UI de vitamina E, por un periodo de 60 días significantemente disminuyo la extensión y la intensidad del eczema, según la evaluación de la puntuación SCORAD (SCORing Atopic Dermatitis) (210). La vitamina D3 (1,600 UI/día por 60 días) también mejoro el estatus de la vitamina D y disminuyó la severidad de la enfermedad en 53 pacientes con dermatitis atópica en un ensayo aleatorio pequeño (211). Ensayos más amplios son necesarios para fortalecer estos descubrimientos preliminares y determinar el régimen de suplementación más apropiado y efectivo. Es de notarse que el tratamiento tópico de la psoriasis con análogos de la vitamina D ha sido aprobado por la Administración de Drogas y Alimentos de los EE.UU. (FDA) y puede ser efectivo en el manejo de otros desordenes cutáneos (212).

Enfermedades inflamatorias intestinales

Se cree que varios factores ambientales y genéticos mal definidos contribuyen al desarrollo de la respuesta inmune inapropiada de la microbiota intestinal que causa la colitis ulcerosa (CU) y la enfermedad de Crohn (EC). Mientras que los polimorfismos específicos del RVD pueden estar ligados a un incremento en la susceptibilidad de desarrollar CU y EC (213), se encontró que las ingestas altas de vitamina D y niveles circulantes pronosticados estaban asociados con un reducción en la incidencia de CU y EC en una cohorte amplia de 72,719 mujeres (214). Dos estudios recientes han investigado si la vitamina D­3 podrían beneficiar a los pacientes con EC, posiblemente a través de la reducción de la inflamación intestinal. En un estudio multicéntrico, doble ciego, controlado con placebo, la tasa de recaída de pacientes con EC en remisión después de un año de tratamiento fue más baja en aquellos suplementados diariamente con 1,200 UI de vitamina D3 y 1,200 mg de calcio en comparación con aquellos que recibieron calcio solamente (13% vs. 29%), sin embargo una importancia estadística no fue alcanzada (p=0.06) (215). En un segundo estudio piloto, dosis diarias incrementadas de vitamina D­3 partiendo de 1,000 UI hasta 5,000 UI, fueron administradas sobre un periodo de 24 semanas en 18 pacientes con EC a fin de lograr niveles circulantes de 25-hidroxivitamina D por encima de los 40 ng/mL. Aunque la mitad de los pacientes fallaron en lograr los 40 ng/mL, el nivel medio de 25-hidroxivitamina D fue elevado a 45 ng/mL (a partir de un nivel medio basal de 16 ng/mL), y el mejoramiento general del estatus de la vitamina D fue asociado con una disminución significante de la severidad de la enfermedad según la evaluación de las puntuaciones vía Actividad de la Enfermedad de Crohn (CDAI) (216). Estudios adicionales son necesarios para confirmar la eficacia terapéutica de la vitamina D en las enfermedades inflamatorias intestinales.

Enfermedades cardiovasculares

El análisis prospectivo de 41,504 registros electrónicos médicos del estudio Intermountain Heart Collaborative encontró que solo un tercio de los pacientes tuvieron niveles adecuados de 25-hidroxivitamina D del suero (>30 ng/mL); la insuficiencia de vitamina D (niveles de 25-hidroxivitamina D del suero ≤30 ng/mL) fue asociada con un incremento en la prevalencia e incidencia de muchas condiciones cardiovasculares, incluyendo la hipertensión, enfermedad coronaria cardiaca, insuficiencia cardiaca, y accidentes cerebrovasculares (217). El estatus subóptimo de la vitamina D ha sido también ligado a la rigidez arterial y a la disfunción endotelial vascular — fuertes determinantes de la hipertensión incidente y resultados cardiovasculares adversos (218).

Hipertensión

Varios estudios de intervención han evaluado el efecto de la suplementación con vitamina D en la presión sanguínea alta. Un ensayo clínico controlado temprano de 18 hombres y mujeres con hipertensión leve sin tratar viviendo en Los Países Bajos encontró que la exposición a la radiación UVB tres veces a la semana por seis semanas durante el invierno incremento los niveles de 25-hidroxivitamina D del suero en un 162%, disminuyo los niveles de PTH en un 15%, y disminuyo las medidas de la presión sanguínea diastólica y sistólica ambulatoria de 24 horas en un promedio de 6 mm Hg (219). Un reciente meta-análisis de 16 ensayos controlados aleatorios que involucraron 1,879 participantes, tanto saludables como con condiciones cardiometabólicas preexistentes (incluyendo la hipertensión), no encontró una reducción significante en las presiones sistólica y diastólica sanguíneas con la suplementación de vitamina D (800-8,571 UI/día por cinco semanas a un año). Sin embargo, un análisis de subgrupo de seis ensayos encontró una reducción significante de 1.31 mm Hg en la presión sanguínea diastólica en individuos con condiciones preexistentes. Mientras que se pueden esperar mejoras en la presión sanguínea en casos con insuficiencia/deficiencia de vitamina D, los autores notaron que los niveles de vitamina D subóptimos en participantes no fueron exclusivamente observados en aquellos con condiciones cardiometabólicas (220).

Las condiciones que disminuyen la síntesis de vitamina D en la piel, tales como tener la piel de color oscuro, vivir en latitudes templadas, y el envejecimiento, están asociados con el incremento de la prevalencia de la hipertensión (221), sugiriendo que la vitamina D puede reducir los niveles de la presión sanguínea en grupos selectos de individuos. En el meta-análisis previamente mencionado, un ensayo de cuatro brazos, doble ciego, controlado con placebo fue conducido en 283 Afroamericanos que al azar recibieron suplementos de vitamina D diarios de 1,000 UI, 2,000 UI, o 4,000 UI por un periodo de tres meses. La presión sanguínea sistólica se redujo unos 0.66 mm Hg con 1,000 UI/día, 3.4 mm Hg con 2,000 UI/día y en unos 4 mm Hg con 4,000 UI/día mientras que incremento 1.7 mm Hg en el grupo de placebo cuando se comparó con los valores basales. Una reducción significante del 0.2 mm Hg en la presión sanguínea sistólica fue detectada por cada incremento de 1 ng/mL en el nivel de 25-hidroxivitamina D (222). Sin embargo, otro estudio aleatorio, controlado con placebo en 150 participantes de la tercera edad (edad media de 77 años) mostro que la suplementación con 100,000 UI de vitamina D cada tres meses por un año no disminuyo significativamente la presión sanguínea en comparación al placebo (223). Más investigación es necesaria para determinar si la suplementación con vitamina D ayuda en la prevención o el manejo de la hipertensión.

Insuficiencia cardiaca congestiva

La insuficiencia cardiaca congestiva (también llamada insuficiencia cardiaca) es caracterizada por un aumento del ritmo cardiaco y la posterior hipertrofia del ventrículo izquierdo del corazón. La insuficiencia cardiaca está asociada con una fracción de eyección ventricular izquierda (FEVI) reducida, evaluada con un ecocardiograma. Los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (ECA) (véase Regulación de la presión sanguínea) son actualmente usados como terapia de primera elección en los pacientes con insuficiencia cardiaca. Curiosamente, en un estudio de corte transversal reciente en pacientes saludables sometidos a una angiografía coronaria, los niveles insuficientes de 25-hidroxivitamina D del suero (definidos como <30 ng/mL) fueron asociados con tasas de flujo coronario más pobres (224). Los resultados de estudios de la suplementación con vitamina D en aquellos con insuficiencia cardiaca son solo preliminares. En un estudio aleatorio, doble ciego controlado con placebo de 12 semanas, la suplementación diaria con 1,200 UI de vitamina D en niños con una insuficiencia cardiaca congestiva crónica llevó a un incremento significativo del estatus de la vitamina D acompañado por una mejora del rendimiento muscular del corazón (FEVI incrementada) como también por niveles más bajos de PTH y citoquinas pro-inflamatorias (225). En otro ensayo aleatorio, doble ciego, controlado con placebo en 64 pacientes de la tercera edad con insuficiencia cardiaca, los participantes que recibieron 800 mg/día de calcio y 50,000 UI/semana de vitamina D no ejecutaron significativamente mejor en las tareas de rendimiento físico (usadas como proxy para evaluar la capacidad aeróbica y la fortaleza musculo esquelética) en comparación con aquellos suplementados con únicamente calcio (226).

Fuentes

Luz solar

La radiación solar ultravioleta-B (UVB; longitudes de onda de 290 a 315 nanómetros) estimula la producción de vitamina D3 en la epidermis de la piel (227). La exposición a la luz solar puede proveer a la mayoría de las personas de su requerimiento entero de vitamina D. Los niños y adultos jóvenes que pasan un tiempo corto en exteriores, dos o tres veces a la semana, generalmente sintetizan toda la vitamina D que necesitan para prevenir una deficiencia. Un estudio reportó que las concentraciones de vitamina D del suero luego de la exposición a una dosis eritemal mínima de luz solar estimulada (la cantidad de luz requerida para causar un leve enrojecimiento de la piel) en todo el cuerpo fue equivalente a ingerir aproximadamente de 10,000 a 25,000 UI de vitamina D (228). Las personas con un color de piel oscuro sintetizan notablemente menos vitamina D con la exposición a luz solar que aquellas con piel de color más claro (33). Adicionalmente, los adultos mayores tienen una capacidad reducida para sintetizar vitamina D a partir de la exposición a la luz solar y frecuentemente utilizan bloqueador solar o ropa protectora con el fin de prevenir el cáncer a la piel y el daño solar. La aplicación de bloqueador solar con un FPS de 10 reduce la producción de vitamina D en un 90% (29). En latitudes cercanas a los 40 grados norte y 40 grados sur (Boston está a 42 grados norte), hay radiación UVB insuficiente disponible para la síntesis de vitamina D desde noviembre hasta principios de marzo. Diez grados más al norte o al sur (Edmonton, Canadá) el "invierno de vitamina D" se extiende desde mediados de octubre a mediados de marzo. Se ha estimado que unos 15 minutos de exposición solar diaria en manos, brazos y cara alrededor de las 12 pm a través de todo el año en latitudes de 25 grados (Miami, FL) y durante la primavera, verano y otoño en latitudes de 42 grados (Boston MA), pueden proveer a un individuo de piel clara con 1,000 UI de vitamina D (229).

Fuentes alimenticias

La vitamina D se encuentra de forma natural en solo algunos pocos alimentos como pescados grasos (macarela, salmón, sardinas), aceites de hígado de pescado, y huevos de gallinas que han sido alimentadas con vitamina D. En los EE.UU., la leche y la formula infantil son fortificadas con vitamina D para que contenga 400 UI (10 μg) por cuarto. Sin embargo, otros productos lácteos, como el queso y el yogurt, no siempre son fortificados con vitamina D. Algunos cereales y panes son también fortificados con vitamina D. Jugos de frutas fortificados con vitamina D están también disponibles en los EE.UU. Realizar estimados precisos de la ingesta recomendada promedio de vitamina D resulta difícil debido a la alta variabilidad del contenido de vitamina D de los alimentos fortificados (230). El contenido de vitamina D de algunos productos ricos en vitamina D están listados en la Tabla 2 en ambos unidades internacionales (UI) y microgramos (μg). Para más información en el contenido de nutrientes de alimentos específicos, revise la base de datos de composición de alimentos de la USDA.

Tabla 2. Algunas Fuentes Alimenticias de la Vitamina D
Alimento Porción Vitamina D (UI) Vitamina D (μg)
Salmón rosado, enlatado 3 onzas 465 11.6
Macarela, enlatada 3 onzas 211 5.3
Sardinas, enlatadas 3 onzas 164 4.1
Avena Instantánea, de Nutrición para Mujeres Quaker 1 paquete 154 3.9
Leche, baja en grasa, fortificada con vitamina D 8 onzas 98 2.5
Jugo de naranja, fortificado con vitamina D 8 onzas 100 2.5
Cereal, fortificado 1 porción (usualmente 1 taza) 40-50 1.0-1.3
Yema de huevo 1 grande 37 0.9

Suplementos

La mayoría de los suplementos de vitamina D disponibles sin una prescripción contienen colecalciferol (vitamina D3). Los suplementos multivitamínicos generalmente contienen 400-1000 UI (10-25 μg) de vitamina D2 o vitamina D3. Los suplementos de vitamina D de un solo ingrediente pueden aportar entre 400 a 5,000 UI de vitamina D3, pero 400 UI es la dosis más comúnmente disponible (54). Dosis en bolo de vitamina D­2 (ergocalciferol) puede no siempre ser tan efectiva como la vitamina D­3 en elevar los niveles de 25-hidroxivitamina D del suero; sin embargo la suplementación diaria con vitamina D2 o vitamina D3 es igualmente efectiva (231). Un cierto número de suplementos de calcio podrían también aportar vitamina D.

Seguridad

Toxicidad

La toxicidad por vitamina D (hipervitaminosis D) no ha sido observada como resultado de la exposición solar. La razón es que la exposición solar excesiva genera un cierto número de fotoproductos biológicamente inertes provenientes del 7-dehidrocolesterol y el colecalciferol (3). La toxicidad por vitamina D induce niveles anormalmente elevados de calcio en el suero (hipercalcemia), los que podrían resultar en pérdida de hueso, cálculos renales, y la calcificación de órganos como el corazón y riñones si no es tratada por un largo periodo de tiempo. Se ha observado hipercalcemia posterior a dosis diarias superiores a 50,000 UI de vitamina D (232). En general, la investigación sugiere que la toxicidad por vitamina D es muy poco probable en personas saludables con niveles de ingesta menores a 10,000 UI/día (233-235). Sin embargo la Junta de Nutrición y Alimentos del Instituto de Medicina estableció conservadoramente un nivel máximo de ingesta tolerable (NM) de 4,000 UI/día (100 μg/día) para todos los adultos (Tabla 3). Ciertas condiciones médicas pueden incrementar el riesgo de hipercalcemia en respuesta a la vitamina D, incluyendo el hiperparatiroidismo primario, la sarcoidosis, tuberculosis, y linfoma (233). Las personas con estas condiciones podrían desarrollar hipercalcemia en respuesta a cualquier aumento en la nutrición de vitamina D y deben consultar a un profesional de la salud calificado en relación a cualquier aumento en la ingesta de vitamina D.

Tabla 3. Nivel Máximo de Ingesta Tolerable (NM) para Vitamina D
Grupo Etario
μg/día UI/día
Infants 0-6 months  25 1,000
Infants 6-12 months  37.5 1,500
Children 1-3 years  62.5 2,500
Children 4-8 years  75 3,000
Children 9-13 years  100 4,000
Adolescents 14-18 years  100 4,000
Adults 19 years and older  100 4,000

Interacciones con drogas/fármacos

Los siguientes medicamentos incrementan el metabolismo de la vitamina D y podrian disminuir los niveles de 25-hidroxivitamina D del suero: fenitoina (Dilantin), fosfenitoina (Cerebryx), fenobarbital (Luminal), carbamazepina (Tegretol), y rifampicina (Rimactane) (6). Los siguientes medicamentos no deberían tomarse al mismo tiempo que la vitamina D porque pueden disminuir la absorción intestinal de vitamina D: colestiramina (Questran), colestipol (Colestid), orlistat (Xenical), y el aceite mineral (236, 237). El medicamento antifúngico, ketoconazol, inhibe a la enzima 25-hidroxivitamina D3-1α -hidroxilasa, y se ha encontrado que reduce los niveles de 1,25-dihidroxivitamina D del suero en hombres sanos (238). La Sociedad de Endocrinología también recomienda monitorear el estatus de la vitamina D de pacientes tratados con glucocorticoides y drogas para el tratamiento del VIH ya que estos medicamentos incrementan el catabolismo de la 25-hidrovitamina D (36). El uso de algunos agentes citostáticos (inhibidores del crecimiento celular) puede también incrementar la degradación de la 25-hidroxivitamina D y 1,25-hidroxivitamina D en pacientes con cáncer bajo quimioterapia (6). La inducción de hipercalcemia por niveles tóxicos de vitamina D podría precipitar arritmia cardiaca en pacientes tratados con digitalis (Digoxina) (239, 240).

Recomendación del Instituto Linus Pauling

El Instituto Linus Pauling recomienda que adultos generalmente sanos tomen 2,000 UI (50 μg) de vitamina D suplementaria diariamente. La mayoría de los multivitamínicos contienen 400 UI de vitamina D, y los suplementos de vitamina D de un solo ingrediente se encuentran disponibles para la suplementación adicional. La exposición al sol, la dieta, el color de piel, y el índice de masa corporal (IMC) tienen un impacto variable y sustancial sobre los niveles corporales de vitamina D. Para ajustarse a las diferencias individuales y asegurar un estado de vitamina D corporal adecuado, el Instituto Linus Pauling recomienda apuntar a un nivel de 25-hidroxivitamina D del suero de por lo menos 30 ng/mL (80 nmol/L). Estudios basados en la observación sugieren que niveles de 25-hidroxivitamina D del suero de entre 30 ng//mL y 60 ng/mL estan asociados con riesgos menores de resultados de la salud adversos, incluyendo canceres y enfermedades autoinmunes.

Los infantes deben tener una ingesta de 400 a 1,000 UI (10 a 25 μg) de vitamina D, y los niños y adolescentes deben tener una ingesta diaria de 600 a 1,000 UI (15 a 25 μg) de vitamina D, consistentes con las recomendaciones de la Sociedad de Endocrinología (36). Dado el contenido promedio de vitamina D de la leche materna, de la fórmula infantil, y de las dietas de niños y adolescentes, la suplementación podría ser necesaria para alcanzar estas recomendaciones. La Academia Americana de Pediatría actualmente sugiere que todos los infantes, niños, y adolescentes reciban diariamente 400 UI de vitamina D suplementaria (19).

Adultos mayores (>50 años)

La suplementación diaria con 2,000 UI (50 μg) de vitamina D es especialmente importante en adultos mayores, debido a que el envejecimiento es asociado con una capacidad reducida de sintetizar vitamina D en la piel luego de su exposición al sol.


Autores y Críticos

Originalmente escrito en 2000 por:
Jane Higdon, Ph.D.
Instituto Linus Pauling
Universidad Estatal de Oregon

Actualizado en Marzo de 2003 por:
Jane Higdon, Ph.D.
Instituto Linus Pauling
Universidad Estatal de Oregon

Actualizado en Marzo de 2004 por:
Jane Higdon, Ph.D.
Instituto Linus Pauling
Universidad Estatal de Oregon

Actualizado en Enero de 2008 por:
Victoria J. Drake, Ph.D.
Instituto Linus Pauling
Universidad Estatal de Oregon

Actualizado en Julio de 2014 por:
Barbara Delage, Ph.D.
Instituto Linus Pauling
Universidad Estatal de Oregon

Revisado en Noviembre de 2014 por:
Adrian F. Gombart
Investigador Principal, Instituto Linus Pauling
Profesor Asociado, Departamento de Bioquímica y Biofísica  
Universidad Estatal de Oregon

Traducido al Español en 2016 por:  
Silvia Vazquez Lima  
Instituto Linus Pauling
Universidad Estatal de Oregon

La actualización del 2014 de este artículo fue asegurado, en parte, por una subvención de Bayer Consumer Care AG, Basel, Switzerland.

Derechos de autoría 2000-2016  Instituto Linus Pauling


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